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EDITORIAL

Los dichos y los hechos



Editorial » 01/03/2020

Cada vez que al Peronismo le toca ser gobierno, su mayor oposición surge de sus mismas entrañas. El motivo es parte de su ADN: por ser un «Movimiento» contiene a personas de las ideologías más extremas, lo que hace difícil, por no decir imposible, a quien conduce dejar satisfechos a todos sus integrantes. Y más aún cuando la conducción es bicéfala, con dos cabezas que se enfrentaron fuertemente hasta hace poco tiempo, pero que ahora se unieron en una especie de «matrimonio por conveniencia» para ganar la Elección.
A poco menos de tres meses de su asunción, Alberto Fernández ya tuvo que hacer equilibrio en demasiadas oportunidades y esquivar una buena porción de «fuego amigo». Es su gente la que dice que existen «presos políticos» en el país, y también la que lo acusó de «negacionista» por decir que es hora de pasar de página con respecto a la tragedia de los años 70. Los chispazos entre la insólita Ministra de Seguridad de la Nación y su similar de la Provincia también pueden incluirse en este apartado.
Pero los liderazgos bicéfalos nunca llevaron a buen destino. Mucho menos en una fuerza tan verticalista como el peronismo, que no soporta el reparto del poder en más de un líder. ¿Cómo reaccionar ante los dichos de una Vicepresidenta que en el colmo de la xenofobia y el racismo aseguró que los genes de italianos contienen rasgos mafiosos? Después de la última teoría evolucionista de la autora de «la diabetes es una enfermedad de gente rica», el Presidente tuvo que reunirse de urgencia con el embajador italiano para destacar «el aporte de la comunidad italiana y sus valores para el desarrollo de la Argentina».
¿Cómo pueden convivir las expresiones de Fernández acerca de su respeto a la libertad de expresión con el proyecto impulsado por senadoras cristinistas que busca limitar las investigaciones periodísticas de casos de corrupción? ¿Cómo creer en el respeto a la independencia de los tres poderes si un senador de la bancada oficialista busca intervenir el poder judicial de Jujuy para liberar a Milagro Sala? ¿Cómo confiar en que la prioridad del Gobierno es combatir el hambre, si cuando los chiquitos wichi se mueren por desnutrición, la Ministra –peronista- de Salud de Salta sale a decir que eso «pasa hace muchos años»? ¿Quién puede pensar que existe una verdadera voluntad de combatir el tráfico de drogas si una de las primeras medidas de este Gobierno fue desarmar la Subsecretaría de Lucha contra el Narcotráfico y en apenas dos meses, Rosario tuvo más de 40 víctimas de este flagelo, que el Ministro de Seguridad de Santa Fe –también peronista- atribuyó a «razones estacionales»?
Cuando la retórica –y el relato- chocan con los hechos, algo no funciona como es debido. Pero en esto de edulcorar palabras para que terminen significando algo distinto, el Peronismo también es experto. ¿A qué otro Partido se le hubiera ocurrido –y tolerado- disfrazar un ajuste y hasta el recorte a los jubilados de «aporte solidario»?
Después de todo, ya lo dijo el viejo líder: «no hay otra verdad que la realidad».


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