EDITORIAL

Cacerolazo

Edición Impresa » 01/10/2012

El masivo cacerolazo desarrollado el 13 de septiembre en todo el país sirvió para entender muchas cosas.
En primer lugar, sirvió para que el Gobierno se anoticiara de que varias de sus medidas, especialmente las que viene tomando últimamente, son resistidas por gran cantidad de gente. La inseguridad, la corrupción y el rechazo a la reelección, por ejemplo, fueron tres fuertes coincidencias de todos los manifestantes.
Los avances sobre las libertades individuales, desde las restricciones para salir del país hasta el abuso de la cadena nacional, provocan hartazgo. No todos los argentinos queremos ser Cuba o Venezuela.
En segundo lugar, sirvió para certificar que no hay nadie enfrente del oficialismo con capacidad de capitalizar el variopinto bloque social opositor.
¿Quién es el político capaz de enfrentarse al kirchnerismo y animarse a vencerlo? Todavía no parece conocérsele la cara. La oposición aún no tiene forma concreta.
En tercer lugar, sirvió para avizorar cuál es el mapa informativo que quiere el oficialismo. Entre las 20 y las 20:30 de ese día, cuando más gente se aglutinó protestando contra el Gobierno, el cacerolazo fue sólo transmitido por Canal 13 y TN. Telefe tenía al aire una noticia de una familia que robaba chocolates y recién emitió imágenes mucho después. Canal 9 y Canal 7 estaban en el país de las maravillas. C5N decía que el motivo de la manifestación era “el cepo al dólar”. Y Canal 26 transmitía un discurso de Cristina.
Sin Canal 13 y TN, el cacerolazo, en el “país K” no hubiera existido. El Gobierno, que sigue sumando medios cooptándolos con la pauta oficial o comprándolos a través de empresarios amigos, quiere un discurso único. Quiere lo que la propia Presidenta dijo muy claramente: “ir por todo”.
En cuarto lugar, sirvió para certificar el doble discurso de quienes hoy nos gobiernan. Abal Medina dijo que a quienes protestaron “les importa más Miami que San Juan”, y su padre es, en Estados Unidos, asesor de uno de los capitalistas más ricos del mundo. Estela de Carlotto dijo que era “gente que se viste bien”. Justo ella, que se viste mejor que Mirtha Legrand. Y hasta el inefable obsecuente K, nuestro Intendente Julio Pereyra, dijo que era “gente de las clases media y alta a la que le molestaba la distribución de la riqueza», tres días antes de hacer un viaje nacional y popular con su esposa e hijo a Disney.
Las cacerolas empezaron a sonar. Quien quiera oír que oiga.


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