EDITORIAL

Watson: sea Watson



Editorial » 02/11/2019

Cuando lo entrevisté algunas semanas antes de las Elecciones, pero después de haber ganado las PASO, Andrés Watson me dijo una frase que no publiqué por razones de espacio pero que hoy rescato como punto de partida de esta nota: «yo todavía estoy limitado como Intendente. Por ahora, la gente solamente me sacó del casillero de pre candidato para ponerme en el de candidato. Si gano en octubre, ahí sí va a ser diferente».
Y Watson tenía –tiene- razón. Si bien está a cargo del Ejecutivo desde hace dos años, su poder no era pleno. Y esto es así porque no sólo accedió a la intendencia debido a que Julio Pereyra se fue a la Legislatura y era el primero en su lista de concejales, sino que, en una actitud de desconfianza inexplicable, el viejo Barón del Conurbano se reservó su Licencia hasta el final de su mandato… No fuera cosa que Watson obrara de la misma manera que él lo hizo con Carpinetti, algunas décadas atrás.
Pero ahora sí, Watson es Intendente por voluntad popular. Vecino auténtico de este Partido, hijo de una familia verdaderamente varelense, ex alumno de nuestros colegios, con hijos que también estudian en Varela, y con una vasta experiencia en la función pública, el flamante ganador de las Elecciones tiene por delante cuatro años para darle su impronta a la administración municipal. Y para eso, tendrá que quitarse de encima una mochila muy pesada. Esa misma que le hizo perder más de 45.000 votos de peronistas que votaron a Alberto, pero lo cortaron a él. Y esa mochila lleva el nombre de Julio Pereyra.
Florencio Varela padeció a Pereyra durante más de 30 años. Su total fracaso como intendente quedó de manifiesto en todos los tiempos: ni siquiera durante los gobiernos de Néstor y Cristina fue capaz de hacer algo por este pueblo, condenado a la miseria, el barro y el abandono desde mucho antes del macrismo, al que ahora pretenden culpar de todos los males. Mientras Varela se hundía, sin agua potable, sin cloacas y sin asfaltos, Pereyra crecía, ganando espacio en la rosca política nacional, saltando de la pobreza absoluta a una mansión con pileta climatizada, y compartiendo denuncias por enriquecimiento ilícito con ex convictos a los que les cedió los contratos públicos con total impunidad.

-¿Watson es Pereyra?
-Watson es Watson, me contestó el jefe comunal en la misma entrevista.

Si de verdad es así, es la hora de demostrarlo. Hay mucho por hacer en esta ciudad abandonada y es legítimo creer que el hecho de compartir el mismo signo político con el gobernador y el presidente puede ayudar a conseguirlo.
La decisión es solo de Watson. De él depende. Tiene por delante el desafío de quedar en la historia como el Intendente que cambió nuestro destino o de ser simplemente más de lo mismo.
Watson: sea Watson. Anímese a sacar a Florencio Varela adelante.


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