INFORME ESPECIAL

Violencia institucional en Florencio Varela

Edición Impresa » 01/08/2017

Las fuerzas de seguridad son parte de nuestra vida cotidiana. Hoy más que nunca se puede apreciar el incremento de personal policial patrullando las calles de Varela. Más allá del uniforme que porten o no, su trabajo se basa en hacer cumplir las normas básicas de convivencia y servir a la comunidad.
Aunque parezca obvio que como agentes de la ley, es imperativo que también deban cumplirla, existen agentes que hacen todo lo contrario: abuso de autoridad, violaciones de los derechos humanos, uso de la fuerza sin justificación, discriminación y un largo sin fin de etcéteras. Esto se define bajo el concepto de violencia institucional y esta pequeña guía va a profundizar en sus formas y en cómo defenderse ante ella.
Primero que nada, es necesario saber que los encargados de hacer cumplir la ley deben recurrir a métodos no violentos, salvo que sean ineficaces. El empleo abusivo de la fuerza es un delito y no puede ser justificado por ningún motivo. Hay muchos casos que quedan aislados ya que las víctimas tienen miedo a no ser escuchadas o a posibles represalias.
No sólo podemos hablar de lesiones físicas, la violencia psicológica también está presente en el accionar cotidiano de algunos integrantes de la Policía Bonaerense. Suelen recurrir a la estigmatización, a las acusaciones de posesión de estupefacientes o insultos doblegando e intimidando a la víctima y poniéndose a ellos mismos cómo representantes de todo lo bueno, haciendo de cada procedimiento «legal» una pesadilla para quien se cruce con ellos.
Tenemos un caso que hace meses estuvo rondando por las redes sociales. «Tito» es un menor de edad que vivió en carne propia de parte de integrantes de la Policía Local (vulgarmente conocidos como los «pitufos») un intento de arresto injustificado. En su testimonio manifestó: «estábamos con un amigo tranquilos en la Casa de La Cultura, cuando dos oficiales nos empezaron a insultar, yo me acerqué a pedirles que nos dejen tranquilos porque no estábamos haciendo nada y casi nos llevan, siempre faltándonos el respeto». Un video que se difundió masivamente en Facebook muestra claramente el momento en el que intentaron meterlo al patrullero, mientras la gente salió en defensa del menor. Finalmente los uniformados se retiraron del lugar.
Hay otros casos así, se necesitaría más de una página para relatarlos y por miedo es claro que no todos se animan a hablar. El prejuicio es otro de los grandes motivos. Hay ciertos rasgos físicos, costumbres, lenguajes y vestimentas al estilo deportivo que están asociadas a la delincuencia en la mente de un neo fascista. Son las victimas preferidas en lo que respecta a la violencia institucional. Frases como «la gorra te caga a palos igual aunque no tengas nada», «yo fui a denunciar y me dijeron que es por vestirme así» o «siempre es así, no podes hacer nada, te tenés que quedar con la bronca» son escuchadas en las calles de San Jorge, Bosques Norte, Villa Angelica, Zeballos y otros barrios varelenses día a día. Sus identidades no son necesarias, es la voz de muchísimos chicos y chicas. Y no sólo de esta localidad, esto sucede en gran parte del conurbano bonaerense.

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