Víctor Hugo Guevara



Entrevistas » 01/06/2021

Aunque suene increíble, Víctor Hugo Guevara nació en Andorra, adonde circunstancialmente habían viajado su madre embarazada y su padre, para buscar a su abuelo, un vasco francés que años más tarde insistiría –vanamente- para que el hoy reconocido oftalmólogo varelense siguiera sus tradiciones. El nacimiento fue el 6 de enero de 1945. «Fui un regalo de Reyes- dice entre risas a Mi Ciudad-, el Negrito Baltasar». Pero nuestro entrevistado afirma ser «porteño, de Parque Patricios», barrio al que lo llevaron desde muy chiquito y donde hizo sus primeras amistades, entre ellas alguien que también vino a Florencio Varela, aunque con una vocación muy diferente, el Padre Miguel Hrymacz. Amigo del recordado pintor Benito Quinquela Martin y pariente del «Che», está casado con la profesora de Filosofía Vilma Enciso, tiene cinco hijos y dos nietas. Con un pensamiento «de izquierda» pero una personalidad que le valió el respeto de todos, hace un par de décadas estuvo a un paso de ser nombrado «Ombudsman» para defender los intereses del pueblo, pero el poder político local no lo permitió. Con más de 50 años de actividad en nuestra ciudad, y habiendo pasado por destacadas clínicas y sanatorios, entre ellos el Hospital Santa Lucía de la ciudad de Buenos Aires y el Hospital Mi Pueblo de F. Varela, donde fue Jefe de Oftalmología, el Doctor Guevara nos recibió en su casa de la calle Lavalle y nos contó algo de su vida.

-¿Qué recuerda de su niñez?
- Tuve una infancia bárbara, bastante feliz. Jugábamos al fútbol en la calle, porque era un lugar apacible, no había tráfico, y de vez en cuando venía la policía que nos corría un poco o nos ponía unas horas presos y nos retaban. Pero como uno de los chicos tenía un padre que era comisario, después ya no nos molestaban. Aunque la policía era otra cosa en ese tiempo. Nos cuidaba paternalmente, como cuando éramos jóvenes y nos llamaban la atención por volver tarde a casa.
-Háblenos de sus padres. ¿A qué se dedicaban?
-Mi viejo era de Santa Fe y mi vieja de Córdoba. El era panadero, y también trabajó en Gas del Estado, y ella, era mucama. Trabajó en el Hospital de Clínicas de Buenos Aires y fue ascendiendo hasta que llegó a ser la Secretaria de la Cátedra de Oftalmología. De ahí mi especialidad. Mi viejo era muy amigo de Quinquela Martin. Me acuerdo que cuando lo venia a buscar a mi papá, mi vieja decía «Uh, ahí vino este viejo hijo de puta»… Cuando muchos años después yo era Jefe de Guardia en el Hospital Santa Lucía, un día viene una enfermera y me dice: «acá hay un señor muy maleducado, que dice que se llama el viejo hijo de puta»… Y era Quinquela. Me regaló un cuadro y una litografía originales, que todavía conservo. Yo tuve una linda relación con él. Cuando era chico mi papá y él me llevaban a los boliches de Barracas y la Boca donde había juegos como el sapo, el tejo, bochas… Y a mí me daban un «Naranjín». Yo iba re contento con ellos. Pero a mi mamá no le gustaba que se llevara a mi viejo de joda. Ella era muy trabajadora…Tenía dos o tres trabajos. Y tuvo la suerte de que en 1947 se sacó la grande. Murió hace poco, a los 96 años. Y era pariente del «Che». Se llamaba Irma García Guevara Lynch.
-Hablando del «Che», usted fue militante del Partido Comunista…
-Sí, y candidato a intendente, pero como no tenían autocrítica, me fui. Viajé ocho veces a Cuba, y una vez, un comandante de la Revolución me propuso que le enviara gente para atenderla allá, a cambio de un «retorno». Me negué y le dije: «¿Ustedes hicieron la revolución para estas cosas?» Me salvó de ir preso la cuñada del Che, casada con su hermano Juan Martín, con la que yo tenía bastante amistad.
-¿A qué edad se recibió de médico?
-A los 23 años. No me costó mucho., estudiaba seis o siete horas diarias, también sábados y domingos y me rindió. Pero no dejaba de jugar al fútbol ni de ir a bailar…
Muchos compañeros venían a estudiar a mi casa, y no estaban acostumbrados a limpiar los platos .Mi vieja los levantaba en peso y hasta aprendimos, ellos y yo, a cocinar.
-¿Tiene algo para contar sobre sus abuelos?
-Tuve un abuelo que era «curda», el padre de mi vieja, íntimo amigo de mi viejo. Vivió un tiempo con nosotros cuando vivo de Córdoba. Se levantaba a las cuatro de la mañana y barría toda la manzana. Le daban propina y se iba a tomar vino al boliche de Florencio Ganem… Que no era un lugar de borrachos ni pendencieros, alguno tomaba pero era un lugar de charlas sobre historia, filosofía, política… Era interesante. Hasta había una chica joven que iba a jugar al truco y a la que nadie nunca le faltó el respeto. Yo era chico, tenía ocho o nueve años y me gustaba ir por el «Naranjín». Al bar iba un vecino Ricchieri, descendiente del Teniente General. Y una vez nos llevó en taxi a tres de nosotros a una reunión en Capital, donde toda su familia tenía que decidir sobre la venta de unos campos. La reunión se hizo en una mansión, sobre la calle Lavalle. Nos sentaron a todos a una mesa larga, Y este viejito dijo; «me opongo terminantemente a la venta».

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