ENTREVISTA

María Brighina

Entrevistas » 01/02/2020

Hija de italianos, María Francisca Brighina nació el 27 de marzo de 1928 en la calle Vélez Sársfield de nuestra ciudad, en una vieja casa que era de los Massone- «una familia rica de la Capital», nos dice- y que sus padres, curiosamente llamados Felipe y Felipa, ambos oriundos de Catania, Sicilia, cuidaban. Próxima a cumplir 92 años, nos recibió en su domicilio, sobre la calle Pedro Bourel, bastante cercano al de su primera infancia. Es viuda de Emilio Zamparo, otro italiano, pero de Udine, tiene dos hijas –Norma y Carmen-, cinco nietos y 10 bisnietos, aunque pronto serán once, porque una de sus nietas está embarazada. «Recuerdo cuando íbamos cerca del Cementerio, a la quinta de Repetto, a juntar chauchas, tomates y arvejas», nos cuenta, y agrega: «por ahí estaba la familia Mantova. Doña Rosa Mantova terminó siendo mi madrina, por una costumbre que traía mi mamá de su pueblo de Italia, que cuando alguien nacía, la batita que se usaba en el nacimiento la lavaban y la señora que la lavaba era la madrina».

-¿Cómo fue su infancia?
-El barrio era lindo y tranquilo. Eramos cinco hermanos y jugábamos con ellos. Yo tenía una muñequita que la cuidaba mucho porque me la había regalado mi padrino, Felipe Giustolissi, que era tío de mi mamá. Mis padres eran muy buenos. Nos retaban cuando nos portábamos mal, pero eran muy buenos. Mi papá una vez se cayó cuando estaba podando un árbol de damascos en la casa… Se le quebró la rama y se cayó, y se rompió la columna. Tuvo que operarse y después quedó bien.
-¿De qué trabajaba él?
-Vendía verduras. Con mis hermanos cosechaban acelga, coliflor, lechuga, y las vendían con una canasta.
-¿Y su madre como era?
-Muy buena. Cocinaba pastas… Fideos amasados, pan, en un horno de barro. Nos habíamos mudado a un chalet de la cale Pedro Bourel, en un chalet que era de Cordero. Más tarde mi padrino le regaló a mi mamá el terreno en el que hicieron la nueva casa y fuimos a vivir ahí.
-¿Su madre hacía mermeladas?
-Hacía mermeladas de todo. De duraznos, de hijos, de tomates. Y también hacía conservas de tomates, para vender. Hacía panes y los ponía en unos tarros.
-¿Cómo era eso?
-Cocinaba los tomates, los pasaba por la zaranda, quedaba todo ese líquido, los ponía a secarse al sol, y los amasaba con aceite y los metía en los tarros. Mi papá tenía un carrito y como cuidaba coches en un hotel que había en el Cruce llevaba esos tarros de conserva y los vendía.
-¿También tenían animales?
-Sí. Gallinas, conejos, patos… Mi mamá hacía licor, con menta, y ponía las hojas dentro del alcohol. Una vez yo agarré todas esas hojas y se las tiré a los patos. Al rato, estaban todos tirados en el suelo, muertos… Por tanto alcohol. Era un desparramo de patos.

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