Doble comando

Nota de tapa » 02/12/2017

La política hace milagros. Que un Intendente –Julio Pereyra- que dijo que su ingreso como funcionario “no le alcanzaba para vivir” se haya dado el lujo de pasar cinco meses de licencia “sin goce de sueldo” lleva a pensar de qué forma pudo haberse alimentado durante este período en el que se alejó de la Intendencia sin cobrar ni un centavo. Pero esta y otras cosas se encargará de aclararlas el Juez Armella –o por lo menos así debería hacerlo- que es quien tiene a cargo la causa iniciada por la diputada Carrió contra el flamante legislador provincial por supuesto “enriquecimiento ilícito”.
Lo que nos interesa ahora es determinar hasta qué punto la anunciada salida del cargo de jefe comunal significa también su apartamiento del poder. Y el hecho, más que simbólico, de que el histórico “Barón del Conurbano” aún conserve su despacho en el edificio comunal, ayuda a dar claros indicios para responder aquel interrogante.
Si alguien se creía que Pereyra se iba a ir para siempre de la Intendencia este mes, a partir de que asuma su banca como diputado, es bueno aclararle que estaba equivocado. Gracias a la nueva licencia aprobada por el Concejo Deliberante, que durará hasta el 9 de diciembre de 2019, fecha en la que tendría que finalizar su mandato local, Pereyra podrá dejar su lugar en la Legislatura y reasumir la Intendencia cuando quiera. Aunque suene extraño, no existe incompatibilidad ni impedimento legal alguno para que el hombre pueda ostentar ambos cargos al mismo tiempo, mientras ejerza –y cobre por- sólo uno.

Lo que todos se preguntan es qué tan independiente podrá ser Andrés Watson, el nuevo Intendente, de hecho en funciones desde hace meses, si Pereyra y toda su gente siguen detentando el mando político en el partido. Sabido es que la “30 de Marzo”, bastión del pereyrismo, nunca vio con buenos ojos al ahora ex Secretario de Gobierno. Si a eso se le suman las exigencias de cargos y puestos que pueden caerle en estos días desde aquellos que aspiran a pelearle la candidatura en 2019, la cintura que tendrá que demostrar el joven abogado será sólo asimilable a la de Messi.
Es cierto que muchos especulaban con que su llegada al tan anhelado cargo iba a significar un cambio drástico, de métodos y de alianzas, que se traduciría en el tan esperado despegue de la ciudad. Pero el joven abogado no parece a priori muy decidido a patear el tablero y cambiar de cuajo todo el gabinete que le legó Pereyra, ni a poner coto a las extrañas relaciones que se mantienen con ciertos proveedores municipales, súbitamente enriquecidos merced a su conocida “sociedad” con el poder político.
Hoy por hoy, todo parece indicar que Florencio Varela tendrá un doble comando. Como aquel que alguna vez se les adjudicó a Cristina y Néstor Kirchner.
Aunque siempre hay lugar para las sorpresas. Al fin y al cabo, nadie creía que Julio Carpinetti podía traicionar a Chicho Basile, que fue quien lo llevó al poder en 1983. Ni que Julio Pereyra iba a hacer lo propio con su mentor Carpinetti, una década después.
No sería fácil un escenario similar esta vez. Porque Pereyra aprendió de la historia del peronismo y de la suya propia. Por eso se guardó una carta en la manga: la que le da la posibilidad de volver al ruedo cuando tenga ganas o necesidad de hacerlo.


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