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Vergüenza en la UNAJ

Nota de tapa » 02/01/2020

¿Se puede ser autoritario, represor, violador de Derechos Humanos, corrupto, misógino, prófugo de la Justicia y al mismo tiempo recibir la condecoración de una universidad pública? En Florencio Varela, claramente, sí, siempre que el homenajeado forme parte de la tendencia política que maneja esa universidad.
Durante el último mes del año, la Universidad Nacional Arturo Jauretche distinguió al prófugo expresidente de Ecuador, Rafael Correa, con el título de «profesor honorario». El exfuncionario, además, se dio el lujo de dar una conferencia en el claustro universitario, donde desplegó su conocido odio hacia la libertad de expresión y no ahorró elogios para su gestión, el PT brasileño y el kirchnerismo.
Del acto participaron el flamante Ministro de Educación de la Nación, Nicolás Trotta, quien dijo que «Correa es uno de los mejores de nosotros», el rector Ernesto Villanueva, el Intendente Andrés Watson y el electo concejal y funcionario nacional Arnaldo Medina.
Correa se escapó de su país perseguido por la Justicia, y está procesado en dos casos de extrema gravedad, uno de ellos por coimas que financiaron su campaña política y otro por haber ordenado el secuestro de un político opositor.

 

«Déjanos en paz»

 

En el informe «Déjanos en paz», elaborado por las reconocidas periodistas ecuatorianas Daniela Arias y Erika Guerrero, se recopilan los discursos de Correa en los que utilizó un lenguaje estigmatizante hacia las mujeres que no coincidían con su pensamiento, y aún otras de su propio sector político. «Sufridora, neurótica, corrupta, mentirosa, desquiciada, mediocre, deshonesta, mala fe, anti patria, etcétera. Son algunas de las muchas ofensas utilizadas por Correa para menoscabar la reputación de mujeres críticas a su Gobierno. Ese trato discriminatorio se convierte en violencia política», se dice en el informe.
Correa tenía un show televisivo –los «Enlaces Sabatinos»- que se emitía en cadena en más de 300 medios. De acuerdo al informe, entre 2013 y 2016 hubo en ellos 95 términos agresivos hacia mujeres. Estos se dividieron en cinco clases de insultos: el insulto injurioso, la amenaza, la ironía, el insulto descalificador y el piropo morboso. Sus víctimas fueron activistas de Derechos Humanos, periodistas y políticas, y hasta alguna ministra de su gobierno. Entre muchos ejemplos, la economista Martha Roldós fue calificada como «politiquera» y «fracasada», la abogada y presentadora de Teleamazonas María Josefa Coronel, fue tildada de «chiflada», la abogada y política opositora Lourdes Tibán fue acusada de «mentirosa y politiquera» y a la docente Mery Zamora le dijo «farsante» e «hipócrita». Cynthia Viteri, candidata a presidente de la oposición, luego diputada, tuvo que padecer un caso que se mantuvo por días en los medios de comunicación. Como respuesta a sus propuestas en materia económica, Correa dijo desde su posición de poder: «Esta señora que no hable de economía, queda mal, que hable de cualquier cosa. Que hable, por ejemplo: de maquillaje (...). Se la ve más falsa que un billete de 2.50 porque aparece sin una arruga, sin un barrito, muñequita de pastel y así nos quieren impresionar, puro maquillaje». Lo dijo durante el enlace ciudadano Nº 495, el 8 de octubre de 2016.
Un caso especial y particularmente repugnante es el acontecido con su entonces ministra de Transporte y Obras Públicas Paola Carvajal. En el Enlace ciudadano N° 415 Correa intimidó a la funcionaria al pedirle al camarógrafo que la enfoque de arriba hacia abajo: «Vean esa parada sexy, está guapísima así, muy sexy. ¿Le ven la pinta de tecnócrata, tecnocumbiera y cumbiambera?», dijo el hombre que vino a F. Varela a abrazarse con Villanueva, Trotta, Watson y compañía.
Los casos son muchos más y pueden encontrarse en las redes sociales.

 

¿Y la Ley Micaela?

