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EDITORIAL

Nada nuevo bajo el sol



Editorial » 01/05/2014

El ocultamiento del índice de pobreza por parte del Gobierno Nacional no es sino un eslabón más de la larga cadena de mentiras y negaciones a las que la administración kirchnerista nos tiene acostumbrados desde hace más de una década.

Creer que «no hablar» de los problemas que nos aquejan o maquillar la realidad con la cosmética berreta de los medios oficialistas es una manera eficiente de hacerlos desaparecer, es una de las características salientes del Modelo K. y los ejemplos abundan. Desde la «sensación» de inseguridad hasta las falaces cifras del INDEC, el engaño forma parte esencial de la construcción del Relato.

Sin embargo, y pese al persistente fervor papal de la Presidente y sus funcionarios, fue la propia Iglesia quien le puso un número a la situación real: en un informe difundido en estos días por la Universidad Católica Argentina (UCA), se asegura que el índice de pobreza en el país llegó a 27,5 % en 2013, aumentando casi un punto respecto al año anterior, debido a la recesión y a la inflación. Esto significa que hay 11 millones de pobres, a los que nos llegó la «redistribución de la riqueza» tan proclamada.

Por otra parte, se supo que en los primeros 23 días de abril, hubo 21 asesinatos en Capital y el Conurbano. Y hasta el mismo Aníbal Fernández, fue víctima de un robo, cuando delincuentes se llevaron su lujoso automóvil.

Ante estos nuevos datos contundentes, el Gobierno opta, una vez más, por la negación. A través del repetido show de stand up de medio pelo que brinda Jorge Capitanich cada mañana desde Casa de Gobierno, el jefe de Gabinete dijo que la pobreza en Argentina «se redujo drásticamente». En igual sintonía, y con expresiones más que polémicas, la propia Presidente de la Nación relativizó la inseguridad al declarar: «los hechos delictivos no comenzaron hace dos años. Estaban en el 93». Esto último, acompañado, no hay que olvidarlo, con la insistente intención de modificar el Código Penal para eliminar la reincidencia y dar todavía más facilidades a los delincuentes. Una doble provocación para los cada día más familiares de víctimas de hechos de violencia que ven morir impunemente a sus seres queridos sin que nadie haga nada por evitarlo.

Así estamos. Con un Gobierno que se preocupa más por los medios, la vuelta de Tinelli o las imitaciones de Oggy Junco que por el rumbo equívoco que hace rato tomó el país.

Como también dijo la Presidente, «nada nuevo bajo el sol», ya que mientras los gobernantes parecen protegidos por trajes de amianto, somos los ciudadanos los que seguimos quemándonos, una y otra vez.


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