Dengue: la amenaza de cada año

Edición Impresa » 01/01/2014

Mientras la Comuna prepara su habitual campaña para prevenir la enfermedad, depósitos de autos a cielo abierto acumulan agua y mosquitos por toda la ciudad.

Cada verano se vuelve a encender la alarma respecto a los riesgos potenciales que entraña la combinación de lluvia, calor y mosquitos; y ante el fantasma del dengue.

Se sabe que la enfermedad es transmitida por un mosquito. No cualquiera, sino el aedes aegypti, que tiene en su cuerpo un curioso efecto de rayas alternadas blancas y negras.

Este ejemplar transmite el mal una vez que pica a una persona enferma, con lo cual, para que virus circule, debe haber alguien que lo porte.

Por esta razón es que suele hablarse de la ausencia de casos autóctonos, y cuando surgen los síntomas, apuntársele a quienes viajan.

Ya se sabe: Brasil, Paraguay y Bolivia, entre los países limítrofes, así como las provincias al este y al oeste del norte argentino, son los escenarios donde se instala cada época estival la enfermedad.

Florencio Varela es un distrito con una rica diversidad cultural, que aporta muchas características de atractivo: desde la fuerza de trabajo de los migrantes, el colorido de sus encuentros, sus músicas, sus comidas, y su cultura en general.

Esto tiene, sin embargo, otra cara: la de aquellos que retornan a sus lugares de origen, o los de sus familiares, para hacer visitas que siempre se incrementan en torno a las fiestas, y también el verano. Aprovechando el calor, además, otros veranean en Brasil.

Así las cosas, la ecuación es: más viajeros, mayor riesgo potencial de que alguno de ellos pueda verse infectado con el virus del dengue en esos tours.

En este marco, es que desde la aparición de esta enfermedad en estas latitudes, la recomendación es la de hacer prevención. Y para hacerlo, el planteo es que cada vecino se convierta en protagonista eliminando todos aquellos lugares donde pueda acumularse agua; pero limpia y en pequeñas cantidades, que es lo que necesita el aedes aegypti para reproducirse.

A diferencia de otros mosquitos, el transmisor del dengue no se multiplica en zanjas o en grandes espejos de agua. Tampoco elige aguas sucias o estancadas.

El lugar que el vector del dengue elige es el cúmulo de agua en cubiertas abandonadas, cacharros, floreros, o cualquier recipiente donde, por ejemplo, pueda acumularse agua de lluvia.

El calor es el otro elemento clave para poner en marcha el proceso de nacimiento de las larvas que luego serán mosquitos.

Al cierre de esta edición, la Municipalidad de Florencio Varela no sólo no había puesto en marcha una campaña, sino que tampoco la tenía proyectada, según indicaron fuentes de la Secretaría de Salud.

Como habitualmente sucede, días después de esta publicación podrán ver nuestros lectores los consabidos afiches en la calle advirtiendo sobre lo que debe hacerse.

Claro que al mismo tiempo, la Municipalidad y las fuerzas de seguridad cuentan con numerosos puntos que son clave para la reproducción de los mosquitos. Esos mismos mosquitos que, picando a alguien que haya contraído el dengue, pueden luego contagiar a otros.

Y se sabe que si bien la enfermedad es incómoda y dolorosa por los malestares físicos que causa, en contagios posteriores al primer potencia sus riesgos, pudiendo llegar a ser mortal.

 

Puntos críticos

 

Está claro que cada domicilio entraña un riesgo potencial, y de cada vecino dependerá la eliminación de todos aquellos elementos que puedan acumular agua de lluvia. Y está claro, también, que al Municipio corresponderá coordinar esas acciones a través de un trabajo desplegado que llegue a cada casa.

Sin embargo, tanto las dependencias policiales, como el depósito judicial de autos son dos de los espacios que presentan hoy un punto crítico. Otros los aporta el propio municipio.

En las inmediaciones de cada una de las comisarías locales, pero en particular la Primera (Centro), la Segunda (Kilómetro 26), la Tercera (Senzabello) y la Cuarta (Bosques) existen autos judicializados en el marco de diferentes causas, que se encuentran con diferentes grados de deterioro y abandono. En muchos casos, con los cristales de las ventanilla, la luneta o el parabrisas rotos, con lo cual, cada lluvia equivale a agua acumulada en su interior.

 

(ver nota completa en la edición de papel)


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