 

Hace dos meses, la UNAJ informó que se realizó en su ámbito la capacitación con perspectiva de género y sobre violencia contra las mujeres para su personal Nodocente, en el marco de la adhesión a la Ley Micaela. En un comunicado, el centro educativo señaló: «Luego de sancionada la Ley en diciembre de 2018, que prevé capacitaciones obligatorias con perspectiva de género para los funcionarios de los tres poderes del Estado, los rectores y rectoras de las casas de altos estudios resolvieron adherir a los preceptos de la Ley Micaela tanto en el sistema universitario como en el marco del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN).
En el caso de la UNAJ , los funcionarios trabajaron sobre la temática de género y las problemáticas vinculadas al ámbito académico específico, donde permanentemente surgen cuestiones que demandan una reflexión desde esta perspectiva. La universidad viene trabajando en los temas de género con la implementación del Protocolo de actuación ante situaciones de violencia de género, la presentación del proyecto y aprobación de la paridad de género en los organismos de representación de claustros y la creación del espacio Mónica Garnica, en homenaje a una estudiante víctima de femicidio, entre otras acciones. La capacitación suma un hito más para la promoción de la igualdad y la inclusión de los géneros en la institución». Parece que la Ley Micaela no se aplica a la violencia de género que ejerce Correa, o que las autoridades de la UNAJ ven las cosas con un solo ojo.

 

«Correa reprimió y violó derechos humanos»

 

Mi Ciudad entrevistó en exclusiva a César Ricaurte, quien es uno de los más prestigiosos periodistas de Ecuador y el Director Ejecutivo de la Fundación Andina para la Observación y Estudio de Medios (Fundamedios), la organización creada en 2007 que registra los ataques a la libertad de expresión que se producen en ese país. Ricaurte se desempeñó entre otros medios en los diarios El Universo y El Comercio, y recibió el Premio Franco-Alemán de Derechos Humanos y del Estado de Derecho, en 2017. Es egresado de la Universidad Central del Ecuador y tiene una Maestría en la Universidad Andina Simón Bolívar.
-¿Quién es Rafael Correa?
-Es un caudillo autoritario que gobernó de una forma antidemocrática en Ecuador entre 2007 y 2017. El suyo fue un gobierno que reprimió y violó derechos humanos no sólo de periodistas sino también de indígenas, líderes sociales y líderes sindicales, y persiguió a todo aquel que fuera una voz crítica a su gobierno. Como parte de la construcción de ese régimen autoritario, tomó el control de todos los poderes del Estado.
-¿Cómo hizo esto?
-Cuando llegó al poder no tenía fuerza legislativa, su movimiento político no presentó candidatos al Congreso, pero después tomaron ese Congreso con una serie de maniobras políticas, comprando diputados esencialmente. Lo disolvieron y llamaron a una Asamblea Constituyente. Aprobaron una Constitución hiper presidencialista, que le dio mucho poder al presidente, y crearon el Quinto Poder, que es el poder de participación ciudadana, pero que en realidad se convierte en un poder de control directo del partido de gobierno y particularmente de Rafael Correa de todos los poderes del Estado. Este poder es el encargado de nombrar todos los altos funcionarios del Estado: fiscales, procurador, etc… Y hay un momento en el que Correa toma el control de la Justicia: destituye al Consejo de la Judicatura, y nombra otro ad hoc, con tres personas designadas por él, que comienzan a nombrar a todos los jueces del país. Así empezó la persecución judicial contra todo aquel que se opusiera o criticara al gobierno.
-Sobre todo contra el periodismo…
-Contra la prensa fue especialmente duro. Durante su período registramos 2500 agresiones contra la prensa, muchas de ellas perpetradas directamente por él. Los sábados él tenía un programa semanal, llamado «Informe a la Nación», que era un show de televisión que se trasmitía por 300 medios de comunicación, y ahí dedicaba gran parte del tiempo a un discurso de odio y estigmatizante contra la prensa, inclusive mostrando fotografías de periodistas y de líderes sociales pidiendo a sus partidarios que vayan a por ellos. Rompía periódicos… Y en ese mismo show ordenaba a los jueces que condenaran a sus adversarios.

