Rosa Rodríguez, víctima de “la voz del campo”: ”estamos vivos gracias a ustedes”

Edición Impresa » 01/04/2015

A 20 años del más grande caso de corrupción de la historia de Florencio Varela, una de las obreras explotadas por el poder político varelense habló con Mi Ciudad en un reportaje exclusivo.

Ya pasaron 20 años del mayor escándalo político de la historia de Florencio Varela. Dos décadas de un caso que muchos silenciaban, pero otros tomamos como estandarte y como símbolo de la corrupción que afectaba y sigue afectando –e infectando- a nuestro pueblo. “La Voz del Campo”, la esclavitud de 200 obreros propiciada desde el propio Municipio, que derivó en cinco causas laborales y una causa penal contra el Intendente Pereyra y su más íntimo entorno. Un caso que cambió para siempre la vida de mucha gente, como Rosa Rodríguez, una de sus víctimas directas.
A ella la encontramos ocupando una humilde casa del barrio San Jorge, donde vive con hijos y nietos, sin trabajo y sin planes ni asistencia alguna del Estado. 20 años más tarde, Rosa suma algunas arrugas a su rostro y más marcas en sus manos, pero como si el tiempo no hubiera pasado, vuelve a mostrar sus ojos llenos de lágrimas cuando recuerda lo que le tocó padecer. Para colmo, hace apenas pocos días falleció Carlos Lizondo, gran compañero de lucha, otro de los integrantes de ese puñado de obreros gigantescamente dignos que se atrevieron, junto a la abogada Mónica Frade, a enfrentarse al poder político local y nacional poniendo en riesgo hasta sus propias vidas.
Rosa, una de las trabajadoras que creyó en aquel proyecto que prometía “terminar con la desocupación” y terminó estafada, conserva sus recuerdos muy intactos cuando habla con Mi Ciudad:

“Nos habían convocado para trabajar seis horas por día, pero nos obligaban a trabajar catorce, o nos echaban. Mi hija estaba embarazada y tenía que tener reposo, porque se sentía mal. Pero la obligaron a seguir yendo al campo, sino perdía el trabajo. Fue a parar al Hospital, estuvo internada, Y perdió el embarazo. Y a mi nena que entonces era chiquita, y hoy tiene 21 años, casi le amputan un dedo… Y no me dejaron salir para llevarla al médico. Me dijeron que si faltaba me echaban…”, dice.

-¿Quien fue el que le impidió faltar ese día?


-Sergio Paiva, hasta hoy funcionario municipal. Hace unos años tuvo un problema en el Hospital, lo sacaron de ahí, y caso tapado.
Y continúa: “Fuimos esclavos. Hasta hoy a mí me duele haber perdido a mi nieto. Nunca lo olvidamos. Y me duele en el alma. Fue por la explotación que hicieron con mi hija y todos nosotros, haciéndonos trabajar bajo el rayo del sol, a campo abierto, sin baños, sin herramientas, sin agua… Lo que dije hace 20 años hoy lo vuelvo a repetir: teníamos que regar surcos de más de 100 metros, con una regaderita de mano, acarreando agua del campo del vecino… Nunca me lo voy a olvidar”.

“Cuando pasó lo de Nisman –dice- yo pensé, la pucha, a nosotros por muchísimo menos casi nos matan… ¿Y no lo van a matar a Nisman? Porque no me cabe ninguna duda de que lo mataron. Nosotros gracias al Obispo Novak, y a ustedes que se la jugaron también por nosotros, estamos vivos. Me acuerdo de Francisco Benzi, que era agente encubierto de la SIDE y se aparecía acá a la una de la mañana con cualquier pretexto. El le había hecho una cámara oculta a Zisuela… Donde decían que no sabían qué iban a hacer conmigo, que a los otros les iban a ofrecer treinta mil pesos a cada uno para que retiraran la denuncia y se fueran, pero que con la mina de San Jorge, porque así me nombraban, todavía no sabían que iban a hacer… Eso lo decía Zisuela… Por eso lo de Nisman me trajo todo esto a la memoria. Creo que estamos vivos por todos ustedes…”

 

-¿Cómo analiza hoy todo lo que le tocó vivir?


