EDITORIAL

Preocupaciones K

Editorial » 01/09/2015

Después de las PASO, en las que algunos precandidatos hasta se acusaron de narcotraficantes sin que ello haya causado un gran impacto en los resultados, su ganador, Daniel Scioli, no parece tener los astros consigo. Primero, se fue de viaje a Italia con media provincia de Buenos Aires inundada. Tras su obligadamente apurada vuelta, se enojó con los opositores que ofrecieron ayuda a los inundados. Después, viajó a Tucumán para sacarse una foto con el ganador de las Elecciones para gobernador, pero quedó en medio de uno de los más grandes escándalos desde el retorno de la Democracia. Con un escrutinio interminable, votos comprados alevosamente, urnas quemadas, una brutal represión policial hacia la gente que reclamaba después de los anormales comicios, y hasta un jefe de gabinete, el flamante candidato a gobernar la provincia bonaerense, diciendo muy suelto de cuerpo que no sabía lo que había pasado, porque en esos momentos «estaba durmiendo».
En el medio de todo, un militante radical fue asesinado en Jujuy y la propia Presidente de la Nación mintió sobre la filiación política de la víctima desde la cadena nacional, una vez más usada en contra de la Ley. Y para colmo, funcionarios de Formosa se enojaron e insultaron al futbolista Carlos Tévez por decir lo que está a la vista de todos: que en esa provincia existe una espantosa pobreza.
A esta altura, lo que no queda claro es qué le molesta más al kirchnerismo: la realidad, o que se cuente esa realidad. Constructora de un relato desde el que cambiaron hasta la historia argentina, la facción gobernante demostró hace muy poco cuáles son sus verdaderas «convicciones», al aceptar a Scioli como su candidato y esconder a Randazzo de un plumazo no muy democrático que digamos. Del mismo modo, este Gobierno al que la mayoría de la gente ya no quiere, persiste, desde todos sus puestos de resistencia, en culpar de sus males a opositores y periodistas. Y esta interesada locura seudo revisionista del pasado-pasado y del pasado reciente crece de tal modo que el ejemplo se expande peligrosamente. Tanto, que a esta altura, y descontado su habitual alineamiento genuflexo, ya preocupa la estabilidad mental de un conocido vocero oficialista de la radio, que llegó a responsabilizar por la multitudinaria manifestación en Tucumán al grupo Clarín y el canal de televisión TN y, en la misma vociferada, negó que hayan existido incidentes en la brutal velada.
A poco más de un mes de elegir al nuevo Presidente, el hombre que gobierna Buenos Aires desde hace ocho años parece haber perdido su pétrea sonrisa y su infinita paciencia –esa que le valió ser ninguneado por los esposos Kirchner durante una década- y se muestra malhumorado y perdido, más preocupado por identificar a los «tuiteros» que critican su pobre gestión que en resolver temas tan importantes como la inseguridad o las inundaciones en el distrito que conduce.


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