El éxodo invisible de las jóvenes madres de Ingeniero Allan



Informe Especial » 01/09/2026 01/09/2026

Son las 4:15 de la mañana y el clima cala los huesos en la Diagonal Los Tehuelches, en pleno corazón de Ingeniero Allan. Jésica (23 años) acomoda la manta de su bebé de un año mientras espera el colectivo de la línea 197 (el histórico ramal ex-129) que la llevará hacia Once, en la Capital Federal.

Son las 4:15 de la mañana y el clima cala los huesos en la Diagonal Los Tehuelches, en pleno corazón de Ingeniero Allan. Jésica (23 años) acomoda la manta de su bebé de un año mientras espera el colectivo de la línea 197 (el histórico ramal ex-129) que la llevará hacia Once, en la Capital Federal. Como cientos de jóvenes y jóvenes madres de la periferia agraria y urbana de Florencio Varela, su jornada laboral no empieza en una oficina ni en una fábrica local, empieza con una odisea de transporte de más de dos horas y media de ida, costeando pasajes que devoran casi el 30% de sus ingresos diarios.
Mientras Jésica viaja hacinada, la cuenta de Instagram de la Secretaría de Industria y Desarrollo Productivo del Municipio exhibe una realidad paralela, fotos de estudiantes de secundaria recorriendo pulcramente el Parque Industrial (PITec) y placas con anuncios clasificados de empresas privadas.
La pregunta aquí, querida vecina y vecino varelense, es ¿Esto es una política pública de empleo o un catálogo de marketing institucional?
Así, la localidad de Ingeniero Allan, ubicada en el periurbano del distrito, sufre de forma cruda lo que la sociología laboral denomina «segmentación y aislamiento geográfico del mercado de trabajo». Para una joven madre de la zona, conseguir un empleo formal en su propio territorio es una utopía estadística. Y si de datos hablamos, vecina y vecino, porque no andamos con el medio pelo, los datos académicos coinciden en un diagnóstico estructural, las mujeres jóvenes registran de manera crónica los índices más elevados de desempleo y subocupación. Esto se encuentra directamente ligado a la desigual distribución de las tareas de cuidado no remuneradas. Sin guarderías públicas suficientes ni redes de contención estatal efectivas en el barrio, estas jóvenes se ven obligadas a ensayar «estrategias de persistencia informales» y en el mientras tanto, el Ejecutivo Municipal y el Concejo Deliberante, talibanes del aire acondicionado y la comodidad de sus oficinas y choferes, juegan a las redes sociales, pero el viaje a Capital Federal no es una elección; es la única alternativa, de ellas y ellos, jóvenes invisibles, frente a un mercado local que les cierra las puertas. Sin embargo, este éxodo se realiza bajo condiciones extremas, como la dependencia de líneas insuficientes; el acceso al transporte en Allan depende de frecuencias deficientes del 324 o del 197. Perder un colectivo implica perder el presentismo o el jornal del día y la vulnerabilidad económica, es decir el costo acumulado de los pasajes de colectivo bajo las tarifas vigentes licúan el poder adquisitivo del trabajo informal o del servicio doméstico al que suelen acceder en la Ciudad de Buenos Aires. Para estos jóvenes no hay Día de la Hamburguesa, como en el spot de la Secretaría de Industria y Desarrollo Productivo; hay realidad.

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