El poder político varelense quiere callar a Mi Ciudad

Edición Impresa » 01/05/2017

Grave ofensiva del poder político varelense contra la libertad de expresión: Francisco «Chicho» Basile anunció una demanda civil por daños y perjuicios contra nuestro medio.

La ofensiva del poder político varelense contra Mi Ciudad y la libertad de expresión no se detiene.
El ex convicto y actual principal proveedor de la Municipalidad de Florencio Varela Francisco «Chicho» Basile, denunciado por la diputada nacional Elisa Carrió, anunció una demanda por daños y perjuicios contra nuestro Director.
Según lo informó su abogado Roberto Pucciarelli a Mi Ciudad, Basile pretende un insólito resarcimiento de 6 millones de pesos por la publicación de una foto relacionada al «caso de la nafta adulterada», por el cual explotó un depósito clandestino de combustible debajo del Ramal Constitución- Quilmes- La Plata en la «Crucecita» de Sarandí, en 1991. Basile estuvo preso por ese hecho, lo que no impidió que con los años se transformara en un exitoso empresario, a quien Carrió definió como «socio o testaferro del Intendente Julio Pereyra».
La pretendida acción civil, anunciada como «daños y perjuicios por afectación a la dignidad», tuvo su etapa previa en una frustrada Mediación que debió desarrollarse en Quilmes el pasado 24 de abril, a pedido de Basile y su letrado, pero no pudo concretarse. El Director de Mi Ciudad, Alejandro César Suárez, y su abogada, la Dra. Mónica Frade, concurrieron a la citación, a la que faltó el propio Basile. El abogado Pucciarelli argumentó que «Chicho» no pudo estar presente porque «tuvo que viajar».
Esta flagrante intimidación, que busca silenciar nuestra prédica, no nos sorprende, aunque sí la magnitud de la suma supuestamente pretendida. Quien en los últimos dos años habría recibido de parte de la Municipalidad de F. Varela más de 315 millones de pesos con tres empresas, y además posee el contrato de recolección de residuos, por un valor de más de 400 millones, ahora quiere obtener 6 millones de pesos de nuestra parte. Difícil que un medio independiente pueda contar con esa reserva monetaria. Pero si nos dieran unos años como proveedores de asfaltos, comedores escolares y recolección de residuos tal vez podríamos juntarla fácilmente, por lo que puede verse.
Mi Ciudad no inventa notas ni hace operaciones de prensa. En este caso, reprodujimos los términos de la acción judicial de Carrió contra Basile, investigamos lo que sus empresas vinculadas facturan, y contamos su turbulenta historia tal como fue.
No es este el primer intento de callarnos en estos últimos meses. El 12 de agosto del año pasado, un sujeto de bigotes que estaba realizando tareas para una de las empresas ligadas a Basile, apoyado con dos matones que se pararon a sus lados, amenazó al Director de Mi Ciudad en plena calle, cuando éste se encontraba fotografiando al camión con el que trabajaban. La amenaza tuvo un objetivo claro: impedir que probáramos que el camión –y la cuadrilla- eran los mismos que, pocos días antes, habían reparado el camino al barrio privado donde vive el Intendente Pereyra, dejándolo en óptimas condiciones para su casamiento. Pero la Justicia no hizo nada con aquella denuncia, por «no poder identificar» al agresor, cuya identidad, sin embargo, en Mi Ciudad logramos conocer en menos de dos horas. El hecho fue repudiado por el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) y la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA).
También, hace poco más de un mes, fue el Secretario General de Administración y Fiscalización de la Comuna, Contador Daniel González, quien pretendió absurdamente que nos rectificáramos de algo que no habíamos dicho, y que en una doble carta documento nos intimó a «abstenernos de realizar publicaciones tendenciosas y malintencionadas». González, que es quien maneja los números del Municipio, y quien decide el ritmo y el monto de los pagos a los proveedores, suele compartir amigables mesas de café en lugares públicos con Basile.
A lo largo de casi 65 años de trayectoria, Mi Ciudad debió enfrentarse a intimidaciones y peligros de todo tipo. Desde alguna bomba y agresiones personales, hasta intentos de censuras francas o subliminales y amenazas. Además, nos tocó soportar la arbitraria suspensión por años de toda pauta publicitaria oficial, pese a ser el periódico de mayor circulación en la ciudad. Y sobrevivimos a un par de acciones judiciales, que siempre terminaron con la razón de nuestro lado, como debía ser.
En casi 65 años nunca tuvimos que desmentir una noticia publicada. Y eso demuestra qué clase de periodismo hacemos.
Sabemos cuál es nuestro rol en esta sociedad, de qué lado estamos, y así seguiremos: firmes en nuestra lucha y consecuentes en nuestro deber de informar lo que pasa, denunciar lo que molesta, y sacar a la luz lo que muchos prefieren ocultar.
Por eso, no lograrán callarnos los dueños del poder de hoy, como no pudieron hacerlo algunos figurones de la deprimente clase política local de ayer.
Nada tenemos que rectificar. Lo escrito, escrito está. Con las mismas letras limpias y la auténtica dignidad que nos distinguen desde siempre.

 

La Dirección.


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