Por Carlos Straub
Parece una frase más de Gustavo Cerati, pero en ciertos casos viene como anillo al dedo. Así podríamos decir del caso de la niña varelense Alma Gamarra (11), quien desde su casa de Villa Hudson salió acompañada de su padre Nahuel y su mamá Micaela al Club Infico en 2023 para probar suerte.
Parece una frase más de Gustavo Cerati, pero en ciertos casos viene como anillo al dedo. Así podríamos decir del caso de la niña varelense Alma Gamarra (11), quien desde su casa de Villa Hudson salió acompañada de su padre Nahuel y su mamá Micaela al Club Infico en 2023 para probar suerte. Y vaya que la tuvo: no sólo quedó y empezó a ser reconocida por su juego veloz y su táctica precisa, sino que tres años después cambió de club y ya debutó en uno de los más deseados y soñados por miles de futbolistas que tienen en la pelota su anhelo de progreso y el ser alguien en esta vida: Boca Juniors.
«De muy chiquita mi papá me llevaba a la cancha y me fascinaba. Entre otras íbamos a ver al Defe. Después cuando empecé a jugar en el Club Infico me fui también a probar al Defe, no entré pero seguí intentando y quedé en Boca», dice muy naturalmente Alma a Mi Ciudad.
Hace ya cinco meses que su vida dio un gran vuelco porque de 48 nenas que se fueron a probar, sólo ocho quedaron en el Xeneize, y una fue ella.
«Voy dos veces por semana a entrenar y practicar y sigo yendo a la Escuela 50 a la mañana. No juego mucho a la pelota ahí porque hay vóley pero a veces si hay fútbol y juego en los dos equipos, el de varones y el de mujeres… Ahí no pueden creer que juegue tan bien», explica con su sonrisa franca esta chica que tiene a Messi , como no podía ser de otra manera, como su máximo ídolo y luego, a Paredes.
«Quiero seguir y no parar hasta llegar a Primera. Todo lo que sé lo aprendí de mi profesor y DT de la categoría 2015: Gabriel Brahim» se apura en aclarar ella bajo la mirada de sus papás, que tienen el pecho lleno de orgullo y la felicidad pintada en sus rostros. Tanto que aún hoy recuerdan las tardes desandando el camino rumbo al Club Infico, que preside Jacinto Serrizuela, donde empezó todo este gran anhelo y que dio sus frutos hace pocos días, al ver a su niña prodigio que juega de cinco, entrar, jugar y marcar su primer gol en Boca ante Vélez.
Porque si uno merece lo que sueña, los sueños están para cumplirse.