ENTREVISTA

Rita Fava

Entrevistas » 01/08/2018

Recordada por decenas de alumnos que la tuvieron al frente de sus clases, Rita Fava nació en Florencio Varela el 17 de abril de 1949. Casada con Eduardo González desde hace casi 45 años, es madre de Martín, periodista de Canal 13, Evangelina, quien trabaja en el Banco de la Provincia y Juan Ignacio, programador, y orgullosa abuela de Vicente, Juan Manuel y Guadalupe. Tuvo dos hermanos: Coco y Nuni, que en realidad se llamaba Elsa del Carmen, y a la que algunos en su familia, por esas costumbres del Varela de ayer, llamaban Carmencita. Ya lejos de los pizarrones y las tizas, aunque estuvo dando clases hasta el año pasado, reconoce que no hubiera sido otra cosa que maestra, y abrió su arcón de los recuerdos en este encuentro con Mi Ciudad.

 

-Háblenos de sus padres…
-Mi papá vivió en el Instituto Biológico y trabajó ahí, junto con su hermano. Anteriormente mis abuelos habían sido cuidadores de ese lugar. Volviendo a mi padre, también fue visitador médico. Era del 1900, muy estricto, muy rígido, con unos principios que ojalá hoy existieran. El cumplimiento de la palabra, la importancia de no mentir… Fue muy buen padre.. Mi mamá era ama de casa. Y ella era más abierta.
-¿Cómo se llevaba con sus hermanos?
-Muy bien, pero no tuve la relación de jugar con ellos, porque cuando mi hermano se casó mi mamá estaba embarazada de mí. Y Nuni fue hermana y madre… Me ayudaba para la Escuela, me forraba las carpetas, siempre estuvo ahí…
-¿Conoció a algún abuelo?
-A uno. Mi abuelo Celestino Morbelli, padre del dueño de la Tienda Las Locuras, que tenía el mismo nombre, y era el padre de Pucho y Hugo Morbelli. Mi abuelo murió cuando yo tenía nueve años. Lo recuerdo muy tierno, viejito, con mucho carácter, y como un pilar, un foco de unión de la familia.
-¿Cómo fue esa infancia?
-Re feliz. Vivíamos en 25 de Mayo y Rivadavia y el barrio estaba lleno de chicos. Enfrente estaba Stella Porcell, enfrente Luis y Horacio Genoud, en la esquina los Bussolo y los Memmo… Andábamos en bicileta, jugábamos a la rayuela y a la escondida.
-¿Dónde hizo la escuela primaria?
-En el Sagrado Corazón.
-¿Tuvo como maestra a la Hermana Loyola?
-No. La Hermana Loyola estaba en Jardín de Infantes. La veo con su acordeón y todos los nenes saltando y cantando alrededor de ella, debajo de las plantas. Es una imagen que siempre me quedó grabada. Mis maestras fueron la Hermana Concepción, Chichita Belelli, la señorita Pilar Barta, que era una institución.
-¿Quiénes eran sus compañeros?
-Negrita Mandirola, Mechi Llanos, que fue directora del Jardín hasta el año pasado…
-Y la Secundaria también fue en el Sagrado…
Sí. En aquel momento no había demasiadas opciones de colegios secundarios en Varela. Mi mamá me dijo “te voy a mandar ahí para que tengas un estudio secundario, y después hacé lo que tengas ganas de hacer” Y me encantó. Creo que no podría haber sido otra cosa que maestra. En 1966 me recibi de Maestra Normal Nacional, con 17 años, y en marzo de 1967 la Hermana Concepción, que había sido maestra mía en primer grado vino a golpearme las manos a casa y me dijo que me necesitaba… Y ahí fuí. Me tocó un grupo de chicos de once años. Y me gustó de alma.
-¿También ejerció en escuelas públicas?
-En 1967 hice una suplencia en la Escuela 3, a la que llamaban “la Escuela de chapa”, y era chiquita y con pocas aulas. La dirigía la Sra. Nidia Larralde. Estuve un año ahí, un año en al Escuela 10, que dirigía Nelly Borelina, y más tarde en la Escuela 14, donde la directora era Ñata Dapena. Estuve ahí desde 1970 a 1988. Y en 1989 conseguí un lugar en la Escuela 1, que tenía docentes de gran prestigio y era un destino que todos querían. Cuando yo llegué la directora era Angélica Hermida, y después, Tita Palucito. La última directora que tuve ahí fue María Dos Santos Cordeiro. En 2008 me jubilé ahí.
-¿Cómo fueron esas directoras con las que le tocó trabajar?
-De todas aprendí algo. Todas tenían algo que enseñar: el nivel de exigencia, el plantarse frente al grado. Nosotras nos recibíamos con 17 años y la profesora de Práctica nos enseñaba hasta cómo teníamos que hacer las preguntas. Que el maestro es un ejemplo, cómo debe pararse. Cuando abría la puerta el director yo me paraba junto a los alumnos, ese respeto a la autoridad lo tuve siempre. En el Sagrado Corazón, una gran directora que tuve fue Chichita Belelli. Me marcó mucho su postura, su prestancia, su aplomo, su manera de dirigirse a los chicos. Fue una gran maestra de maestras y la quise muchísimo.
-¿Recuerda alguna anécdota?
-Sí. Una vez me había tocado un grupo muy flojo, y yo estaba acostumbrada a chicos que trabajaban mucho. Y Ñata Dapena me dijo: “pensá en todos los problemas que tienen estos chicos y fíjate cómo los atraés para que ellos puedan aprender, porque este grupo necesita un trato especial”. Y así uno iba aprendiendo sobre la marcha…
-¿Salía a bailar en su juventud?
-Sí, sobre todo hacíamos asaltos en las casas de distintas chicas.
-¿Con qué otras cosas se divertían?
-Con las bicicletas. Nos íbamos a pedalear, por ejemplo, hasta Villa San Luis, con Piky Andreo, Gipsy Pereyra, Aldita Pascuet, Marta Cánepa, María Rosa Echavarría, Amanda Monroig, Mechi Llanos, que fue mi compañera desde la primaria, la secundaria y aún hoy, sigue siendo mi amiga, Marta Romero…
-Todas siguen siendo amigas…
-Sí. Y después se fueron agregando compañeras del trabajo y hasta chicas que fueron alumnas mías, como Sandra Rodríguez.

(Ver nota completa en la edición de papel)


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