EDITORIAL

Buitres

Editorial » 01/07/2014

El fallo adverso sobre los «fondos buitres» puso de manifiesto, una vez más, las dos caras de un gobierno que mientras persiste en sus bravatas de barricada, puertas adentro, se comporta como un chiquito obediente, fronteras afuera.

Así fue cuando se daban «lecciones de entrecasa» al capitalismo mundial, llegándose a decir que «el mundo tenía que aprender a manejar la economía como la Argentina», y al mismo tiempo se buscaba desesperadamente ser recibidos cinco minutos por Obama, o cuando se anunció soberbiamente no sólo que «Repsol no iba a ser indemnizada, sino que iba a tener que pagarnos por sus daños ambientales», antes de tener que desembolsar todos los millones que la empresa española reclamó y obtuvo por haber sido despojada de su participación en YPF.

Y así vuelve a ser, cuando pocos días después de amenazar con que «no nos iban a extorsionar», se tuvo que aceptar una mediación y una negociación con los acreedores, amparados ahora por una resolución de la Corte estadounidense.

Alguien debería advertirles a los funcionarios –y especialmente a la Presidente de la Nación- que ya no estamos en la época de la Colonia, cuando las noticias tardaban meses en llegar de una punta a la otra del mundo, sino que, cada frase que alguien dice es observada y replicada al instante en todo el globo. Da vergüenza ajena escuchar discursos pretendidamente «nacionalistas» que todo el tiempo son desmentidos por los verdaderos pasos de un Gobierno que parece irremediablemente extraviado dentro del laberinto de su propio Relato.

La economía mundial se rige por parámetros que no pueden modificarse con asonadas demagógicas. Cuestionar la legitimidad de los fondos buitres es tan estéril como pretender que quienes compran deuda para hacer negocios acepten perder dinero en sus operaciones. Intentar despegarse del endeudamiento del país, endilgándoselo también a «la Década del 90», es olvidarse de que los Kirchner formaron parte entusiastamente de ese menemismo al que acompañaban, exaltaban y con el que votaron muchas de las leyes que hoy cuestionan.

Los buitres siempre quisieron -y seguirán queriendo- hacerse cada día más ricos, a costa de lo que sea, sin sentimiento alguno y sin el más mínimo rasgo humanitario para avanzar hacia su cometido, aún a costa del dolor y del hambre de mucha gente.

Y eso lo tienen muy en claro aquellos santacruceños que en los tiempos de la Dictadura, se vieron despojados de sus propiedades por la usura y la ambición de un matrimonio que del accionar de los buitres siempre supo mucho.


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