EDITORIAL

7D

Editorial » 01/11/2012

Si todavía existía alguna duda de cuáles eran las verdaderas intenciones del Gobierno para con el periodismo no alineado con el «Relato» oficialista, la feroz campaña desatada por el llamado «7D» sirvió para despejarlas.
El kirchnerismo no está librando una batalla contra el grupo Clarín, sino contra todas las opiniones independientes.
A la persecución contra los organismos controladores de precios y consultoras, impidiéndoles difundir las reales cifras de la inflación, habiéndose sancionado a una de estas empresas con dos multas de medio millón de pesos cada una, se suma la inédita presión que se hace sobre el Poder Judicial, intentando manipular la designación de jueces de un modo burdo e ilegal, u obligando a apartarse a aquellos magistrados que sospechen pueden llegar a fallar en contra de los intereses del Gobierno. Basta como ejemplo la ola de renuncias que provocó con su autodefensa, el nebuloso Amado Boudou, cuyas denuncias fueron rechazadas una tras otra por la Justicia.
De este modo, uno de los pilares de la República, la división de poderes, queda solo en retórica. Como retóricos son los argumentos que buscan instalar que el «7D» significará la «democratización de la información».
La realidad es que desde que llegó al poder, y más aún desde la vigencia de la Ley de Medios, el kirchnerismo acumula cada vez más medios afines a su discurso. A los casos de sugestivos «conversos» como Diego Gvirtz con sus ciclos TVR y Duro de Domar o Víctor Hugo Morales, cuyas empalagosas editoriales suenan más oficialistas que los propios discursos de los miembros del Gabinete, se suman los medios comprados por empresarios K, como Cristóbal López, flamante adquirente de Radio 10, el sorprendente crecimiento del Grupo Szpolski, dueño de Tiempo Argentino, El Argentino y Veintitres, entre otros medios escritos, el canal de TV CN 23 y radios, y la enorme cantidad de medios escritos, orales y televisivos cooptados a través de la más discrecional utilización de la pauta oficial.
El kirchnerismo, que fue quien le dio a Clarín la suma de Cablevisión y Multicanal, y quien sentaba al representante del grupo, Héctor Magnetto, a su mesa, de repente «descubrió» que el grupo había sido «cómplice de la dictadura», acusaron a la directora del diario de «apropiarse de hijos de desaparecidos», otra pretensión desestimada por la Justicia, y comenzaron a hablar en contra del «monopolio». Eso sí, al mismo tiempo, intentan monopolizar todo lo que pueden, desde la cadena nacional hasta los spots en medio de los partidos de fútbol, llegándose al colmo de emitir un video que eleva a la categoría de prócer a Néstor Kirchner, en medio del último Boca-River.
Que no nos engañen. El Gobierno, que hoy va por Clarín, mañana vendrá por todos. Para instalar lo que busca desde su esencia más íntima: un relato único, el del país de las maravillas, donde todos los que no son de la tropa son «enemigos» a los que se buscará aplastar a través de su gran pulpo mediático. Un país donde la pobreza, la inflación, la inseguridad y la corrupción no existen.


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