EDITORIAL

Un país con buena gente

Editorial » 01/07/2015

Y se hizo el milagro. Daniel Scioli se transformó en alto, rubio y de
ojos celestes y pasó a ser la gran figura del kirchnerismo. Las
ninguneadas a las que fue sometido durante estos años quedaron
olvidadas del mismo modo que se decidió pasar a retiro al obsecuente
Florencio Randazzo, por el más fuerte e ideológico de los motivos: uno
medía bien, y el otro, mal.
Alineándose fielmente con la nueva orden de la Jefa del Movimiento, la
corte de adulones, encabezada por el impresentable programa 6,7,8,
empezó la reconversión del mismo modo en que en su momento, Bergoglio
dejó de ser el cura defensor de la Dictadura cuyas homilías nadie
quería presenciar, para ser la celestial figura con la que los
figurones K –y de todos los partidos- querían tener una foto, para lo
que realizaron varias procesiones hacia el Vaticano.
La definición del dedo de Cristina a favor de Scioli tuvo un costo
para el gobernador: la imposición de su candidato a vice. Reforzando
todo con su habitual amor a las instituciones y a los valores
democráticos, Hebe de Bonafini se encargó de aclarar que con Zannini
iban a «rodear a Scioli», para que «no pueda ir para cualquier lado».
Profundizando su respeto a la ley que ella misma impulsó, la
Presidente de la Nación insiste en usar la cadena nacional para hacer
campaña, rodeada de sus candidatos, y aprovechando para ilustrarnos
con estadísticas y definiciones que nos hacen la envidia del Mundo,
entre ellas, que sólo el 5 % de los argentinos son pobres, algo
remarcado por el Jefe de Gabinete Aníbal Fernández, que nos inundó de
conocimiento al asegurar que «Alemania tiene más pobres que
Argentina».
La propia Presidente es un gran ejemplo de la bonanza del país: su
patrimonio creció 16 % el último año. Los Kirchner llegaron a la Casa
Rosada con 7 millones de pesos, hoy ella posee 64 millones.
Además, Cristina nos sorprendió con un tardío reconocimiento referido
a aquel profundo enfrentamiento con el Campo a través de la «125», que
tanto defendió en su momento, y que ahora resulta que «le costó
sangre, sudor y lágrimas», por supuesto, por culpa de Losteau.
Y hasta dijo que «la política debe ser recambio y formación de nuevos
dirigentes». Algo siempre practicado por los Kirchner desde sus
tiempos en Santa Cruz, como bien se sabe. Y por el Intendente de
Florencio Varela, Julio Pereyra, 22 años en el cargo, yendo por cuatro
más.
Pero además de las Elecciones, el kirchnerismo tiene otros problemas.
Mientras se acerca el juicio oral contra el Vicepresidente Boudou, al
que también borraron de todas las listas, el Gobierno intenta meter
mano en todos los organismos judiciales en los que puedan caer las
futuras denuncias contra funcionarios de hoy. Es una forma de
garantizarse la impunidad que les permita seguir viviendo de la
función pública, como lo hicieron siempre.
Aunque tampoco habría que preocuparse tanto: también debemos ser el
país con los dirigentes más honestos del mundo, ya que actualmente, no
hay en toda la Argentina ningún preso por corrupción.
Será que, como dice el slogan oficial, somos «un país con buena gente».


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