INFORME EXCLUSIVO

El Hogar del Terror

Edición Impresa » 02/03/2016

Falta de adecuada atención medica, maltrato psicológico, participación política forzada y un sin fin de cuestiones más, son las calamidades que día a día los residentes del Hogar Municipal Doctor Sallarés ubicado entre las calles José Luis Cariboni y De la Ancianidad, barrio de Villa Mónica, deben padecer, sin que nadie pueda hacer nada al respecto para defenderlos, ya que la mayoría de los ancianos o sus familiares no habla por temor a represalias.
A pesar de ser una institución del municipio, los abuelos pertenecientes al asilo deben abonar una cuota de aproximadamente 2500 pesos, la cual es descontada de sus jubilaciones. Sabiendo que hoy en día el beneficio mínimo que cobran es a partir de 5000 pesos, las condiciones en la que está el lugar y en el estado que los mantienen, es una suma de dinero bastante alta.
A todos los ancianos se los alimenta y se los trata por igual, ya sean personas lucidas, o que presenten diversos trastornos tales como diabetes, Alzhéimer, problemas relacionados al corazón y demás. Teniendo en cuenta que un diabético no puede consumir azúcar, y que necesita de medicamentos constantemente, esto es algo grave. Al igual que alguien con enfermedades cardiovasculares, que no puede estar expuesto a reacciones violentas, como por ejemplo, los gritos de parte del personal a los internos, cosa que se puede escuchar desde la vereda aledaña al recinto.
Desde mediados de 2015, se ha registrado un altísimo incremento de las muertes de los residentes. Esto puede estar fuertemente vinculado a la falta de medicamentos en la institución, o a la ya mencionada falta de compromiso de algunos empleados del sitio, sin compromiso ni vocación de ayudar a los pobres abuelos. La mayoría de las muertes se registran como «paro cardio-respiratorio», es decir, causas naturales.
La comida que se brinda es escasa. Podría decirse que un recluso se alimenta mejor que un abuelo del Sallarés: acorde a varias fuentes, les dan de comer en platos casi vacíos, sin importar que eso afecte las defensas orgánicas de los abuelos. Muy recientemente se dijo que de ocho kilogramos de pescado llegados al hogar, solo cuatro fueron destinados a los residentes y el resto fue repartiéndose entre el personal. También se denunciaron reacciones violentas de parte de los trabajadores de la institución hacia los familiares que les llevan ropa o comida a los ancianos, varias veces alegando que «la comida estaba vencida», como si ahí tuvieran catering gourmet.

Como si esto no fuera suficiente, varias veces se ha utilizado el lugar para hacer propaganda política por parte de Julio Pereyra, quien el 22 de septiembre del pasado año, fecha bien próxima a las elecciones, fue a hacer una visita junto a la Directora Provincial de Urbanismo Social y Análisis Territorial Adriana Alonso, la Directora General de Planificación Programática, Evangelina Pereyra, la Subsecretaria del Hogar, Nelly Núñez, el Secretario de Desarrollo Social y Participación Comunitaria, Manuel Passalacqua y demás funcionarios municipales. Ese día, el Intendente dio un discurso referido a la importancia de vivir con «alegría y vitalidad» y Alonso declaró: «Cada vez que vengo a este hogar me voy feliz» ¿Es necesaria tanta hipocresía hablada solo con el fin de posar para la foto en plena campaña?
Además, se dice que los residentes fueron llevados a votar por el oficialismo, transportados en colectivos como si fueran a una excursión, con consentimiento de las autoridades del Hogar, quienes retienen los documentos de los ancianos.
Los ciudadanos de Florencio Varela son testigos de varias injusticias por parte de los que están en el poder, pero cuando éstas afectan a uno de los grupos más débiles e inofensivos que puedan existir, es necesario dar a conocer la triste realidad de aquellos que están solos y lo mínimo que se merecen es vivir sus últimos años en paz y tranquilidad. Y que no deberían terminar en este sombrío y oscuro sitio.

 

C.A.

 

 

“Son pocos los que viven más de un año desde que entran al Hogar”.

 

“Son pocos los que viven más de un año desde que entran al Hogar”. Con esta contundente frase, se grafica cuál es la situación de los abuelos que pasan sus días en el Hogar de Ancianos “Dr. Sallarés”. La persona que hizo esa revelación a Mi Ciudad, cuya identidad reservamos por razones obvias, integra el plantel de empleados permanentes del centro asistencial, y agrega que en el lugar “se tienen juntos a los pacientes psiquiátricos y a los que no lo son”. “No sé por qué se van deteriorando tanto, tal vez no reciban la medicación adecuada”, señala.
Cerca de 50 ancianos constituyen la población estable del lugar. Pero la cantidad es fluctuante. “El año pasado murieron entre seis y siete internos. Pero cuando muere uno, ingresan a otro. Hay una lista de espera muy grande. Y generalmente los que entran tienen alguna recomendación”.
Sobre los supuestos maltratos, dice: “no ví nunca que se les pegue, pero sí que les gritan. Hay algunos compañeros que son profesionales pero no usan la psicología, no tienen paciencia, como que les faltan sentimientos para tratar con los ancianos”.
Acerca de la retención de parte de la jubilación a los internos, nos informa: “PAMI solo entrega 90 pañales mensuales por abuelo, entonces se les retiene un 65 por ciento de lo que cobran como jubilados o pensionados y eso se utiliza para comprar medicación y más pañales”. ¿Y el resto del dinero? No se sabe. Pero “el Hogar también tiene internos que son indigentes, y que no tienen familiares. A ellos se les hacen los trámites jubilatorios y también se les cobran las asignaciones”.
“Las comidas son seis por día –relata- pero en estas últimas semanas, por una diarrea que afectó a varios abuelos, y porque parece que les faltó plata, les redujeron la cantidad y no les dieron carne. La colación era una compota lavada, la gelatina agua… Si no los alimentan, se van a morir”.
“Al personal le cortaron las horas extras y no le dan de comer. Algunos trabajan hasta 15 horas y no les dan comida”, amplía. “Antes, nos daban de comer lo mismo que a los abuelos”.
En el lugar, trabajan aproximadamente 40 personas, incluyendo a médicos, enfermeros, administrativos y cooperativistas de planes sociales.
“Se comenta que faltó plata, y que tienen que recuperarla. Por eso se economiza bajando la calidad de la comida”, culmina.
El año pasado, se oyeron fuertes rumores de intervención, pero nada pasó. ¿Habrá llegado la hora de poner orden en el Hogar?


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