HISTORIAS DE MI CIUDAD

Eduardo Villa Abrille, el primer Intendente Peronista

Revista » 01/02/2018

En 1948, mientras el Mundo se conmovía por el asesinato de Mahatma Gandhi, en Argentina el gobierno del General Juan Domingo Perón iba preparando la reforma de la Constitución Nacional del año siguiente y mientras tanto, se elegían legisladores e Intendentes. En Florencio Varela, un vecino perteneciente a una conocida familia del casco céntrico, asumía la jefatura comunal tras haber sido consagrado por la voluntad popular: Eduardo Villa Abrille, el primer Intendente peronista de la historia de nuestra ciudad.
Nacido en una familia que residía en la calle Tacuarí de Capital Federal, Eduardo tuvo
doce hermanos, tres mujeres y nueve varones, uno de los cuales falleció de bebé por una neumonía. Su padre, Amador, tenía una fábrica de calzado que alcanzó gran prosperidad gracias a la Primera Guerra Mundial, a varios de cuyos ejércitos les vendía pares de calzados que él mismo fabricaba. Pero como pasa muchas veces, la economía devino en circunstancias imprevisibles y muchos de esos envíos quedaron sin pagar, lo que obligó al cierre de su empresa.
La mudanza a nuestra localidad se realizó asentándose la familia en una amplia y arbolada manzana del Centro, en la esquina de 25 de Mayo y Jorge Newbery. La quinta tenía su cochero, Braulio Alvarez. En esa quinta se hacían varias reuniones sociales, siendo frecuente la presencia en muy bien servidos almuerzos, del cura del Pueblo, el Padre Arbe, el Juez de Paz, el comisario y otras personalidades relevantes.
Las nietas de Amador, Beatriz y Ana Villa Abrille, dialogando hoy con Mi Ciudad, nos cuentan que en ese caserón también vivió “la tía Matilde”, una mujer que supo ser precursora en muchos aspectos. No sólo por ser una de las maestras fundadoras de la Escuela de Adultos, sino porque manejaba su propio auto, fumaba y hasta tiraba algunos tiros al aire cuando escuchaba a algún intruso merodeando su finca. Ellas también nos definen lo que fue el destino de su abuelo, arribado a nuestro país desde su España natal: “Vino a hacer la América, la hizo y la perdió”. Amador había nacido en San Martín de Oscos, un pequeño pueblo cercano a Oviedo, en Asturias.
La quinta iba a seguir teniendo destino familiar por mucho tiempo. Años más tarde, y producida ya la quiebra de la fábrica de calzados, Alejandro Villa Abrille, un sobrino de Amador que se casó con una mujer rica, la compró para que sus parientes pudieran seguir residiendo allí.
No fue esa la única ayuda económica que recibió Amador: su gran amigo Evaristo Rodríguez, fundador de la panadería San Juan, también le dio una mano. Evaristo también fue padre de un Intendente varelense, Félix Rodríguez.
El joven Eduardo siempre tuvo un carácter especial. Tanto que en una ocasión se peleó con sus padres y se fue a vivir a la casa de unas primas, en Olivos. Durante ese período, trabajó en un Banco y en la oficina de Rentas, en La Plata. Pero nunca dejó de visitar nuestra ciudad, especialmente cuando se puso de novio con una vecina a la que conocía desde muy jovencito: Beatriz Merighi. Ella vivía cerca de la quinta, en la esquina de 25 de Mayo y Rivadavia, y era integrante de una familia que también comprende a los Merigho, sólo diferenciados en esa última sílaba por el error de un empleado del Registro Civil.
Tras varios años de noviazgo, Eduardo y Beatriz se casaron y con un crédito, compraron una casa, sobre la calle 25 de Mayo, a la que se fueron a vivir. Pero el destino les tenía reservada una sorpresa: una tarde, en Constitución, cuando estaba a punto de tomar el tren para Florencio Varela, se encontró con varios conocidos, habituales compañeros de viaje, que lo felicitaban y él no sabía por qué. “Porque te ganaste la lotería”, le dijeron. “¿Pero como me voy a ganar la lotería si yo no jugué?”, contestó, a lo que le respondieron mostrándole un artículo de la edición vespertina de “La Razón” de ese mismo día, en el que una nota, con foto y todo, mostraba a Beatriz, su esposa, junto a Cholita Veriani y Margarita Biombo, como afortunadas poseedoras del billete que se llevó el “Gordo” de Navidad. Resulta que la tía de Cholita tenía una agencia de lotería, y Beatriz y sus amigas habían comprado un billete sin que él lo supiera. Ese inesperado premio les permitió a Eduardo y Beatriz no sólo pagar el crédito antes de tiempo, sino adquirir el terreno lindero a su propiedad, donde en estos días se levanta una Iglesia Mormona. Margarita Biombo, por su parte, se casó con Angelito Demattei y ambos estuvieron al frente de un conocido café en la Estación de F. Varela.

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