ENTREVISTA

Carlos Watson

Entrevistas » 01/04/2013

Carlos Watson tiene 72 años, y nació el 11 de julio de 1940, en San Vicente, aunque desde muy pequeño se fue a vivir con su familia a la localidad de Los Cocos, en Córdoba.

En nuestra ciudad, tuvo un extenso desempeño dentro de la estructura de la Comuna , en el que ocupó varios puestos y direcciones tan estratégicas como complicadas, aunque siempre supo superar las dificultades y cumplir sus tareas con notoria eficiencia. “Soy justicialista –dice- y me afilié con Duhalde”. En tal carácter, fue candidato a concejal aunque no llegó a asumir una banca. Casado con Gloria González, tuvo tres hijos, Andrés –actual Secretario de Gobierno del Municipio-, Valeria y Vanesa, y tiene cinco nietos a los que no deja de referirse en todo momento con enorme adoración. Mi Ciudad lo entrevistó y nos contó algunos detalles de su vida.
 
-¿A qué jugaba en su infancia?
 
-A todo: vóley, tenis, fútbol. De todo. Jugando al fútbol me rompí un brazo y una pierna.
 
-¿Conserva alguna amistad de aquellos años?
 
-No. Por mucho tiempo nos juntamos con varios de esos amigos, que ahora viven en Buenos Aires, pero ya no nos vemos.
 
-¿Cuál fue su primer trabajo?
 
-Después de terminar la escuela en Córdoba, volví a la provincia de Buenos Aires. Yo era muy jovencito, y fui a trabajar con un pariente en el campo, en Udaondo. Ahí había hacienda y se sembraba. Después, alrededor de 1961, vine a Florencio Varela, a Zeballos, a la casa de unos tíos, de apellido Moyano. Por intermedio de un conocido de ellos, ingresé al Ferrocarril. A mí me había tocado la colimba en Comodoro Rivadavia, y en esa época, a los que hacían el servicio militar les pagaban medio sueldo en el Ferrocarril. Hice un año en el Ejército, como asistente del Jefe de Compañía, un teniente primero que era un tipo muy bueno. No conocí ningún militar como él. Me dio quince días de licencia y me mandó en la primera baja, algo inusual para los asistentes.
 
-¿Cómo era su actividad en el Ferrocarril?
 
-Empecé como “levanta papeles” y fui pidiendo distintas vacantes para concursar y ascender. Llegué a ser señalero en Temperley. Ahí teníamos un mostrador alto, como de 10 metros de largo, y un tablero igual de grande, en el que había 179 palanquitas. Desde ese lugar manejábamos todos los trenes que entraban y salían y era imposible que chocaran. Imposible. Estuve en Temperley, después en Quilmes, Berazategui y Sourigues. Siempre fui subiendo por concurso, que era la única manera de obtener un puesto, ya que las vacantes aparecían en el Boletín Oficial del Ferrocarril y uno tenía que solicitarlas.
 
-¿Y cuándo ingresó en la Municipalidad?
 
-Había una ley que permitía que una persona pudiera trabajar en el Ferrocarril y en la administración pública simultáneamente, así que entré en la Comuna , creo que en la época del Coronel Grazini. Trabajaba en Inspección General, y tenía que leerme todas las ordenanzas. Cada mañana, pasaba por mi oficina el jefe y me preguntaba qué decía tal artículo y qué decía el otro… En ese tiempo éramos “inspectores integrales”, porque nos ocupábamos de todo, desde la obra que no tenía cerco perimetral, hasta el bache de una calle. Cada uno tenía una zona asignada para recorrer.
 
-¿Quiénes más trabajaban con usted en esa área?
 
-Héctor Menzer y Figgini eran dos de mis compañeros.
 
-¿Y después qué pasó?
 
-Gané el  concurso para Jefe de Departamento, me nombraron Director y me pusieron al frente de varias direcciones, entre ellas, Tránsito e Inspección General. El 31 de octubre de 2000 me jubilé y cuando me fui, hice una carta de agradecimiento a todos los empleados municipales, que Mi Ciudad y otros diarios publicaron.
 
