El asesinato de Denise y Sabrina: la trama detrás de la masacre

Policiales » 01/03/2017

Las muertes de Denise y Sabrina pusieron al descubierto una realidad en la que se vinculan la noche, las drogas y la corrupción. ¿A quién le conviene que el caso se olvide lo antes posible?

Hace más de 50 años, Florencio Varela fue tema nacional por el asesinato de Norma Penjerek. El caso, que ocupó por meses las primeras planas de los diarios de entonces, involucraba a algunos apellidos ilustres en medio de fiestas sexuales y de drogas, pero terminó llevando a la cárcel a un hombre que seguramente nunca mató a nadie. La verdad nunca se conoció, pese a varios años de investigaciones judiciales. Pero la vida de aquella chica, menor de edad, nunca volvió.
En febrero de este año, las muertes de Denise y Sabrina, atacadas a traición mientras caminaban con otras dos amigas por al avenida Senzabello, llevaron nuevamente a nuestra ciudad a los diarios y la televisión de todo el país.
Cuando aún estaba fresco el episodio en el que una banda comando asesinó a un empresario local para robarle la recaudación que llevaba al banco, otra vez una masacre hizo que Florencio Varela fuera mala noticia nacional.
El hecho, con ribetes de serie policial, no carece de ningún elemento: relaciones amorosas, fiestas sexuales, drogas y balazos. Todo ello con el corolario de cuatro víctimas: dos de ellas fatales, Denise y Sabrina, y las otras dos, Magali y Némesis, peleando por sus vidas desde una cama de hospital.
Esta vez, la tecnología permitió incentivar aún más el morbo: a las pocas horas del ataque, se difundieron por Whatsapp las fotos de las chicas tiradas en la calle en medio de un charco de sangre, que algunos medios no tuvieron inconvenientes en reproducir sin el más mínimo reparo moral.
Lo que sobrevino ya es sabido: primero se dijo que se trataba de un femicidio obra de un desequilibrado al que una de las chicas había abandonado. Después se dijo que las había tiroteado por despecho, al no ser correspondido en sus sentimientos por una de ellas. Luego se empezó a hablar de un «crimen narco». El propio padre de una de las asesinadas dijo que usaban a su hija para entrar drogas a los boliches. Y hasta hubo testimonios que hablaron del monto de dinero que supuestamente recibían por esa actividad ilegal: entre 5000 y 6000 pesos por noche.
Los dos detenidos, uno de ellos custodio del Bingo Varela, y el otro, instructor de artes marciales, cuyos nombres y rostros fueron también mostrados por todas partes, fueron sometidos a una ronda de reconocimiento, en la que ningún testigo pudo afirmar que alguno de ellos fue el autor de los disparos.

El rol de las cámaras de seguridad del lugar también estuvo en boca de todos. El rumor de que los domos del Municipio no andaban ganó la calle con rapidez y la Comuna se apuró a desmentir la versión, asegurando que su sistema funcionaba correctamente y que las imágenes tomadas habían sido puestas a disposición de la justicia. La grabación no mostró gran cosa. Pero permitió ver que el hombre que aparece en ella no tiene la contextura física del primer detenido.
El caso dio para todo. Hasta para que un anónimo testigo auto denominado «el Chupa» hablara telefónicamente con Crónica TV y dijera que las chicas trabajaban para los detenidos, que efectivamente eran dealers, que habían querido abrirse de la actividad, que por eso las balearon, y que como tenía miedo prefería no revelar su identidad.
Por si faltara algo, ante lo que para todos solo era una coincidencia, que representando a uno de los detenidos y patrocinando a tres de las víctimas hubieran abogados que son empleados municipales e integrantes del espacio político del Intendente Pereyra, la oficina de prensa del Municipio salió a explicar: «no existe vinculación o injerencia de este gobierno sobre el accionar judicial que investiga la masacre ocurrida en nuestro distrito». ¿Hacía falta aclararlo? Definitivamente, algunas aclaraciones oscurecen.
Del mismo modo, se dice que hay mucha gente interesada en que esto se cierre lo antes posible. ¿Podrán las sobrevivientes declarar algo que permita esclarecer este caso? ¿Sabrán quien quiso matarlas, y por qué? Y si lo saben, ¿se animarán a contar la verdad? ¿A quien le conviene que esto quede para siempre sin resolver?
Dos chicas menores de edad están muertas y otras dos heridas. Y nada hace pensar que el caso va a resolverse. Otra vez, fuimos noticia nacional. Por la muerte, por la tragedia, por la corrupción. Como ayer, como siempre. Esto somos. O mejor dicho, en esto nos han convertido.


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