EDITORIAL

La brecha ética

Editorial » 01/08/2015

A pocos días de las Elecciones Primarias, la Presidente de la Nación, volviendo a violar la famosa «Ley de Comunicación Audiovisual», utilizó la cadena nacional para atacar a los políticos opositores y a los medios que no integran el conglomerado propagandístico K. En medio de sus usuales excesos verborrágicos, Cristina Fernández dedicó un párrafo para uno de los oponentes a su partido. Aludiendo a Mauricio Macri, la Presidente señaló que el Jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires «cambió su discurso por conveniencias electorales», algo que ella y los suyos «nunca habían hecho», dijo.
Dejando los giros de Macri de lado, la mandataria parece olvidarse que justamente fue su propio partido, el peronismo, entonces encarnado por Carlos Menem, el que privatizó YPF. Y que fue el gobierno santacruceño de su esposo, Néstor Kirchner, el que aplaudió entusiastamente esa privatización, quedándose con los millones de dólares de regalías que luego fueron a parar a una cuenta en el exterior, cuya rendición nunca se aclaró del todo.
También se olvida la Presidente que luego de una vida sin ocuparse de los «derechos humanos», y sin haber hecho jamás un acto referido al tema en los tiempos de gobernar Santa Cruz, la cuestión se transformó en bandera y en ficticio relato épico cuando notaron que les serviría para obtener rédito político.
Y tampoco recuerda el kirchnerismo que en esa «década del 90» que recurrentemente mencionan como nefasta, ellos decían que Menem era «el mejor Presidente de la historia argentina». Basta buscar el video en youtube para demostrarlo. El gran mérito de los adelantos tecnológicos es que hoy, cualquier relato se diluye con sólo un clic en una computadora.
Los K cambiaron su discurso decenas de veces. Como lo hicieron sus opositores, que saltan de una lista a otra en cuestiones de horas, confundiendo a sus electores y demostrando una total falta de vergüenza.
La única meta de unos y otros es quedarse con el Poder, sin muchos escrúpulos por el modo en que se lo conserve o se lo consiga. Hace apenas días, un sitio que debería estar abierto a todos, dado que está solventado por los dineros públicos y su propia naturaleza entraña universalidad, como es la Universidad Nacional Arturo Jauretche, volvió a ser grotescamente utilizado para un acto del kirchnerismo. En un lugar donde la gente debería concurrir a estudiar y aprender, el ex Intendente fugado de Quilmes Aníbal Fernández y el Intendente ad eternum de Florencio Varela, Julio Pereyra, encabezaron un acto partidario llamando a votar por su sector político y por supuesto, por ellos mismos, sin el más mínimo decoro, sin ningún respeto por separar un ámbito de educación pública de sus intereses privados.
Son los tiempos que corren. Los de la Argentina K. En la que los límites se corrieron peligrosamente, abriendo una brecha que va mucho más allá de odios y simpatías, y que afecta ciertos valores, como la ética, que hasta hace algunos años todavía se creían inamovibles e inexpugnables. Un país donde vale todo: para salvarse, o para ganar una Elección.


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