ENTREVISTA

Cacho Dogil

Entrevistas » 01/11/2017

Enrique José Dogil nació el 15 de agosto de 1942, en Berazategui, pero desde muy pequeño vino con sus padres y su hermano, el recordado Roberto, a vivir a Florencio Varela. Conocido y apreciado comerciante de nuestro distrito, «Cacho» fue también Presidente de la Cámara de Comercio e Industria local y del Rotary del Cruce, cuyo plantel fundador integró. A la hora de recordar a sus amigos, hace una especial mención de Miguel Del Balso. «Quería mucho a Miguelito –nos cuenta- y la familia quiso que fuera yo el que retirara el Premio San Juan Bautista que le dieron». Está casado en segundas nupcias, desde hace 41 años con la docente Marta Sánchez, y tiene seis hijos: tres del primer matrimonio: María Lucía, Diego y Enrique. Y tres del segundo, Esteban, Natalia y Matías. Tiene cuatro nietos. Con él dialogamos en la Redacción de Mi Ciudad.

 

-¿A qué edad llegó a nuestra ciudad?
-Vinimos a vivir a la calle Newbery cuando tenía cinco años. Después mi padre compró un terreno a la señora Weisfald, que estaba casada con Cabello, y empezó a edificar el salón y la casa en la que fuimos a vivir sobre la calle Monteagudo. Como vecinos teníamos a la famosa Lechería de Pastor. Mis amigos eran Pucho Combé, Hugo Morbelli, Roberto Ferrari, Eduardo Moreno, Néstor Lambardi, Horacio Gerosa…
-¿Qué actividad tenía su padre?
-Mi papá tenía una fábrica de mosaicos frente a la Estación de Berazategui, la más grande de la zona. Prácticamente proveía a todas las casas de Ranelagh, y a casas de Quilmes. La palabra «Ducilo» de la fábrica la hizo él. Un día vino a ver turismo carretera a Florencio Varela. En esas carreras pasaban por acá los Hermanos Gálvez. Le gustó F. Varela, vendió todo lo que tenía y vino para acá.
-¿Qué cosas le enseñó?
-Era muy estricto. Cuando yo tenía que estudiar, estudiaba, y cuando tenía que trabajar, había que ayudar. El era polaco. El padre lo había mandado en un barco de carga cuando terminó la primera Guerra Mundial, sin saber hablar ni una palabra de castellano. Allá tenían una vaca entre dos paredes para poder tomar la leche… Llegó en 1929 y trabajó como minero. Después vino a Buenos Aires, donde entró a una fábrica de mosaicos. Ahí aprendió del tema y después se fue a una fábrica de dos hermanos, en Berazategui, que no quisieron seguir con la actividad, y de a poco empezó. Conoció a mi mamá, compraron un Ford A que cuando lo pusieron en marcha se metió en la quinta de una vecina porque no lo podían parar… Armó la fábrica de mosaicos. Se hizo la casa… Más tarde vino a F. Varela.
-¿Y abrió un comercio?
-Sí. Puso un bazar en Monteagudo, en 1950.
-¿Usted ayudaba en el negocio?
-Sí. Ayudábamos con mi hermano Roberto en el bazar y así aprendimos a vender. Además, íbamos a la Escuela. En esa época, en el Industrial te obligaban a trabajar también para aprender un oficio. El negocio se fue transformando, y en 1967 se habilitó como «artefactos para el hogar». Yo además de estar en el negocio, repartía con la camioneta, sobre todo cocinas y heladeras a querosén, que se compraban en la parte rural de Varela, en las quintas de flores, donde no había gas ni electricidad. A veces salíamos de raje a arreglarlas cuando se rompían. Las calles eran todas de barro y costaba entrar, pero íbamos... Y teníamos mucha clientela.
-¿Había otros comercios de ese ramo?
-Martino, un negocio que era de Pisani, y creo que estaba D´Elía. Con el tiempo F. Varela fue creciendo, los negocios se fueron modernizando y hoy es una gran plaza comercial. A pesar de que hay muchos negocios de este rubro, se trabaja muy bien.
-¿Tiene alguna anécdota de su época de ayudante de su padre en el negocio?
-Sí. Una vez, cuando yo tenía unos siete u ocho años, estaba en el mostrador, y mi papá le estaba vendiendo un inflador a un cliente. Cuando le estaba cobrando me acerqué y le pregunté. papá, cuantos infladores le vendiste? Uno, me contestó. Y le dije, Ah, porque se está llevando dos… El hombre se había escondido uno y yo justo lo ví… Claro que después dijo que lo había hecho por equivocación…
-¿Cómo era su madre?
-Mi mamá era una mujer muy buena, que acompañaba a mi papá en todo. No tenía problemas, era tranquila. Y cuando nos tenía que retar, nos retaba. Lo que decía mi papá era algo ya establecido, y ella lo seguía siempre. El sabía lo que había que hacer y así fue el progreso que tuvo a lo largo de su vida. Todo lo que emprendió, le dio resultado. Era muy positivo.
-¿Conoció a alguna abuela?
-Doña Eufrasia… Cuando nos vinimos de Berazategui la extrañábamos, así que se venía a dormir a Varela…
-¿A qué escuela fue?
-A la Escuela 11. Mis compañeros eran Darío Aparicio, Susana De Cián, Calegari, Mirta Martino, Mabel Calvi, Noel Pisani, Roberto Ferrari, Ricardo Bacigalupo… Como maestras estaban la señorita Traversone, Amanda Caparé, María Muras, que fue una de las mejores, Pocha Ruiz, Leonor Pisani, como Directora estaba Violeta Morini, y la profesora de Música era Leonor Robertazzi de Bengochea.

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