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EDITORIAL

Que hablen las urnas



Editorial » 01/08/2013

Hace una década que se colgaron de la bandera de los Derechos Humanos, pero nombraron a un represor al frente del Ejército.

 

Ante cada denuncia de corrupción contra un funcionario, dicen que «no hay pruebas», pero se pasaron años acusando a la Directora de Clarín de apropiarse de hijos de desaparecidos, y ni siquiera pidieron disculpas cuando se demostró que no era cierto.

 

Hablan contra el capitalismo, pero están desesperados por la plata, multiplicando sus patrimonios inexplicablemente en forma obscena.

 

Dijeron que Menem era «el mejor Presidente de la historia», y votaron con él todos sus proyectos, pero califican a su gestión y a la «Década del 90», como nefastas.

 

Dieron carácter de gesta histórica e hicieron una cuestión de soberanía con la recuperación de YPF, pero a los pocos meses le dieron una concesión a la norteamericana Chevron.

 

Hablan contra la violencia en el fútbol, y hasta acusaron a un periodista por «saber algo» y haberlo advertido antes de la reciente muerte de los dos hinchas de Boca, pero elogiaron a los que «desde los para avalanchas, se ponen de espaldas al partido».

 

Ningunearon a Bergoglio cuando era cardenal de Buenos Aires durante diez años, y sugirieron que tenía vínculos con la Dictadura, pero cuando lo nombraron Papa, corrieron a sacarse una foto con él. Y ahora, también volaron, con candidato a diputado incluido, a mostrarse cerca suyo en Brasil.

 

Se decían orgullosos de la Corte Suprema que habían designado, pero bastó que ésta pusiera límites a sus pretensiones para que pasara a ser un nuevo enemigo, representante de las «corporaciones».

 

Basan sus spots en que son lo contrario del «odio», pero utilizan su gigantesca red de medios estatales y para estatales mantenidos con los fondos públicos para difamar y estigmatizar sistemáticamente a todos los políticos que no integran su partido, y a todos los periodistas que no forman parte de su red de adulones a sueldo.

 

Intentando echar tierra a su flamante adversario Sergio Massa, dijeron livianamente que «en Tigre están los mayores narcotraficantes del Mundo», pero no fueron a buscarlos.

 

Niegan que exista inflación, cepo al dólar e inseguridad, pero persiguen a los que informan los verdaderos índices de precios, negocian con las «cuevas» ilegales y no dan dos pasos sin estar rodeados de custodios.

 

Quieren que vivamos divididos, acusando a los que no están con «el Modelo» de golpistas, como si ellos fueran la única opción.

 

Confesaron que van por todo, y sueñan con una «Cristina eterna».

 

El domingo 11 ya no habrá lugar para relatos.

Ese día, hablarán las urnas.


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