EDITORIAL

Ranas y escorpiones

Editorial » 01/02/2014

«Si quieren una devaluación, van a tener que esperar otro Gobierno», dijo la Presidenta de la Nación, en mayo de 2013. Pero la devaluación llegó durante el suyo.
Los anuncios económicos del Gobierno reflejan el rumbo perdido. Las idas y vueltas, las contradicciones y desmentidas entre miembros del gabinete y hasta en solo cuestión de horas, dan muestra de que si el Relato fue siempre una cáscara adaptable a las conveniencias del momento, el famoso Modelo en verdad es una pantalla que se cae a pedazos día tras día.
Subida del dólar, intervención o no intervención, tarifazos, se abre el cepo, se cierra el cepo, precios cuidados, góndolas vacías… Casi todas, postales de una Argentina cíclica que se repite autodestructivamente desde hace años.
Y en medio del descalabro, la reaparición después de un mes de silencio de la Presidenta no podía haber sido más demostrativa de la actitud elegida para llevar adelante los dos años que le restan a su mandato: la negación de la crisis, y la creencia de que el no mencionar los problemas que aquejan al país puede hacerlos desaparecer mágicamente, son signos de inmadurez, debilidad e incapacidad que alarman a propios y extraños.
Echarle la culpa de todo a la Década del 90, al neoliberalismo y a los medios, es el deporte preferido del kirchnerismo, que como el escorpión de la fábula prefiere picar a la rana mientras lo cruza en su lomo por el río, aunque ello signifique su propia muerte, sólo porque «está en su naturaleza».
Se olvidan de que hace más de diez años que gobiernan, en lo que llamaron la «Década ganada». ¿Hasta cuando se podrá responsabilizar a la herencia recibida? La inseguridad sigue matando impunemente, los niveles educativos de nuestros estudiantes a nivel internacional dan vergüenza, la inflación continúa comiéndose los salarios, mucha mercadería comienza a escasear, la gente sigue sin luz y sin agua y la sensación de incertidumbre crece a cada momento.
Diga lo que diga la propaganda oficial, en 10 años de Gobierno, el kirchnerismo no logró crear las fuentes de trabajo que reemplacen a los Planes, demostrando en la necesidad del asistencialismo la propia incapacidad para generar las condiciones que permitan a la gente llevar el pan a su casa con la dignidad del que se esfuerza para hacerlo.
Lo que sí logró, fue sembrar la cizaña que dividió al país en dos, catalogando de enemigo, fascista, cómplice de la dictadura y otros calificativos a todo aquel que no compartiera sus ideas o se alineara con su proyecto, encerrándose en sus propios cantos de sirena, alejándose sistemáticamente de la realidad.
A dos años de su partida, el Gobierno nos deja mucho ruido pero pocas nueces. Mucho daño y pocas soluciones.

No queremos más escorpiones. Estamos hartos de ser la rana de la historia.


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