EDITORIAL

Peronismo hipócrita

Editorial » 01/01/2019

«Esta no es la persona que nosotros conocíamos», dijo la Presidenta del Concejo Deliberante de Florencio Varela, Laura Ravagni, al fundamentar su voto para echar a Daniel Zisuela del cuerpo legislativo.
«Compartí su lista pero no lo conozco, ni siquiera tengo su teléfono», dijo el abogado Guillermo Poletti, a pocos minutos de asumir una banca en lugar del ahora caído en desgracia ex edil.
¿Y cuál es el Zisuela que sí conocían? ¿El que con miembros de su familia manejaba el estacionamiento medido trucho en el Florencio Varela de comienzos de los noventa? ¿El que esclavizó a 200 trabajadores en «La Voz del Campo», en 1995 y obligó a una obrera a seguir carpiendo la tierra hasta que perdió su embarazo? ¿El que apareció en una cámara oculta en la televisión nacional ofreciendo plata para que los denunciantes de esa causa se desdijeran? ¿El que manejó durante años a su antojo la delegación zonal de los gastronómicos? ¿El que llevó a uno de los clubes más tradicionales del país, Argentino de Quilmes, a la ruina?.
Luis Barrionuevo desde su sindicato, y Sergio Massa desde su partido, también expulsaron a Zisuela al conocerse la acusación por prostitución de menores, un supuesto hecho por el cual, no hay que olvidarse, todavía no hay condena. Es bueno remarcarlo, ya que los peronistas últimamente se pusieron muy quisquillosos con este tema, y se niegan a sacarle los fueros a Cristina Kirchner, jefa de una banda delictiva según la Justicia, justamente porque «no está condenada». Pero a Zisuela no le dieron ni el beneficio de la duda.
Tal vez Massa y Felipe Solá tampoco lo conocían. Pero resulta que a ambos se los vio por nuestra ciudad, y repetidas veces, a los besos y abrazos con el «compañero» detenido, y con el «Lagarto» Olmedo, otro personaje al que tal vez algún día también decidan «desconocer».
Pero Zisuela formó parte desde siempre del peronismo varelense. El de Carpinetti, Chicho Basile, Julio Pereyra, Héctor Salatino, el Lagarto Olmedo, Dardo Ottonello, y siguen los nombres.
El «asombro» por el hecho que lo involucra suena tan hipócrita como el de los que se sorprenden por el lujo y la ostentación con los que vivía. No se asombren tanto: se trata del mismo estilo de vida que disfrutan cada uno de los integrantes de la casta que gobierna esta ciudad desde hace más de 30 años.


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