ENTREVISTA

Chiche Baigorri

Entrevistas » 01/01/2014

Al frente de una de las paradas de diarios más populares de nuestra ciudad, la de Peatonal Monteagudo casi esquina Dr. Sallarés, Carlos Alberto «Chiche» Baigorri nació en Florencio Varela, el 1 de abril de 1934. Es hermano de Nieves y Julián. Anda en bicicleta, hace natación, y durante décadas, jugó al tenis con gran pasión. Es hijo de uno de los grandes Intendentes que tuvo este Pueblo, Don Julián Baigorri, una personalidad honesta y trabajadora, fiel reflejo del Florencio Varela de ayer. «Chiche» también evoca al pasado en cada una de sus frases. «Antes la gente era diferente, no digo que ahora no haya gente buena, sí que la hay, pero antes la gente estaba mejor predispuesta», nos dice. Esto fue lo que nos contó sobre su vida.

-¿Dónde vivía en su niñez?

-Nací en un chalet de la calle Vélez Sársfield, pero nos mudamos y vivimos muchos años en Monteagudo 555, en el chalet de Bolasell, al lado de la quinta de López. Era una época linda, sin problemas, en la que jugábamos al fútbol en la calle o en el baldío que estaba en San Juan y Monteagudo. Por ahí venía el policía y cuando nos veía en la calle, hablaba con el dueño del terreno para que nos dejara jugar ahí.

-¿Quiénes disputaban esos partidos?

-Jugaba el Chino Fontana, que era panadero, Juani Demattei, que vivía con la abuela a media cuadra, Pichín Fernández, Cacho Arnoldi, todos del mismo barrio …

-¿En qué Escuela estudió?

-La Primaria la hice en la Escuela 1. Tuve como maestra a Aroma López. La directora era la señora de Barbalán, y la secretaria, la señora de Villa Abrille. En ese tiempo en las escuelas había disciplina. El Secundario lo empecé en el Domingo Sarmiento, de Capital, y viajaba todos los días.

-¿Quiénes eran sus compañeros del colegio?

-Caranías, una chica Baronchelli, los mellizos Coló… Jugábamos al «vigi», que es el «poliladron», corriéndonos unos a otros, aunque la maestra no quería que lo hiciéramos. Y uno de los Coló se cayó y se abrió la frente… Le quedó una cicatriz para siempre.

-¿Cómo eran sus padres?

-Mi papá era estricto. Pero nunca nos pegó. Los domingos al mediodía había que comer todos juntos, aunque la noche anterior hubiéramos ido a bailar. Tenía un buen empleo, en ORBEA, la fábrica de cartuchos, no éramos gente de dinero pero no nos faltaba nada. Mi mamá era ama de casa, cocinaba, zurcía, arreglaba las camisas…

-¿Qué enseñanza le dejaron?

-Nos enseñaron a ser gente honesta, que no tuviéramos ningún problema…

-¿Y en la juventud? ¿Iba a bailar?

-A bailar íbamos mucho a Mi Club, en Lanús, o a un lugar que estaba en Mármol. También a Buenos Aires, con Héctor Pasquali… No éramos grandes bailarines, pero íbamos a salones donde sí concurría mucha gente, como «La Argentina», que estaba cerca del restaurante Pippo…

-¿Qué más hacía para divertirse en esa época?

-También íbamos mucho a pescar a Quilmes, con un espinel. Nos metíamos en el río con David Dau, con Schneeneberger…

-¿Qué sintió cuando a su padre lo eligieron Intendente?

-Fue una gran alegría, porque era una persona preparada para el cargo. Era subgerente de ORBEA. No era gerente porque al ser la empresa inglesa, ese puesto era siempre para un inglés. Viajó a Europa, hizo muchos cursos, impulsó los cartuchos plásticos… ORBEA era una firma importante, que también trabajaba para el Ejército. Estaba rodeada por un bosque de pinos, lo que era un requisito para evitar una posible onda expansiva en caso de una explosión. Igualmente una vez hubo una explosión, en la que Telésforo Muñoz perdió un brazo.

-¿Su padre actuaba mucho en política?

-No mucho. El era radical. El radicalismo estaba dividido en dos, entre Balbín y Frondizi. Mi papá fue por el partido de Frondizi, y fue Intendente porque Perón mandó a votar a los candidatos de la UCRI. Si no, no hubiera sido Intendente. Siempre fue difícil que acá ganara alguien que no fuera peronista.

-¿Cuál fue su primer trabajo?

-A los 16 años, en Lutz Ferrando, en la calle Florida, de Buenos Aires. Dejé un tiempo de estudiar y después retomé, terminado el Secundario en el Tomás Espora de Temperley. Después tuve otros trabajos… En el Banco Popular Argentino, y en YPF. Pedían administrativos para el Sur y fuimos con un compañero, a Neuquén, en una comisión de biométrica. En una comisión de 100 personas, eran 90 chilenos, y el resto, argentinos. Y eso que se ganaba muy bien, pero nadie iba para allá.

-¿Qué era la biométrica?

-Tiraban unos explosivos por unos orificios para estudiar el suelo y ver la factibilidad de una perforación. YPF era una gran empresa.

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