El adios al “Cabezón” García

Sociedad » 02/12/2017

El 21 de noviembre, a los 52 años, falleció Jorge García, Presidente de la Sociedad de Bomberos Voluntarios de Florencio Varela.
El inesperado deceso llenó de dolor a la comunidad varelense, donde el querido «Cabezón» se había ganado el afecto y respeto de todos.
Su llegada a la entidad bomberil, hace dos décadas, cambió para siempre el rumbo de esa institución, a la que le dio junto a su equipo de trabajo la transparencia que necesitaba, y una impronta de progreso que la colocó entre las más equipadas y eficientes de todo el país. Entre sus logros, debe contabilizarse, además, la mudanza a la imponente nueva sede, sobre la Avenida San Martín, y en los últimos meses, la inauguración de uno de sus dos salones de fiestas.
Las escenas de congoja de los vecinos que se acercaron para dar formal adiós a sus restos, así como el llanto desconsolado de los bomberos que estuvieron ahí para despedir a su compañero, demuestran el cariño que se le tenía y que se ganó con la personalidad que todos recordaremos: la de un tipo sencillo, bondadoso, de risa fácil, siempre listo para dar una mano a quien lo necesite, que además supo formar una familia hermosa que lo tendrá como ejemplo.
Aunque se dedicó durante muchos años a la venta de seguros, el «Cabezón» también tuvo un tiempo de disc jockey. Y junto a Alfonso Ruiz, con su «Top Secret» animaron enorme cantidad de bailes y fiestas en la zona.
En Mi Ciudad siempre tuvimos una relación especial con Jorge y su hermano Sergio. Desde los tiempos del Instituto Santa Lucía, hasta la participación de ambos en los recordados equipos de fútbol que representaron a nuestro periódico en campeonatos locales y zonales. Y con Jorge, muy especialmente, también compartimos algunas batallas morales que hubo que dar en su momento. Porque no era de guardarse nada, y si había que ir al frente, ahí iba, como debe hacerse. Dando la cara y poniendo el pecho a lo que fuera.
A su esposa, Rosana, a sus padres y a su hermano, vaya nuestro pésame en este momento de inmenso dolor. Y a Juan Ignacio y Santiago, sus hijos, sólo nos queda decirles que siempre tendrán a su querido padre junto a ellos. Que fue un grande de verdad. Que todos lo queríamos mucho. Que siempre lo recordarán y sabrán qué hubiera querido él que hicieran ante cada decisión que deban tomar en sus vidas.
Porque ni la muerte puede derrotar al inmenso amor que él les dio.
Porque desde donde sea que ahora esté, los seguirá guiando, y cuidando. Como corresponde, después de todo, a un bombero de alma.


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