ENTREVISTA

Lino y Mario Colo

Entrevistas » 01/09/2014

Los mellizos Mario y Lino Coló acaban de cumplir 80 años. Nacidos en Buenos Aires el 28 de julio de 1934, vivieron siempre en Florencio Varela, la ciudad que sus padres italianos eligieron para echar raíces buscando un futuro de trabajo. Mario se casó con Nelly Dal Vecchio, con quien tuvo tres hijos: Mario, Diego y Bettina, quienes le dieron cuatro nietos. Y Lino se casó con Máxima Pinat, teniendo cinco hijos: Silvio, Dora, Mirna, Graciela y Rosana, que le dieron nueve nietos. Desde hace más de medio siglo al frente del más grande taller metalúrgico de la zona, en el que siguen trabajando con enorme entusiasmo, los «mellizos de fierro», como alguna vez los bautizara Mi Ciudad, dialogaron con nuestro medio en una lluviosa mañana de julio.

 

 

 

-¿Qué nos pueden contar de sus padres?

 

-Lino: Nuestros padres eran dos leones trabajando… Una barbaridad, gente de bien, que se sacrificaban para que no nos falte nada.

 

-Mario: Mi papá vino de Trento, Italia, en 1924, después de la Guerra, escapando de la miseria, cuando su pueblo estaba destruído. Como más tarde también hubo una crisis económica en Argentina volvió a Italia en 1933. Ahí conoció a mi madre, que era una chiquilina a la que le llevaba 10 años… Se casaron y como allá tampoco había trabajo, aprovechando unos ahorros que tenía, decidieron retornar a este país. Claro, acá tampoco había trabajo, y leyendo el diario mi papá vió que buscaban un casero para una quinta de Florencio Varela. Era de la familia Bracuto, que estaban en una fábrica de zapatos cerca de la cancha de Huracán. Mi mamá estaba embarazada, porque nosotros nacimos acá, pero nos hicieron en Italia… Así que se metieron en la quinta de los Bracuto por dos años, y después compraron unos campos y se independizaron. Eran tres hectáreas en las que puso un tambito y se las rebuscaba con eso, más un trabajo en la Capital…

 

-¿A qué escuela fueron?

 

-Primero a la Escuela 1 y después a la Escuela 11, porque nos mudamos y nos quedaba más cerca. Tuvimos maestras como las Barbalán, Caparé, Villa Abrille, Mac Morine, y compañeros como los Faraoni, Higa, Pohl, Quinteros, Godoy…

 

-¿A qué jugaban?

 

-Al fútbol…En el barrio 9 de Julio, que era todo campo, potreros con vacas… Estas calles eran de tierra y jugábamos con Aón, Galli, Mainella, Pohl, los hermanos Medina, los tres Faraoni, Dogil, Enrique Tozzi, que tenía una parálisis pero se las arreglaba en el arco… Y alguna vez hasta venía Julio Alas, que era un poco más chico que nosotros. Hacíamos partidos contra Zapiola, el Kilómetro 26, por todos lados… Una de las canchas donde siempre jugábamos era la de Vicente López entre Belgrano y Lavalle. Un gran amigo que ahora vive en La Pampa es Tato Spinardi.

 

-¿Y en la juventud, iban a bailar?

 

Sí, a Defensa y Justicia, a Villa San Luis, a Temperley, a Berazategui, y al Varela Junior. Panagatti era el apoderado de varias orquestas y las traía a los bailes del Club Varela Junior. Anastasio Villar era presidente. Una vez Nicolás González, que también estaba en la comisión, recibió a los de un número musical que habían llegado tarde y le pedían «arreglar cuentas»… Se sentó, sacó la pistola, la puso en la mesa y les dijo, «bueno, vamos a arreglar cuentas»…

 

-¿Cómo conocieron a sus señoras?

 

-Lino: en un baile en Temperley. Ella es de Corrientes, así que tuve que viajar a hablar con los padres. Tenía 10 hermanos. Eran una gente bárbara, y aunque no me conocían me querían mucho. Después se vino para acá.

 

-Mario: su mamá y la mía eran amigas, y ella me vino a invitar a una excursión al Delta. De esa excursión quedó una amistad y después se hizo un noviazgo… No pedí la mano, ya no se usaba… Me metí a comer en la casa, medio caradura, y como se dieron cuenta de que íbamos en serio, no tuvimos problemas.

 

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