EDITORIAL

La capocha y la verdad

Editorial » 01/03/2014

«Yo creo que hay sistema de salud pública cuando los presidentes se atienden en los hospitales públicos. Lo demás es puro cuento».

Eso dijo la Presidente de la Nación, Cristina Kirchner, hace dos años, mucho tiempo antes de elegir operarse… en una clínica privada.

Al margen de esta nueva contradicción de su propio relato, sería importante que algún día, existiera una ley que obligara a los funcionarios, cualquiera sea su rango, a atenderse en hospitales públicos, y a mandar a sus hijos a escuelas del Estado. Tal vez, sería un buen método para que el Gobierno –este, y los que vengan- se ocupe de brindar a la población un muy buen sistema de salud y una excelente oferta educativa.

El 21 de febrero, en su visita a nuestra ciudad, la primera mandataria usó el micrófono para elogiar al Hospital de Alta Complejidad del Cruce, que lleva el nombre de su marido. Y también manifestó que ahora, Florencio Varela es un lugar donde la gente «viene a curarse», y no solo está de paso. Agregó además que en el centro asistencial, trabaja uno de los médicos que «le operó la capocha».

Sin embargo, nada dijo de la lamentable situación del Hospital Mi Pueblo, donde los más pobres están obligados a esperar hasta más de un mes para ser atendidos, por falta de turnos, donde los profesionales están saturados de trabajo y mal pagados, donde faltan los más esenciales insumos, y donde, al igual que en los centros sanitarios de toda la ciudad, ni siquiera pueden encontrarse las vacunas del calendario obligatorio.

El Hospital del Cruce es un centro asistencial de excelencia. Pero a él se llega solo por derivaciones. La gente no puede acudir ahí para sus emergencias.

La Salud en Florencio Varela se encuentra en un estado lamentable, sin que la conversión del Hospital Mi Pueblo de municipal a provincial haya producido mejora alguna, pese a todas las promesas escuchadas en su momento por parte de autoridades locales y provinciales.

La Presidente –ese es el cargo para el que fue votada, y no el de «Presidenta», que no existe- puede elegir operarse la capocha donde prefiera. Pero lo que no puede, es pretender seguir confundiendo a la gente, por lo menos, a los que no viven en esta ciudad donde la corrupción y la ineptitud de aquellos con los que ella viene a abrazarse alegremente, nos han llevado a hundirnos en un estado de abandono y atraso que avergüenza a propios y ajenos.

Las cosas se ven diferentes desde un helicóptero o desde tierra firme.

A ver si les entra en la capocha de una buena vez.


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