El éxodo invisible de las jóvenes madres de Ingeniero Allan



Informe Especial » 01/09/2026 16/10/2026

Son las 4:15 de la mañana y el clima cala los huesos en la Diagonal Los Tehuelches, en pleno corazón de Ingeniero Allan.

Son las 4:15 de la mañana y el clima cala los huesos en la Diagonal Los Tehuelches, en pleno corazón de Ingeniero Allan. Jésica (23 años) acomoda la manta de su bebé de un año mientras espera el colectivo de la línea 197 (el histórico ramal ex-129) que la llevará hacia Once, en la Capital Federal. Como cientos de jóvenes y jóvenes madres de la periferia agraria y urbana de Florencio Varela, su jornada laboral no empieza en una oficina ni en una fábrica local, empieza con una odisea de transporte de más de dos horas y media de ida, costeando pasajes que devoran casi el 30% de sus ingresos diarios.
Mientras Jésica viaja hacinada, la cuenta de Instagram de la Secretaría de Industria y Desarrollo Productivo del Municipio exhibe una realidad paralela, fotos de estudiantes de secundaria recorriendo pulcramente el Parque Industrial (PITec) y placas con anuncios clasificados de empresas privadas.
La pregunta aquí, querida vecina y vecino varelense, es ¿Esto es una política pública de empleo o un catálogo de marketing institucional?
Así, la localidad de Ingeniero Allan, ubicada en el periurbano del distrito, sufre de forma cruda lo que la sociología laboral denomina «segmentación y aislamiento geográfico del mercado de trabajo». Para una joven madre de la zona, conseguir un empleo formal en su propio territorio es una utopía estadística. Y si de datos hablamos, vecina y vecino, porque no andamos con el medio pelo, los datos académicos coinciden en un diagnóstico estructural, las mujeres jóvenes registran de manera crónica los índices más elevados de desempleo y subocupación. Esto se encuentra directamente ligado a la desigual distribución de las tareas de cuidado no remuneradas. Sin guarderías públicas suficientes ni redes de contención estatal efectivas en el barrio, estas jóvenes se ven obligadas a ensayar «estrategias de persistencia informales» y en el mientras tanto, el Ejecutivo Municipal y el Concejo Deliberante, talibanes del aire acondicionado y la comodidad de sus oficinas y choferes, juegan a las redes sociales, pero el viaje a Capital Federal no es una elección; es la única alternativa, de ellas y ellos, jóvenes invisibles, frente a un mercado local que les cierra las puertas. Sin embargo, este éxodo se realiza bajo condiciones extremas, como la dependencia de líneas insuficientes; el acceso al transporte en Allan depende de frecuencias deficientes del 324 o del 197. Perder un colectivo implica perder el presentismo o el jornal del día y la vulnerabilidad económica, es decir el costo acumulado de los pasajes de colectivo bajo las tarifas vigentes licúan el poder adquisitivo del trabajo informal o del servicio doméstico al que suelen acceder en la Ciudad de Buenos Aires. Para estos jóvenes no hay Día de la Hamburguesa, como en el spot de la Secretaría de Industria y Desarrollo Productivo; hay realidad.

Frente a este escenario, vecina y vecino, la Oficina de Empleo Municipal, que teóricamente debería funcionar como un agente activo de intermediación laboral, capacitación técnica y asignación de programas formativos, aparece en el relato de los vecinos de Allan como una entidad distante y burocrática. A lo largo del periodo analizado (2020-2026), la gestión de la inserción laboral juvenil se ha reducido, en gran medida, a una estrategia de comunicación digital pasiva. En lugar de diseñar programas de empleo situado que articulen la demanda de las grandes firmas del PITec con la masa laboral desocupada de los barrios periféricos, las acciones visibles se limitan a la «clasificación» de las Redes Sociales, donde las plataformas oficiales de la Secretaría operan meramente como un intermediario que republica ofertas de empleo de terceros, en lugar de gestionar bolsas de trabajo con cupos de inserción garantizados y perspectiva de género para jóvenes madres locales y el «Turismo Industrial» Escolar: las visitas guiadas de colegios secundarios al PITec son utilizadas como contenido de prensa para simular políticas de vinculación, pero la academia demuestra que estas acciones estéticas no se traducen en indicadores reales de contratación efectiva para los egresados cuando cumplen la mayoría de edad.
Para poder comprender, querida vecina y vecino, qué falta en Florencio Varela, es necesario recurrir a los fundamentos de la economía laboral situada. Una verdadera política de empleo para una masa laboral potencialmente activa no es una cartelera de anuncios; es una intervención estructural sobre el territorio.
Aquí están los tres pilares ausentes de una política de empleo local:
1. Descentralización Integral: Las Oficinas de Empleo no pueden operar únicamente desde el Cruce Varela o el casco céntrico de forma virtual. Necesitan terminales operativas en Allan, El Pato y La Capilla que ofrezcan intermediación directa con las empresas que reciben exenciones impositivas municipales.
2. Infraestructura de Cuidado Colectivo: Para que una joven madre del conurbano pueda insertarse laboralmente o finalizar sus estudios técnicos, el Estado municipal debe proveer espacios públicos de cuidado infantil de proximidad en los barrios de origen. Sin esto, la brecha de género laboral está destinada a perpetuarse.
3. Programas de Empleo con Contraprestación Local Inmediata: Articular con el entramado productivo local (tanto industrial como el cordón hortícola) para generar pasantías rentadas y programas de primer empleo que absorban la mano de obra juvenil en el propio distrito, reduciendo la necesidad del desplazamiento forzado hacia la Capital.
Fíjense, queridos vecinos, hasta que se iluminaron los funcionarios públicos, recién este año armaron pasantías para los estudiantes de escuelas técnicas y del área de Obras Públicas de la Municipalidad. En todos estos años, de todos los funcionarios públicos, ninguno hizo hincapié en este tema. Pero ahora son los paladines de la educación, como decía nuestro querido Tato Bores, «Ahora entramos en época electoral, y todos salen con los dientes nuevos y bien peinados, y sacan afiches prometiendo, la esperanza, paliar el sufrimiento, ampliar el empleo, trabajar para la educación, pero como gran mérito, ¡la honestidad!; Vea, ningún coche hace propaganda diciendo que tiene ruedas o parabrisas, eso es estándar.» y ¡Good Show!.
En este sentido, el entramado de Florencio Varela tiene un enorme potencial y una de las masas de juventud más dinámicas de la provincia, impulsada además por las escuelas técnicas, los CFP y la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ). Sin embargo, mientras la brecha entre el marketing digital y las paradas de colectivo a la madrugada siga ensanchándose, las jóvenes de Ingeniero Allan seguirán viajando a la deriva de un mercado laboral que las ignora en su propio suelo. Este es también el Florencio Varela que no miramos.

 


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