No se trata de magia



Opinión » 01/09/2022

¿Por qué nos asalta ese odio soterrado, disimulado, a veces enardecido, cada vez que por cuestiones laborales o profesionales nos reunimos con uruguayos, brasileros, paraguayos, bolivianos, chilenos, ecuatorianos y colombianos? Soportar las «gastadas» de los uruguayos, que muy sueltos de cuerpo nos dicen: ¡Ché, que barato está todo acá!

¿Por qué nos asalta ese odio soterrado, disimulado, a veces enardecido, cada vez que por cuestiones laborales o profesionales nos reunimos con uruguayos, brasileros, paraguayos, bolivianos, chilenos, ecuatorianos y colombianos? Soportar las «gastadas» de los uruguayos, que muy sueltos de cuerpo nos dicen: ¡Ché, que barato está todo acá!
Y para ponernos sal en la herida, alguno agrega: Mi mujer y mi hija se están comprando todo. Buenos Aires es mucho más barato que Montevideo…
Digo, ¿no habrá llegado la hora de revisar nuestra conducta?
¿Hasta cuándo seguiremos repitiendo esas tonterías chauvinistas del «compre nacional», «veranee en el país», «cerremos las exportaciones para abaratar los alimentos», etc?
Nos guste o no, vivimos en una aldea global, que se anuncia desde hace 50 años.
En una reciente nota en el Diario Clarín, el historiador y profesor de la Universidad de Bolonia, el italiano Loris Zanatta, a propósito de argentinos y uruguayos, escribía: «Para proteger a mis conciudadanos, dijo el presidente uruguayo, lo mejor es abrir mi país al mundo. Del otro lado de la pantalla, el presidente argentino había argumentado lo contrario. Y en efecto, la legislación argentina está llena de «cepos», de «compre nacional», de «dólares turistas». Ante la vida, la historia, la política, ante todo, se pueden asumir dos tipos de actitud: una de apertura, otra de clausura».
Sólo nos animamos a agregar: «Nunca es mala la verdad, lo que no tiene es remedio».
También, convendría revisar el discurso de la tilinguería tanto oficialista cómo opositora. Porque, en verdad, más allá de los «misiles verbales» que se arrojan de uno y otro lado, nadie se anima a mencionar al verdadero origen del mal.
Estimado lector, si usted es peronista no va a aceptar que le digan que el problema lo originó el peronismo. Por el contrario, si usted está en las antípodas, no aceptará que el mal se originó en el sector agropecuario o en la clase media o en los medios de difusión contrarios al Gobierno o –en fin- por culpa de los gorilas que andan por ahí.
El problema es que al final, ninguno de los dos grupos tendrá razón; o, más bien, ante la falta de argumentos, de ambos lados buscarán echarle la culpa al de enfrente. Como ocurre en matemáticas, la suma de cero más cero es igual a cero, o sea: el problema no se arregla con dialéctica.
Pero, LA pregunta, seguirá dando vueltas por la cabeza de todos. ¿Dónde (cuándo) se originó el mal?
Ya se sabe; el ser humano quiere que le digan lo que quiere escuchar. La respuesta es tan, pero tan anti política, que nadie querrá imaginarla siquiera.
Probemos. Pero, antes preguntémonos ¿qué estaríamos dispuestos a hacer durante, digamos, cinco años para «levantar al país» de la crisis?
Mire, la idea es que durante 5 años el Estado no podrá aumentar ningún impuesto, ni las tarifas energéticas o el transporte público; además deberá reducir los aranceles por exportación y no podrá inventar nuevos impuestos; el Estado mantendrá inflación cero. El ciudadano tiene derecho a un Estado moderno y eficiente.
Pero, también los ciudadanos tendremos obligaciones: Durante cinco años obreros y empleados estatales y privados cobrarán el mismo sueldo; se congelarán jubilaciones, alquileres y el precio del pan, carne, y otros alimentos.
Mire, lector, antes que se ponga colorado por leer esto; si el Estado, las empresas privadas y los particulares asumen la tarea, en 10 años volvemos a estar entre los diez primeros países del Mundo.
No se trata de magia. Se trata de compromiso.


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