EDITORIAL

Se termino la mentira

Editorial » 01/11/2017

«Están pasando cosas que antes no pasaban en el país», dijo el abogado del ex súper ministro Julio De Vido, pocas horas después de que su cliente fuera detenido.
Once personas relacionadas con el kirchnerismo están presas. Entre ellas, varios de sus funcionarios. Y todo parece indicar que la lista seguirá creciendo.
Entre las cosas que «antes no pasaban», pueden enumerarse no sólo este verdadero desfile de integrantes del gobierno K que comienzan a rendir cuentas ante la Justicia, sino también, la inmensa cantidad de operativos contra el narcotráfico que el Gobierno Nacional, con la gran participación de Gendarmería, está llevando a cabo de punta a punta del país y la firme lucha contra la corrupción policial en la provincia de Buenos Aires, encarada como nunca nadie lo hizo, por la Gobernadora María Eugenia Vidal.
El contundente respaldo que el Gobierno Nacional obtuvo en las últimas Elecciones es un espaldarazo para las políticas que se están aplicando. Los fantasmas del «ajuste» y la «falta de Estado de Derecho» agitados por Cristina Kirchner y algunos sectores de Izquierda no alcanzaron para torcer el resultado de unos comicios que tuvieron un ganador aplastante.
Tampoco logró evitar la victoria de Cambiemos el vergonzoso uso político del caso Maldonado. La revelación, firmada por todos los peritos intervinientes, incluídos los de la familia del joven muerto en el Sur, de que el cuerpo no tenía lesiones, no pareció suficiente para los que insisten en hablar de «desaparición forzada» y «asesinato», condiciones necesarias para dar sustento a la delirante teoría de la «dictadura» de Macri, sostenida a rajatabla por los que aplauden a la «democracia» de Maduro.
Esto no es nuevo. A Macri le empezaron a cantar «Basura, vos sos la Dictadura» a los dos días de asumir su cargo. Y ahí estuvo desde esa primera hora la infatigable fascista Hebe de Bonafini destilando su habitual veneno contra la figura presidencial desde la privilegiada tribuna del canal oficial. Lo mismo se oyó repetidamente en varias de las marchas que se hacen invocando una representación que no se refleja en las urnas. Marchas en las que se destrozan y ensucian impunemente propiedades públicas y privadas, buscando una reacción que luego permita hablar de «represión».
Pero el país eligió otro rumbo. El de la normalidad, el respeto, y el apego a las leyes. El de la Justicia, para que los que se enriquecieron ilícitamente a la vista de todos, vayan a parar a la cárcel. Y claro está, que también devuelvan lo robado, algo a lo que algunos legisladores que deben aprobar la ley de extinción de dominio no parecen muy predispuestos, tal vez porque salpicará a muchos de sus compañeros o líderes.
Las Elecciones de octubre dejaron muy claro el camino que los argentinos quieren desandar. Se terminó el tiempo del relato, y llegó la hora del trabajo, el despegue, la transparencia y la honestidad, todos ellos valores atrozmente avasallados durante más de una década de despótica corrupción. Una corrupción que significó muertes, como las de la tragedia de Once, y también atraso, en cada barrio del Conurbano al que le faltan asfaltos, cloacas, gas natural y hasta agua potable. El 22 de octubre, la gente eligió dejar todo eso atrás.
Los que soñaban con el helicóptero ahora afrontan la pesadilla de la cárcel. Se terminó la mentira kirchnerista. Que Dios y la Patria se lo demanden.


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