DEPORTES: FÚTBOL

Paula Pebacini, cuestión de herencia

Deportes » 01/02/2018

A los 21 años, Paula Pebacini parece tener el fútbol en la sangre. Es que la herencia es todo: su padre, Marcelo Pebacini, desde hace mucho tiempo directivo de la empresa local “Martínez y de la Fuente” sigue despuntando el vicio de la pelota, como lo hacía cuando, entre 1985 y 1987, jugaba en la defensa de aquel mítico equipo de Mi Ciudad, en el que demostró su garra incondicional, que le valió su bien ganada fama de aguerrido marcador de punta.
Pero si hablamos de herencia es porque Paula, confesa hincha de Boca Juniors, en la actualidad está jugando en el equipo femenino de fútbol de la Southwestern Christian University, de Oklahoma, ese lugar en el mundo adonde la llevó la vida hace ya tres años, y al que acaba de sumar a su hermano Juan Cruz, que viajó en estos días junto a ella para iniciar su propia historia en los Estados Unidos.

¿Cómo empezó todo? La misma Paula lo cuenta: “yo iba al Colegio Estrada de City Bell y jugaba al fútbol con mi hermano. Yo le pateaba en un arco que teníamos en casa. Siempre me llevé mejor con los varones que con las mujeres, así que jugaba con ellos, aunque él es menor que yo”. Y agrega: “Cuando arranqué era la única mujer y tuve que pedir permiso en la Liga TEFI para que me dejaran jugar, y me dejaron, pero en dos categorías menos. El club era San José de Gonnet. Era 2006… Yo tenía diez años”.
-¿De qué jugás?
-De volante por izquierda o por derecha. Aunque prefiero por derecha.

Enseguida retoma: “jugué tres años ahí y en 2011 nos fuimos a Huracán de Gonnet, los dos juntos y en los dos clubes al mismo tiempo. Con un equipo jugábamos los sábados y con el otro los domingos”.
-¿Fue difícil?
- Sí. A veces era un bajón porque yo no podía entrar al vestuario y me perdía las charlas… Y había mucha discriminación, porque al ser mujer… Imaginate.

Es en ese momento que su padre, Marcelo, interviene y da su punto de vista: “Y yo detrás del alambrado tenía que escuchar las cosas que le decían…”.

Aunque la actividad tuvo para Paula un impasse: “En 2012 lo dejé y arranqué hóckey, en Santa Bárbara –recuerda- Pero en 2014 me enteré de que había una prueba de fútbol en Buenos Aires en la que te miraban coaches de Estados Unidos. Fui convencida de que no iba a quedar, pero quedé. Me llegaron becas de tres universidades distintas, y lo fui pensando, viendo los pro y contras… Hasta que dije sí, agarré las cosas y me fui.
-¿Les costó a tus padres que te alejaras?
-Les costó a ellos como me costó a mí, pero era una gran oportunidad. A mi mamá, Griselda, al principio no le copó mucho la idea pero cuando entendió que me iba a vivir a una universidad, me apoyó al cien por cien. Me fui en enero de 2015, hace tres años.
-Además de jugar en el equipo de la Universidad estás estudiando…
-Sí. Estudio dos carreras: Gestión Deportiva con Orientación a Administración, y Contabilidad.

-¿Contra quiénes juegan?
-Contra otras universidades de otros estados. Oklahoma, Texas, Arkansas, Missouri, Kansas… Viajamos bastante. Entrenamos dos veces o tres por semana durante la pre temporada, y durante la temporada todos los días.
-Allá el fútbol femenino es una gran atracción…
-Es muy popular, y muy bueno. Es el mejor del mundo.
-¿Tenés ganas de jugar profesionalmente en el futuro?
-No. Una vez que termine las carreras, se acabó. No quiero salir del fútbol, pero sí estar en la parte administrativa.
-¿Pensás en volver al país?
-Quiero seguir allá por ahora. Porque hay muchas más oportunidades. Hace tres años que estoy, con muchos cambios, y me siento muy segura, muy cómoda. Armé mi vida allá.
-En eso tiene que ver la seguridad que te dieron tus padres…
-Sí. Me dieron la libertad de hacer las cosas que quisiera siempre y cuando estuviese segura. Esa independencia, esa confianza que me dieron fue muy importante para tomar la decisión.

Ahora, el que iniciará un camino similar será su hermano, Juan Cruz, quien fue de visita, dio una prueba y quedó seleccionado. Vivirá con ella en la misma Universidad y seguramente adquirirá nuevas experiencias que marcarán su futuro. Marcelo, el papá, mezcla orgullo con nostalgia: “habrá que apoyarlos, porque es por su bien, y voy a ir a visitarlos”, afirma.

El reportaje termina. Falta poco para el viaje, y Paula y Juan Cruz saben a qué van, como saben lo que quieren. Son dos jóvenes que con bajo perfil y cultivando el esfuerzo entienden de qué se trata eso de colocarse una meta y dar todo por alcanzarla. Y eso no nace de la nada, sino que también, es cuestión de herencia.

 


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