INFORME ESPECIAL

Policía virtual

Edición Impresa » 01/08/2014

La inseguridad es una preocupación que se vive, se siente y se palpita.

Lejos de la “sensación” donde la ubicaba el senador Aníbal Fernández, ocupa un lugar central en la agenda de los intendentes, aunque abiertamente no deban, ni puedan, admitirlo. Especialmente si militan en el Frente para la Victoria.

Este fuerte condicionamiento disciplinario que existe puertas adentro de los encolumnados detrás de “el modelo”, se tradujo en los últimos días en otra polémica: la resistencia a poner en marcha la Policía Comunal en muchos distritos, algo que llevó al gobernador Daniel Scioli a pedir a los jefes comunales que se sumen.

En este marco, Florencio Varela no es una excepción. Por el contrario, es un caso bastante particular en varios aspectos.

Por un lado, con su casi medio millón de habitantes, cuenta con apenas seis comisarías. La misma cantidad que Berazategui, un municipio que tiene casi 150 mil habitantes menos. Y tres menos que Quilmes, que cuenta con 700 mil habitantes.

A eso hay que sumar otros detalles. La Comisaría Sexta abarca una enorme área que combina espacios urbanos y rurales en torno a su sede en Ingeniero Allan. Algo similar ocurre con la Comisaría Quinta, de La Capilla, que cuenta con todo el radio de acción en zonas estrictamente rurales y mal comunicadas. No es de extrañar, entonces, que buena parte de los hechos de inseguridad más graves que se vienen registrando se den en la zona rural, y tengan a los quinteros como principales víctimas.

Para las comisarías Segunda, Tercera y Cuarta, las áreas de acción también son amplias y complejas, especialmente porque en Florencio Varela escasean los pavimentos y hay graves problemas de interconexión entre distintos barrios y zonas.

Pero sin duda, ninguna de las tres anteriores está en la situación en la que se encuentra la Comisaría Primera. Esta seccional está literalmente colapsada por la imposibilidad de dar respuesta a los habitantes que se encuentran en su jurisdicción.

De manera orgánica, el oficial de servicio reconoce ante una comunicación con Mi Ciudad que no puede brindar datos específicos, pero asegura: “Estamos bien, porque hay un número importante de personal y se van reparando o renovando los móviles”.

De manera oficiosa, los propios uniformados que recorren las calles céntricas admiten sus dificultades: hablan de excesiva amplitud de la jurisdicción que no creció a la par del desarrollo urbano del área que comprende, patrulleros que no funcionan o que presentan enormes deficiencias y muchas veces deben ser remolcados por otro, y un número de efectivos que hace imposible cualquier lógica de la seguridad.

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