-Estoy contenta por la lucha que hicimos. Con recuerdos lindos y feos, como la muerte de los compañeros, como Carlitos Lizondo, que fue una gran persona y luchó mucho para que la injusticia y la corrupción que hay en Florencio Varela saliera a la luz. Muchos más murieron, como don Gómez, Antonio, Padol, Fernández… Pero creo que se fueron con el orgullo de haber defendido la causa. Todos los que estuvimos en esto lo hicimos por nuestros principios y porque hay que desenmascarar a los corruptos. No se puede vivir así tapando todo y callándonos la boca. Ojalá que la gente despierte y pueda cambiar la situación acá en Varela.


-La pasaron muy mal después de hacer la denuncia…


-Nos amenazaban, nos seguían… A mi hija una vez cuando venía de un baile la había agarrado un encapuchado del brazo. Gritaba “soltame”… y cuando salí de la casa, el hombre se fue corriendo. Fuimos perseguidos y todavía lo somos. Porque no tenemos derecho a nada… Ni yo ni mis hijos tenemos derecho a acceder a alguna ayuda. Eso es como estar muertos. Fuimos perseguidos y seguimos siendo perseguidos, porque acá al que se mete con el Intendente o con los punteros políticos, le quitan todo, hasta los derechos”.


-¿Sigue sin trabajo?


-Sí. Trabajaba por monedas en el baño de la Estación, pero como lo cerraron, ahora no tengo nada “¿Quién me va a dar trabajo a esta edad? Tengo 61 años… ¿A dónde voy a ir a pedir? Y también les cerraron las puertas a mis hijos. Si te tirás contra el Intendente, acá no tenés vida. Yo no tengo trabajo, ni recibo planes ni subsidios, a mí nadie me da nada, porque le hicimos el juicio al Intendente, y lo desenmascaramos e hicimos que se supiera una pequeña parte de todo lo que está pasando.


-¿Nunca más lo vio a Pereyra?


-Nunca más. Yo no tengo derechos acá. Sé que mi nombre está tachado. Hace años me anoté para ver si podía conseguir una casita y nunca me llamaron. Tampoco pude escriturar esta casa que ocupo hace casi treinta años. Acá vivía una pareja que antes de morir me trajo a convivir con ellos. Murió el señor y la señora se fue a Villa Argentina. Y yo me quedé acá. Pero no puedo hacer ningún trámite, porque todo se me niega.


-¿Nunca la recibieron las autoridades?


-Jamás nos recibió nadie. Y tenemos una cruz encima. Quedamos tan marcados que cuando ven nuestro nombre lo tachan. Y cada vez es peor. La gente no se anima a denunciar. Porque están con los planes, o en las cooperativas, y los amenazan con sacárselos. Me da risa escuchar que miles de personas fueron a aplaudir a la Presidente, cuando llevaron a la gente obligada por los punteros políticos, porque si no iban les sacaban los planes. Y eso me consta, acá en mi barrio, y en Moreno, donde tengo familiares.


-¿Qué siente cuando ve a la Presidente de la Nación venir a nuestra ciudad y abrazarse con el Intendente Pereyra?


-Son unos hipócritas. Dan vergüenza. Yo vivo pobre pero defiendo mi dignidad. La Presidente defiende solo sus intereses y los de su familia. Pereyra tenía una casilla y ahora tiene de todo. ¿De dónde salió la plata? Del bolsillo de la gente, como con La Voz del Campo, cuando pedían subsidios nacionales e internacionales y a nosotros nos explotaban.


-¿Qué le dejó “La Voz del Campo?


-Me dejó la dignidad. Siempre les dije a mis hijos que somos pobres pero dignos. Si yo me hubiera torcido podría haber recibido una migaja de ellos, pero no tendría la dignidad.


-Veinte años más tarde y viendo como resultó todo, ¿volvería a hacer lo que hizo?


-Siempre. Por más que no tenga nada. Acá la gente no tiene que pensar con el corazón, sino con la cabeza. Pensar en el futuro que quiere para sus hijos. Acá es todo corrupción, mafia, drogas… Creo que de este Gobierno se tienen que ir todos. No me importa el que venga, pero si no sirve, a los cuatro años habrá que cambiarlo de vuelta. Porque no hay que casarse con nadie. Hay que buscar que este país crezca, y para eso los políticos se tienen que dejar de robar y de usar a la gente para llenarse los bolsillos.

 

Rosa Rodríguez, 20 años después. Tan frontal y valiente como siempre.


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