EDITORIAL

Cambiamos

Editorial » 01/11/2015

Cambiamos. El domingo 25 de octubre, millones de argentinos dijimos que estamos cansados de la prepotencia, del autoritarismo, del odio, de la soberbia, de los que se creen por encima de la Ley, de los que se sienten dueños del Estado, de los que estigmatizan al que piensa diferente, de los que quieren controlar a la justicia, ahogar al periodismo independiente, manipular la realidad y distorsionar la historia.
En las Elecciones, se le marcó un límite al «vamos por todo» y se dio el primer paso hacia el fin del kirchnerismo.
El triunfo de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires puso patas arriba a la política nacional y originó un tsunami en el Gobierno Nacional. Decenas de intendentes perdieron el sitio que ocupaban desde hace años, y los que ganaron y aún lo conservan, salieron corriendo a poner las barbas en remojo: por primera vez en casi 30 años no será el peronismo el que dirija los destinos bonaerenses. Por primera vez, tendrán que rendir cuentas por las obras que no se hacen y los fondos que reciben y se evaporan sistemáticamente sin que nadie se haga responsable de su desvío. Por primera vez, tendrán que demostrar si son capaces de gobernar en serio. Y tal vez, quién sabe, hasta tendrán que demostrar cómo pasaron de vivir en una casilla de chapa a Puerto Madero o un country, sin escalas, y con solo un sueldo como único ingreso conocido.
Los argentinos, y mucho más los bonaerenses, estamos hartos de no poder caminar tranquilos por las calles, de ver como crece el paco, y de cómo se insiste en mantener en estado de necesidad a millones de personas, esencial requisito para el funcionamiento de la perversa maquinaria clientelista-electoral. Hartos de que nos subestimen y nos mientan, ocultándonos los índices de inflación y pobreza. Hartos de que nos pinten como próceres a ladrones de guante blanco y como héroes a guerrilleros asesinos. Hartos de que nos quieran hacer creer que cobrar un «sueldo de pobre» es incluír, en lugar de crear trabajo, para dignificar. Hartos de vivir en el medio del atraso, la corrupción, la basura y el desánimo.
El 25 de octubre empezamos a cambiar. El 22 de este mes, tenemos la posibilidad de dar un paso gigante hacia otra forma de gobernar, donde el adversario deje de ser enemigo, donde los funcionarios no usen al Estado para su propio beneficio, donde se coloque a la Argentina al lado de los países líderes y no junto a dictadores de opereta.
Quien gane el 22 deberá corresponder a esta voluntad de cambio y no defraudarnos. Porque no le estamos dando un cheque en blanco ni la suma del poder público, sino un mandato que conlleva explícita la oportunidad –y la obligación- de demostrarnos que al menos esta vez, no volvimos a equivocarnos.


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