-Tenía su estilo al frente de Inspección…
 
-Sí. Para evitar cualquier problema, siempre invitaba a los periodistas a acompañarme a todos los operativos, con una combi que salía del playón municipal. Podían venir, entrar conmigo y ver todo lo que hacíamos. Claro que muchos no iban porque salíamos a las cinco de la mañana…
 
-¿Con qué Intendente se sintió más cómodo?
 
-Nunca tuve un si o un no con ningún intendente. Siempre hice lo que me mandaron a hacer. A veces se armaba un chisporroteo, por alguien a quien le toqué su área. El mejor funcionario con el que trabajé fue Luis Genoud, gran amigo y compañero. Cuando él era Secretario de Gobierno se enteraba de lo que yo hacía recién después de que lo había hecho. Nunca tuve un problema con él, nunca me dijo nada. Y me nombró en Inspección y en Tránsito.
 
-¿Tiene alguna anécdota para recordar?
 
-En todos los operativos que yo hacía, encontraba cosas raras. Una vez, en un night club que estaba al lado del Frigorífico Calchaquí, entré y la gente se escapaba por arriba de los techos. Otra vez, en otro cabaret, que estaba en la Ruta 2, detrás mío entró la policía… Cuando fui a llevar el acta de clausura a la Comisaría estaba el jefe de calle que había estado la noche anterior en el procedimiento. Cuando me miró me dijo todo…
 
-¿Cómo vé la Comuna ahora?
 
-Y… Todo esto cambió tanto que yo quedé atrás. Entonces no opino. Yo solo me dedico a mi mujer y mis nietos.
 
-¿Cómo era el F. Varela que usted conoció?
 
-Cuando llegué fui a vivir al lado del corralón de los Rodríguez. Ibamos a los bailes caminando o en taxi, desde Zeballos, al Varela Junior o a “ La Patriótica ”. Y a veces íbamos a Mi Club. Con mi novia, mi hermana y la madre, y con otros chicos del barrio.
 
-¿Cómo conoció a su señora?
 
-Ella vivía cerca de mi casa, e iba a la iglesia que estaba a una cuadra de donde yo vivía. Tuvimos algunas conversaciones, y nos pusimos de novios… Antes no te dejaban ni arrimar, ni tocar, ni nada, no como ahora. Tuve que hablar con mi suegro la primera vez que fui a verla a la casa, y fue un interrogatorio a fondo… En el 71 nos casamos,  seguimos juntos y vamos a seguir juntos. Nos cuidamos mutuamente, como ella tuvo tres operaciones trato de que no haga nada, pero claro, cuando salgo aprovecha y se pone a hacer alguna cosa… Ella fue docente, nos hicimos la casa en la que todavía vivimos, en la calle Vélez Sársfield, tuvimos tres hijos, tenemos cinco nietos… que nos cambiaron la vida. Son la luz de mis ojos. Y mi señora es muy buena madre y muy buena abuela.
 
-¿Con qué otras cosas se divierte?
 
-Juego al paddle, con Romerito, que está en Servicios Internos, en lugar mío, el “Perro” Montori y Leo Serrizuela. También juego al tenis, o voy a caminar a la plaza.
 
-¿Juega en serio o lo dejan ganar?
 
-Ni me dejan ganar ni dejo ganar a nadie. Yo juego a cara de perro… pierda o gane.
 
-¿Quiénes son sus amigos?
 
-Además de los que juegan conmigo, Cachito Refay. Es uno de mis grandes amigos. Otro gran amigo fue mi cuñado, Antonio Lorenzo.
 
-Se lo nota contento con la vida…
 
-Sí. Soy el tipo más feliz de la Tierra. Con mi mujer, mis hijos y mis nietos. Si algo pasa, corremos todos juntos para el mismo lado. Esta familia es lo mejor que me dio la vida.
 
-¿Qué le diría a Dios si lo tuviera enfrente?
 
-Que no me lleve. Quiero seguir disfrutando de lo que tengo.


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