No eran los glaciares



Editorial » 01/08/2021

Con la confirmación de la compra de 20 millones de dosis de Pfizer, con casi un año de retraso, se cayó una nueva mentira de un Gobierno que sigue fracasando en todos los frentes.
Luego de meses de hablar de las «condiciones inaceptables» que el laboratorio supuestamente había exigido en la operación, y que desde el oficialismo se dijera que los norteamericanos habían «pedido los glaciares» para firmar el convenio, el Gobierno se vio obligado a modificar la ley que impedía la llegada de las vacunas a nuestro país.
Al tiempo que se vanagloriaba de su manejo de la pandemia, el presidente se vio sacudido por la revelación de un mail de su asesora Cecilia Nicolini a Rusia, en el que se reconoce una «situación muy crítica» con respecto al envío de vacunas, y algo peor, donde quedó al desnudo el uso político y electoral de la emergencia: «nos están dejando muy pocas opciones para seguir luchando por ustedes y por este proyecto», se quejó la funcionaria por la falta de las segundas dosis de la Sputnik.
¿El objetivo del Gobierno era salvar vidas o «defender el proyecto ruso»?
Cómo no recordar ahora a Cristina Kirchner, con su conocido histrionismo, desafiando, altanera, en un acto, en junio pasado, manifestando: «¿Quién diría que las únicas vacunas con que contamos son las rusas y las chinas?. Es la misma Cristina que, en plena campaña, criticó por estos días a Domingo Cavallo, al que elogiaba cuando era senadora, en esos años -donde el peronismo menemista fue muchísimo más «neoliberal» que el macrismo- en los que también hablaba despectivamente del «infame trapo rojo» que ahora tanto parece gustarle.
Es imposible, a esta altura, no preguntarse cuántas de las más de 104.000 vidas perdidas pudieron salvarse si como hicieron todos los países normales se hubiera habilitado tempranamente la compra de todas las vacunas posibles, en lugar de cerrarse ideológicamente a las fabricadas por los autoritarismos de izquierda amigos de nuestros funcionarios. Algún día la Justicia debería avanzar sobre las responsabilidades penales de estos defensores de fracasadas ideologías que priorizaron sus obsoletas conveniencias geopolíticas a la salud de los argentinos.
Pero las malas noticias siguen: A la catástrofe sanitaria se le suma el desastre económico: 20.000 PYMES cerraron durante el último año, con la pérdida de más de 100.000 puestos de trabajo, volvió el trueque, señal de las peores épocas, el asado prometido subió al doble en un año, la inflación crece y el peso se devalúa día a día, sin que asome plan económico o idea algunos para revertir la situación.
Las excusas ya no alcanzan. Ni siquiera la de la Pandemia. Los números negativos de nuestra economía no pueden compararse ni siquiera con los de los países más cercanos. Perdieron el rumbo, si es que alguna vez lo tuvieron, más allá de sus conocidas apetencias de poder e impunidad.
No eran los glaciares. Era que estaban haciendo política con la salud de la gente. Era su hipocresía de siempre. La que antepone el relato a la realidad y la ventaja a la justicia.
La de los que gritan que «la patria es el otro», mientras corren a darse la vacuna pasando por encima de los demás.


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