Esperando el cambio



Editorial » 03/03/2024

La difusión, por parte de la UCA, del nuevo índice de pobreza, causó el impacto de siempre. Según el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad, el indicador llegó al 57,4 por ciento en enero de este año, el más alto de los últimos 20 años.

La difusión, por parte de la UCA, del nuevo índice de pobreza, causó el impacto de siempre. Según el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad, el indicador llegó al 57,4 por ciento en enero de este año, el más alto de los últimos 20 años. Polémicas al margen acerca de si el número es exacto o no, lo cierto es que el declive que sufre el país desde hace por lo menos más de dos décadas es indisimulable y preocupante. Y los culpables son muchos, pero principalmente quienes nos gobernaron, arrastrándonos hacia la decadencia.
Para completar este panorama desolador, los argentinos, que hasta hace poco habíamos sido insistentemente retrotraídos a la década del 70, ahora fuimos teletransportados más atrás aún en el tiempo, alrededor de 1850, cuando el Gobierno Central se enfrentaba a las provincias. Con un estilo difícil de calificar, el presidente Milei arremete contra todo y encara las reformas de un modo hasta ahora desconocido para el arco político nacional. Pero es indiscutible que la gente lo votó para que cambie muchas cosas que demasiados intereses se oponen a que sean cambiadas, y el hombre se mantiene firme en ese derrotero.
Motivos no le faltan para no moverse de su camino. Cada caja que se toca, cada balance que se lee, cada presupuesto que se estudia, deja a la vista un escandaloso negociado. El descontrol y el pillaje desplegados desde el Estado en los últimos años parece ser gigantesco. Sólo en los últimos días, se conocieron los dudosos manejos de los «fondos fiduciarios», millones de dólares que el kirchnerismo repartió sin control alguno para que varios «gerentes de la pobreza» siguieran aceitando la maquinaria de esclavitud que les permita conservar sus quintas de poder, el desmanejo en la contratación de seguros en la ANSES y la existencia de miles de beneficiarios de planes sociales que viajaron al exterior, inclusive disfrutando de lujosos cruceros.
Y como si fuera poco, reapareció Cristina. Súbitamente preocupada por «la mesa de los argentinos» después de su vergonzoso último triunvirato con Alberto y Massa, que dejó una inflación récord y una nación arrasada, la condenada ex mandataria debería explicar antes que nada por qué después de 20 años de los supuestos beneficios del kirchnerismo siguen existiendo en nuestro país los comedores populares.
También, podría contarles a sus súbditos como se explica -y de paso compartir su fórmula mágica-, que mientras todos nos empobrecimos, su patrimonio se haya incrementado en 2023, y cómo se entiende que pese a su continua prédica «anticapitalista» y «antinorteamericana» haya comprado acciones de empresas como Coca Cola, Microsoft, Apple y hasta Mercado Libre, a cuyo fundador Marcos Galperín el kirchnerismo y sus voceros dedican una descalificación y asedio mediático permanente. A propósito, fue el propio Galperín el que con un contundente tweet le puso las palabras justas al asunto: «Con la de ellos son capitalistas. El socialismo es siempre con la tuya, contribuyente». Nunca mejor explicado.
En medio de todo esto, claro, estamos, como siempre, nosotros, los rehenes de un sistema que desde hace décadas hace cada vez más ricos a los políticos y más pobres a los trabajadores. Los que soportamos cada ajuste estoicamente y cada cuatro años nos subimos a una nueva esperanza buscando un destino mejor. Los que esperamos un cambio que rompa definitivamente con las estructuras de atraso, burocracia y corrupción que nos tienen maniatados desde hace tanto tiempo.


TAMBIÉN PUEDE INTERESARTE