NUESTRA GENTE

Guillermo Dingevan



Entrevistas » 01/10/2021

Nos recibe en un cálido cuarto, rodeado de libros, fotos de sus nietos –tiene ocho- y decorado con platos pintados artesanalmente que revisten las paredes. Su esposa, la maestra Patricia Negri, nos trae unos jarritos con mate cocido y algunas cosas dulces para disfrutar mientras avanza el reportaje. Con ella tuvo tres hijos: Guillermina, Ernesto y Ana. Nació el 31 de enero de 1940 en Capital Federal pero llegó por primera vez a Florencio Varela a fines de la década del 50. Ya jubilado, dedica su tiempo a leer –sobre todo, Historia- y sigue jugando al tenis en el Varela Junior, con un grupo que, entre otros, integran Quico Diéguez y Fernando Draghi. Resalta que quisiera que «la dignidad del trabajo se impusiera a la esclavitud de los planes sociales» y nos reconoce que a veces los visitadores médicos no son bien vistos por los pacientes, por el tiempo que pasan con los profesionales. «A veces el medico te hace charlar mucho porque descansa», confiesa. Así conversamos con Guillermo Dingevan.

«En 1946 fuimos a vivir con papá y mamá a La Plata, donde viví una infancia extraordinaria. Fue una buena época. Cursé en la Escuela Anexa, y en el Colegio Nacional. Papá era gerente del Trust Joyero y vivíamos en el mismo negocio, atrás… Jugaba al fútbol en el predio donde ahora está la Universidad. Yo iba caminando a la escuela, que quedaba en el Bosque, y también al club, Estudiantes de La Plata. La Escuela era muy completa. Tenía Inglés, Francés, Mecanografía, hasta Danzas Nativas, con una maestra para las cuatro materias principales- Los demás eran todos profesores», comienza.

Al recordar aquellos años, hace una pausa para nombrar a alguien especial, el abogado asesinado en la Dictadura y ex dirigente radical Sergio Karakachoff. «Era muy compañero mío y un rebelde total», señala.

-¿Quiénes fueron sus padres?
-Mi madre, Rosalía, era extraordinaria, muy de la casa. Nos malcriaba pero lo suficiente como para que no siguiéramos en ese camino. Papá se llamaba Guillermo y era muy derecho. Murió joven. En 1954 lo nombraron gerente en la casa Central, frente al Obelisco, y nos fuimos a vivir a Capital. Ahí hice el Secundario en el Colegio Roca.
-¿Y sus abuelos?
-Mi abuela paterna, María Verónica, era de Junín, una vasca francesa, casada con mi abuelo Charles Dingevan, un inglés que vino por los Ferrocarriles. Y mi abuela materna, divina, Aída Marciante, siciliana, que me hablaba de Sicilia como si fuera el Imperio Otomano. Le encantaban las naranjas, las castañas… Y me enseñó a hablar en Italiano, pero ya me olvidé.
-¿Cómo llegó a nuestra ciudad?
-Cuando papá se enteró de que estaba muy enfermo me consiguió un trabajo como preceptor en la Escuela Nacional de Comercio. Yo tenía 18 años recién cumplidos. Viajaba todos los días desde Belgrano, eran dos horas de viaje. El primer día me recibieron Estela Negri y Luis Castaldo, que era el tesorero del colegio y un tipo extraordinario. Estaba Jaime Grastein, que era el inspector Después vino Tino Rodríguez, que era profesor de Geografía. De él recuerdo su humorismo, ácido, y su rectitud. Me hacía reír mucho .Estaba impecable siempre, con traje cruzado… ¡Cómo imponía autoridad al grito militar! Pero todos lo querían. Entre los alumnos estaban Rolo Negri, los Molinero, entre las pibas, Zulma Martínez «Pochi» que era muy linda, Di Módica, Como profesores estaban Araoz, Cirito, Malena Dreyer, Bossi…

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