Nuevo diccionario varelenseo

Edición Impresa » 02/12/2017

El otro día mientras caminaba algunas calles varelenses, sentí que tenía que escribir algo sobre la sensación que genera caminar por Florencio Varela. Pensé en cuáles son los primeros sentimientos que componen el despertar de los sentidos y me vi escasa de recursos, por eso traigo esta propuesta con extranjerización de idioma.
Bien sabemos que los alemanes tienen palabras para todo, de ahí que es unos de los idiomas más difíciles de aprender y unos de los más ricos de conocer, entonces se me ocurrió utilizar la propuesta alemana para crear un diccionario varelense. Algo así como hacer una reforma educativa utilizando un modelo finlandés. Foto.
Se acercaba una tormenta y estaba empezando a llover por eso fui por las veredas con toldos. Lo primero que vi cuando caminaba fue un «stammtisch» se refiere a un grupo de personas (normalmente hombres) que se reúnen periódicamente en un local. Estaban sentados en las mesas de afuera y unos hacían chistes en referencia a las hermanas y madres de los otros, porque son todos muy viriles hasta que se jode con las mujeres de la familia y se produce el «schadenfreude», el sentimiento de gozo que causa observar el sufrimiento ajeno.
De un momento a otro, uno de ellos pasa de ser el agredido a ser el agresor y se levanta para demostrar la superioridad física sobre el primer agresor. Éste muchacho era lo que se llama un típico «fusto», el hombre al que le gusta mostrar sus músculos y vestir provocativamente, quien le comunicó que «backpfeifengesicht» es decir, que su cara merece ser golpeada, o que pide a gritos un golpe. Y así como si nada, le dio el primer empujón que lo tiró de la silla en el medio de los incesantes insultos y las carcajadas del resto que miraba eligiendo la pasividad.
De forma aparente, todos ellos se conocían de la infancia pues eran «sandkastenfreund» (literalmente significa «amigo de caja de arena») . El episodio de cotidiana violencia estaba por cesar hasta que uno de ellos mojó a ambos amigos con cerveza para «bautizarlos» y se produjo «Schlimmbesserung» una mejora que termina empeorando las cosas.
Seguí caminando, con el «Ohrwurm» en mi cabeza, la canción pegadiza de uno de los jingles de campaña con base en «despacito» que se mete en la cabeza y se repite una y otra vez. Pasé por una de las vidrieras de una heladería y ví a una adolescente llorar desconsoladamente, fruto de una decepción amorosa, me imaginé, o un «freizeitstress», el estrés que provoca tener tiempo libre y todas las actividades que hacemos para ocupar ese tiempo, sobre todo en la adolescencia, donde predominan las relaciones amorosas fraudulentas. A su lado estaba su amiga que devoraba un sándwich con la poderosa impresión que da comer demasiado por razones emocionales o «kummerspeck».
A veces cuando llueve me quejo internamente de que en Varela no hay ni bosque, ni mar, ni río, ni montaña, porque quiero expresar mi «waldeinsamekeit», el sentimiento de estar solo conectado con la naturaleza, cuando en realidad, lo único que puede apaciguar ese sentimiento no es ni más ni menos que «gemütlichkeit», la sensación de estar a gusto en casa, arropado y caliente, pensando que algo bueno está a punto de suceder: «vorfreude».
Sin embargo hay algunas expresiones que ni los alemanes fueron capaces de vislumbrar, como la desaprensión de los políticos cuando llegan al poder, o la injusticia de ver a niños morir de hambre, o la condena social que refiere ser inmigrante de un país latinoamericano, o la incapacidad de respetar (no entender) las opiniones ajenas dentro del mismo código moral o bien también el morbo adictivo que generan los programas de chimentos. ¿Seremos nosotros quiénes debamos denominar estas sensaciones algo más que recurrentes? ¿Estamos preparados para aceptar el reto como sociedad?. Que empiece el juego.


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