EDITORIAL

Premios y castigos

Editorial » 01/11/2013

La imagen de Boudou «festejando» exultante la terrible paliza que el Frente para la Victoria recibió en las elecciones del 27 de octubre, al lado de un Daniel Scioli que parecía estar asistiendo a un velorio, sirve para graficar los tiempos que estamos viviendo en una Argentina donde el «relato» quiere sostenerse a rajatabla, aún después de haber caído en los principales distritos del país.

La pretensión de minimizar los resultados de los comicios desnuda las miserias de un modelo agotado, que en realidad sólo parece valorar a aquella democracia que viene acompañada por el alineamiento a su pensamiento y que insiste en estigmatizar al que opina distinto.

Una fuerza naciente, armada en apenas un par de meses, le propinó al kirchnerismo una derrota aplastante en la provincia de Buenos Aires. El socialismo lo apabulló en Santa Fe. Y el PRO en Capital Federal. También perdieron Córdoba, Mendoza –a manos de Cobos-, Corrientes, Salta, Jujuy, Catamarca, San Luis, Neuquén, Chubut y hasta la «provincia K por excelencia», Santa Cruz. Pero a ellos no les importa. Siguen «primeros», siguen «ganando», repiten sus medios afines, como repetían el «estamos ganando» los periodistas oficialistas en la Guerra de Malvinas.

Lejos de escuchar el mensaje de la gente, el Gobierno elige seguir encerrado en sí mismo. Fiel a su estilo, ahora quiere disimular el traspié, como antes eligió enmascarar otras cuestiones. Decían que la salud de Néstor Kirchner estaba perfecta y lo exhibieron en un acto pocos días antes de su muerte. Dijeron que la Presidenta estaba de buen ánimo y enviaba saludos a sus seguidores a los pocos minutos de su operación en el cerebro. Dicen que no hay inflación, que no hay cepo al dólar, y, hasta hace poco, decían que no había inseguridad. También, cuando perdieron en las PASO dijeron que en realidad «no habían perdido», porque sólo se trató de «una gran encuesta».

Pero el 27 de octubre, el Pueblo les dijo otra cosa. Que ya no hay lugar para los autoritarismos, la soberbia, el pensamiento único y la permanente confrontación. Que es la hora de los consensos, de la transparencia y del respeto al otro.

Ojalá que lo hayan entendido. Los que ahora perdieron, y los que ahora ganaron.

Se viene una Argentina distinta, en la que el Pueblo cambia su voto castigando o premiando sin que nadie pueda sentirse dueño de un cheque en blanco por haber ganado una Elección.


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