EDITORIAL

La cruz de los K

Editorial » 01/05/2017

El caos que vive la provincia de Santa Cruz es la lógica consecuencia del populismo, el despilfarro y la impunidad.
Es imposible no relacionar la «quiebra» de la provincia con las obras pagadas y nunca realizadas por Lázaro Báez, el amigo, socio o testaferro de los Kirchner, que además le alquilaba los hoteles a la ex presidente para alojar a sus obreros, aunque estaban a 300 kilómetros de distancia.
Es sencillo: la plata que falta en un lado, fue a parar a otro. No siempre al sitio debido. Es muy fácil hacer beneficencia con el dinero de los demás. Pero en Argentina se acabó el «bolsillo de payaso». El país, o sea, todos nosotros, no tenemos por qué pagar los desbarajustes de los que no saben gobernar sus provincias.
El propio Néstor Kirchner lo dijo una vez, sin medias tintas: «el Gobernador que quiebre su provincia, debe ir preso».
Los gobernantes deberían responder con su patrimonio por su ineptitud. Tal vez así cuidarían más el patrimonio de los otros.
Claro que Cristina y sus adalides le echan la culpa del desastre que ellos causaron al Gobierno Nacional. Como si el kirchnerismo no fuera la fuerza política que viene gobernando la provincia desde hace más de 25 años.
En igual sintonía, Daniel Scioli, el peor gobernador de la historia de la provincia de Buenos Aires, que dejó un agujero enorme en todas las cuentas, ahora salió de gira para criticar a Macri y dar consejos económicos como si su gestión de ocho años no demostrara su incapacidad manifiesta.
Scioli también, antes de irse, firmó aumentos de sueldos desproporcionados, aún sabiendo en qué estado dejaba la provincia y que iba a ser casi imposible afrontarlos. El autor de esa y otras semejantes irresponsabilidades estuvo cerca de ser nuestro Presidente. Y Aníbal Fernández, nuestro gobernador. Son los admiradores de Chávez y Maduro, los compañeros de Hebe de Bonafini, Luis D´Elía y Fernando Esteche, los que no querían este modelo, sino el de Venezuela.
Mientras tanto Cristina, añorando su serie interminable de cadenas nacionales y el gigantesco monopolio informativo mantenido con nuestros fondos, se desquita desde las redes sociales, tratando de sostener su desteñido relato como una juvenil youtuber que cada día tiene menos seguidores. No deja de ser paradójico. Hace apenas poco más de dos años, esta gente era la dueña de la Argentina. Y ahora no puede caminar tranquila ni por la provincia en la que tanto tiempo residió.
Verla en el último video que subió es patético. «La verdad es que la gobernadora recibió una provincia quebrada, y con una superpoblación de la administración pública», sostuvo sobre su cuñada, como si el cargo le hubiera llegado desde Marte, y no de manos de otro kirchnerista.
Pero nada hay para asombrarse. La flamante youtuber es la misma que dijo que «la diabetes es una enfermedad de los ricos», y que retó a unos estudiantes que le preguntaban cómo hizo para enriquecerse como abogada si nunca trabajó como tal, con la inolvidable frase: «Chicos… Esto es Harvard, no La Matanza…».


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