EDITORIAL

El Metrobus y las miserias

Editorial » 01/10/2019

A pocos días de las Elecciones en las que se decidirá el nuevo Presidente de la Nación, la tan mentada «grieta» parece haberse hecho más profunda que nunca. Y en eso, mucho tienen que ver los dirigentes, que de uno u otro lado, se ocupan de llevar todas las disidencias a un límite que en los países con auténtica cultura democrática sería impensado.
En nuestra ciudad, y luego de una larga espera, se inauguró el Metrobus. La obra, cuestionada desde sus inicios por el poder político varelense, constituye una indudable mejora en la calidad del transporte de miles de vecinos que se trasladan en colectivo. Sin embargo, funcionarios locales se encargaron de llenar las redes con consignas contrarias al emprendimiento. Ni que hablar de la «militancia digital», particularmente disciplinada mediante «milita.org», la plataforma creada por el barón del conurbano Julio Pereyra para subir y repetir a diario decenas de historias en contra del Presidente Macri y la gobernadora Vidal.
El actual Intendente, Andrés Watson, no estuvo presente en el acto oficial, según se informó, por «problemas de agenda», una excusa infantil para no asistir a una mega obra que se diseñó, inició y finalizó con fondos nacionales, por suerte sin singulares «intervenciones» del gobierno municipal. Ese mismo día, por la mañana, la oficina de Prensa de la Comuna había dado indicios de lo que sucedería, cuando remitió a los medios un informe que hablaba de los cortes en el tránsito «por medidas de seguridad dispuestas por el gobierno nacional», sin mención alguna al Metrobus.
Sobre si el Metrobus era o no una prioridad para F. Varela, seguramente no lo era. En esta ciudad, hundida en el atraso y el abandono, el 70 por ciento de la gente no tiene cloacas, hay más de 700 cuadras sin asfaltar y cientos de vecinos carecen de agua potable. Todo eso, desde mucho antes del desastre económico que nos legó Macri, y como consecuencia de casi 40 años de peronismo.
Es la misma ciudad en la que, los que ahora dicen que el Metrobus es «plata tirada», en su momento aplaudieron con entusiasmo la inauguración por parte de Pereyra de una fuente espantosa que no duró ni tres meses en la Peatonal Monteagudo, y de otra, de la que nunca fluye agua, popularmente bautizada el «Monumento al Chorro» en la Curva de Berraymundo.
En tiempos de grieta, las miserias de nuestra clase política quedan más al descubierto que nunca. Sobre todo a nivel local, donde esas miserias están acompañadas por inoperancia y corrupción.


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