EDITORIAL

Juan

Editorial » 01/04/2018

El 19 de marzo de 1976 Juan estaba trabajando, haciendo horas extras para ganarse el peso. Juan era policía y esa noche lo habían mandado a hacer guardia en la puerta del Consulado de Kuwait, en la ciudad de Buenos Aires. Eran cerca de las diez de la noche y Juan seguramente estaba calculando cuanto tiempo le faltaba para volver a su casa, acá, en Florencio Varela. Ahí lo esperaban su esposa, Alicia, y la hija de ella, Karina, a quien Juan le había dado su apellido en un inmenso gesto de amor. Pero había algo más: Alicia estaba embarazada. Había decidido reconstruir su vida con Juan y ese sueño se había incrementado con la gran noticia de la futura llegada de una nueva hija. Cuando Juan se enteró de que iba a ser papá se llenó de alegría y emoción. Juan era del Barrio El Rocío y había ido a la Escuela 17. Su infancia no había sido mala, pero anhelaba un vida mucho mejor para sus dos hijas. Por eso trabajaba de noche, porque podía ganar más, y hacer que las cosas resultaran más fáciles para su familia.
Juan tenía 22 años y muchos sueños que cumplir. Pero esa noche nadie vio venir al Ford Falcon desde el cual un par de guerrilleros le dispararon con una ametralladora. Sin tiempo para defenderse. Juan cayó muerto sobre la vereda del Consulado. Era la época en la que una siniestra horda de asesinos del Ejército Revolucionario del Pueblo y Montoneros se habían transformado en los dueños de la calle, instalando el terror con atentados y bombas. Tiempos en los que, buscando desestabilizar al gobierno democrático de Isabel Perón, estas bandas querían instalar en el país la llamada «Patria Socialista».
Sólo cinco días más tarde, el 24 de marzo, se produjo el golpe militar. Y esa triste historia ya se conoce y recuerda cada año. Los 30.000 desaparecidos ahora establecidos por Ley, los centros clandestinos de detención, las torturas, los nietos que aún cuatro décadas más tarde no conocen su identidad. Mucho dolor. Demasiada impunidad.
Pero a Juan nadie lo recuerda. Aquí, en su pueblo, la Municipalidad organiza cada año las Jornadas por la Memoria, aunque ese recuerdo siempre queda incompleto.
Entre 1969 y 1979 hubo en nuestro país más de 4300 víctimas de atentados con explosivos cometidos por grupos clandestinos, que colocaron 4380 bombas. Son los olvidados de esta memoria selectiva que reaparece cada 24 de marzo y que, en el colmo de la hipocresía, busca reivindicar y elevar a la calidad de héroes a aquellos guerrilleros asesinos que despreciaron como nadie a la Democracia que tanto nos costó recuperar.
Juan Maneiro fue una de esas víctimas. Y al menos desde aquí lo seguiremos recordando cada «Día de la Memoria».


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