ENTREVISTA

Antonio Sequeira

Entrevistas » 01/03/2014

Antonio Sequeira nació el 20 de junio de 1949 en Avellaneda, pero «sólo por accidente, o porque en esa época acá solo estaban las parteras, como doña Tomasa», aclara. Pero siempre vivió en Florencio Varela. Es el actual Presidente de la Asociación Amigos de la Historia de F. Varela, «con un grupo de gente que trabaja muy bien, como Fito Calvi, el Dr. Lozano, Roberto Tobares, Luis García…», dice, integra la Sociedad Civil Mi Pueblo, y fue parte de las Sociedades de Fomento Villa Vatteone y Villa San Luis, su barrio de infancia y juventud, entidad que conducía don Marino Tomadini, que tenía un criadero de patos al lado de la quinta familiar. «A veces lo ayudaba a vacunarlos», recuerda. Casado con Graciela Facio, con quien tuvo dos hijos, Federico y Eliana, es feliz abuelo de cinco nietos y le contó a Mi Ciudad parte de su vida.

-Háblenos de su niñez…

-Vivíamos en Villa San Luis. Éramos tres hermanos. Papá y mamá eran portugueses y tenían una quinta de verdura. Tuve una infancia muy linda. La Villa tenía gente de muchas nacionalidades y algunos hablaban un medio idioma, pero igualmente era una comunidad muy integrada, de gente trabajadora… Japoneses, portugueses, polacos, italianos… Se hizo la Sociedad de Fomento y desde allí se consiguió todo para la zona.

-¿Trabajaba en la quinta?

-Yo trabajaba… Era normal ayudar a la familia, algo común. Además, como dice el refrán, «trabajar la tierra es servir a la Patria». Mi papá sembraba. Yo araba, cultivaba, sacaba yuyos…

-¿Y cuáles eran los juegos?

-Jugábamos a la bolita, al fútbol, a las figuritas… Las figuritas eran de futbolistas, había una que era la difícil, la que costaba conseguir para llenar el álbum…Andábamos en bicicleta, íbamos al arroyo Las Conchitas, que era transparente, maravilloso… y ahí no solo nos bañábamos sino que también pescábamos. Además, juntábamos frutillas en el Parque Hudson… Todavía quedan frutillas salvajes en el lugar. No muchas, pero quedan. Al fútbol se jugaba en la Sociedad de Fomento, los domingos, desde las dos de la tarde hasta que anochecía… Mi mejor amigo era Julio Fedak… Éramos compañeros de banco en la escuela y también de juegos y «fechorías». Lamentablemente falleció hace unos años. Otros amigos… Su hermano Juan Carlos, que es contador... Arasaki, Yamashiro, Arakaki, Silva, Alejandro Da Pieve, Susana Yamashiro, Mirta Gushiken…

-¿Cómo era la Escuela?

-La Escuela 5 era el salón grande que se dividía con mamparas de madera. Ahí los fines de semana se hacían bailes o se pasaba cine. No había asfalto. Las cargas de verduras se sacaban a la ruta 2, que era lo más cercano. A las maestras, la mayoría de La Plata, se las iba a buscar hasta la ruta. Iba una vez cada padre, con un carro tirado por caballos.

-¿Recuerda a sus maestras?

-Me acuerdo de Dora Galli, de una que le decían Lita, y tocaba el piano, de Elba María Ferrari, que era de Bosques… y de Vivi Varela, que era hija de Mafalda de Varela, la Directora, una señora correntina que tenía mucha autoridad y que hacía funcionar la escuela como un relojito.

-¿Qué aprendió de sus padres?

-Me enseñaron a decir las cosas de frente, a ser honesto, y la importancia del trabajo. A ser derecho y sincero. Creo que la educación empieza en la casa. La escuela te da la instrucción…Mi papá aprendió a leer en el servicio militar. Pero éramos una familia extraordinaria, muy unida. Me pegó una sola vez y fue merecido. Éramos muy compañeros. También trabajó en la Sociedad de Fomento y tal vez eso me hizo nacer el deseo de participar en las entidades de bien público. Mi mamá era ama de casa. A la hora de comer, golpeaba dos hierros para anunciarnos que estaba lista la comida. Teníamos plantas de mandarinas, de limones, higueras… Hacía dulces caseros, de pelones, de tomate, y también salsas de tomate, que embotellaba.

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