ENTREVISTA

Gerónimo Galiana

Entrevistas » 01/10/2018

Gerónimo Galiana nació el 28 de mayo de 1933 en Villa Domínico. Casado con Jorgelina Tourcakis desde hace 58 años, tuvieron dos hijos: Sergio y Cynthia, y tienen dos nietos. Con su esposa, llegaron a Florencio Varela, en 1970. Inquieto y laborioso, acumuló una gran cantidad y variedad de trabajos a lo largo de su vida, dedicando también un importante lapso de la misma para actuar en forma desinteresada en varias entidades de bien público locales, como el Rotary Club, la Sociedad Civil Mi Pueblo, la Sociedad de Fomento La Esmeralda y la Asociación de Padres del Instituto Santa Lucía, dejando en todas ellas la mejor de las impresiones. Aficionado al teatro, se dio el gusto de actuar con notable repercusión en aquel recordado elenco municipal de la década del 80 junto a inolvidables vecinos. Con la amabilidad que siempre lo caracterizó, nos recibió una tarde de septiembre en el departamento en el que su hijo Sergio reside, en la Torre El Morenito de nuestra ciudad.

-¿Qué recuerda de su infancia?
-Eramos tres hermanos, de los cuales ahora solo quedo yo. Mi papá era marino, capitán de barco. Estaba mucho tiempo fuera de casa, lo que terminó siendo la razón por la cual dejé de estudiar. Hice tres años de Industrial y abandoné, pero si mi padre hubiera estado, ya que tenía mucho carácter, no me lo habría permitido. Mi mamá en cambio era buenísima. El cuñado de Héctor Souto tenía una panadería cerca de casa. Cuando mi papá iba a comprar siempre miraba la balanza, a ver si tenía un gramo de más o de menos. Y para él, la palabra valía más que un recibo. Cuando estaba embarcado, a cualquiera que originaba un problema, lo hacía desembarcar. Aunque fuera un familiar suyo. Murió bastante joven, aunque siempre tuvo buena salud.
-¿A qué jugaba?
-A la pelota. Me gustaba mucho, y jugué mucho tiempo en Argentino de Quilmes. Llegué hasta la cuarta división, en el año 50… En ese año Argentino casi sale Campeón. En F. Varela hay un fanático de este equipo, Carlos Casazza. El se debe acordar de aquellos jugadores.
-¿Dejó de estudiar y empezó inmediatamente a trabajar?
-Hice tres años en el Industrial y dejé. Entre los 15 y los 19 años tuve mi primer trabajo en una metalúrgica. Yo tenía que probar que los juegos de llaves de los sanitarios no tuvieran fallas para que salieran a la venta. Después entre en UTA, donde trabajé en los almacenes de la corporación, en unos depósitos que tenían repuestos para autos, y más tarde me tocó el Servicio Militar. Cuando salí, entré a Sainz Hermanos.
-La fábrica de golosinas… Imagino que le habrán dado algunos chocolates…
-Sí. Teníamos bombones en los escritorios y pasaban a darnos café a cada rato.
-¿Cómo siguió su historia laboral?
-Después ingresé a un comercio que vendía electrodomésticos y se llamaba Ventrilec, en la Avenida Belgrano 835 de Capital. Yo ahí llevaba el estado de las cuentas. Y luego entré a la Italo Argentina de Electricidad. Como todo ingresante, tuve que empezar abriendo zanjas. Yo llegué con una recomendación que me dio el Jefe de Policía para hablar con el Negro Smith, que tiempo después desapareció. Me atendió y me dijo «tenés que empezar en la zanja…». Y ahí fui. El primer día hacía un frío tremendo, estuve tres meses haciendo zanjas y después ascendí en categoría, desde la A hasta la E. Ahí le hacía la liquidación de comisiones a Luis Di Cecco, que era cobrador. Lo recuerdo que venía con una carterita, y que usaba un bigotito. Y en otro piso de la Italo trabajaba el fundador de Mi Ciudad, Coco Suárez. Yo estaba cómodo y trabajando bien en la Ítalo, pero dos amigos, Juan José Ripoll y Julio Isea, me ofrecieron ir con ellos a Cosmesur S.A., que era una fábrica de productos de cosmética que estaba en Wilde. Ahí me quedé diez años, de 1968 hasta 1978. Yo desde 1976 tenía un negocio de limpieza en Mitre 162, «Aero-Sur», al lado de donde arreglaban heladeras. En esa época en Mitre no había nada … Solo el negocio de Elbio Ghio, no mucho más. Después Brugaletta hizo los locales. Y abrí otro negocio similar en Av. Sarmiento 756.
-¿Cómo vino a Florencio Varela?
-A través de un crédito compramos una casa en la calle Cabello y vinimos… Era la época del caso Penjerek y la gente nos decía «¡Uy, Varela…!» Era el año 1970. Yo viajaba todos los días al laboratorio en Capital. Los primeros vecinos que encontramos fueron los Cruceño, los Krabe… Muchos se fueron mudando.

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