-¿Las agresiones se limitaron a sus dichos televisivos o fueron más allá?
-Hubo periodistas detenidos, otros que se exiliaron, medios cerrados directamente por el Estado, y otros que cerraron porque ya no tenían condiciones de seguridad para trabajar. Por ejemplo, la revista Vanguardia, que se dedicaba al periodismo de investigación, que decidió cerrar cuando se aprobó la Ley Orgánica de Comunicación, que fue promovida por Correa para controlar los contenidos de los medios. Esta ley hacía imposible cualquier tipo de investigación periodística y planteaba el linchamiento mediático a cualquiera que hiciera un seguimiento de un escándalo de corrupción, que era inmediatamente sancionado por una Superintendencia de Información y Comunicación que se creó con esta ley.
-¿A cuántos periodistas se les aplicó esta ley?
-En cinco años de vigencia de esa ley, de 2013 a 2018, se hicieron 800 procesos contra medios y 500 sanciones económicas o administrativas. La ley se utilizó a mansalva para tratar de controlar el contenido de los medios. Al mismo tiempo, generó un enorme aparato de propaganda estatal, con el control directo de 45 medios de comunicación, e indirecto, a través de pautas, de otros más de 300 que trasmitían su show semanal, Además usaba, como Cristina en Argentina, las cadenas nacionales… Pero no sólo con el presidente hablando sino que obligaba a los medios a trasmitir pequeñas «pastillas» muy bien producidas, de pocos minutos, para vanagloriar la figura de Correa y atacar a los adversarios. Uno salía en esas cadenas y quedaba marcado, y después era agredido en las calles por los partidarios de Correa.
-¿Hubo otras violaciones a los derechos humanos?
-El año pasado se formó una Comisión de la Verdad, que investigó cómo se utilizó el aparato judicial para perseguir a periodistas y líderes sociales violando todos sus derechos. Y se determinó que había una responsabilidad directa del presidente Correa. Además se reprimió duramente al movimiento indígena, ahora extrañamente aliado a Correa, especialmente para dar cabida a grandes proyectos mineros y petroleros. Su gobierno se basó en un enorme gasto fiscal y en el precio de las materias primas y el petróleo. Como necesitaban cada vez más dinero abrieron explotaciones mineras y las poblaciones que vivían en esos territorios fueron reprimidas, inclusive con asesinatos. También se reprimió a maestros y comerciantes. Era un gobierno con un discurso de progresismo e izquierdismo pero que gobernó de una forma implacable contra los movimientos sociales. Y con una corrupción desmedida, con miles de millones de dólares perdidos, desviados, proyectos en los que se invirtieron millones como el de una refinería que hoy solo es un terreno vacío. Y en muchas obras de infraestructura se descubrió un masivo desvío de fondos.
-Correa está procesado. ¿Por qué exactamente?
-Tiene un proceso por haber ordenado el secuestro en Colombia de un opositor llamado Fernando Valda. Según la acusación, Correa ordenó a agentes de inteligencia que lo siguieran y lo trajeran a Ecuador. Fue capturado, secuestrado, metido en un avión, y lo encarcelaron en Ecuador. Y el otro caso, es el llamado «Arroz verde»,sobre coimas para financiar las campañas electorales de Correa y su partido, una trama de sobornos con compañías brasileñas y chinas. En las dos causas tiene orden de prisión preventiva, pero como Interpol no ordenó su captura se pasea a las anchas por el Mundo. Ambos procesos tienen abundantes pruebas sobre su participación.

 

«El futuro es nuestro»

 

«La UNAJ sintetiza el proceso de cambio de la Argentina y esta nueva etapa que se abre para todos los argentinos. Hay una chispa de esperanza que se siente en Argentina. Rafael es uno de los mejores de nosotros. Transformó de raíz su país... Somos parte de una América Latina en disputa, somos parte de una esperanza y el mensaje que nos viene a traer Rafael Correa es que las luchas son permanentes, pero el futuro es nuestro», dijo el titular de la cartera nacional de Educación, Nicolás Trotta, durante la presentación de Correa en la UNAJ.

Lo deseable es que el futuro no tenga nada que ver con esto. Una Universidad debe ser un centro donde se escuchen todas las voces, y no una usina de bajada de pensamiento único. Sobre todo si es una universidad pública, que es de todos y no de un partido político.
Homenajear a un personaje de la calaña de Correa debería darles vergüenza. Pero muchos la perdieron hace rato.


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