Por Federico Ahrtz.
En Florencio Varela, la política ambiental nunca fue un lujo, es una necesidad urgente. Sin embargo, la estructura institucional encargada de conducir esa agenda, la hoy Subsecretaría de Ambiente, se ha convertido en un espejo incómodo de cómo las decisiones políticas del ejecutivo local pueden vaciar de sentido áreas estratégicas para el desarrollo local.
En Florencio Varela, la política ambiental nunca fue un lujo, es una necesidad urgente. Sin embargo, la estructura institucional encargada de conducir esa agenda, la hoy Subsecretaría de Ambiente, se ha convertido en un espejo incómodo de cómo las decisiones políticas del ejecutivo local pueden vaciar de sentido áreas estratégicas para el desarrollo local.
Hubo un tiempo en que el ambiente ocupó un lugar central en el organigrama municipal. Existía una Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, con sus respectivas direcciones (Gestión Ambiental, Despacho Administrativo, Articulación Territorial, Industria y Salud Ambiental) que llegó a funcionar en Boccuzzi N° 138, ex hospital Boccuzzi, con rango político, presupuesto propio y la expectativa de liderar políticas de transición energética, gestión de residuos, educación ambiental y planificación territorial sostenible.
Pero esa Secretaría no cumplió los objetivos previstos; es decir, malgastó recursos públicos que pagamos nosotros, los vecinos. No logró instalar una agenda pública robusta, no articuló con las áreas clave, no generó políticas sostenidas ni alcanzó resultados visibles para la comunidad. La respuesta política fue clara, degradarla a Subsecretaría.
Ese descenso no fue solo administrativo. Fue simbólico.
Fue un mensaje, el ambiente dejó de ser prioridad.
La Subsecretaría actual funciona más como un espacio residual que como un motor de políticas públicas. Su presencia en el territorio es mínima, su capacidad de incidencia es baja y su planificación estratégica es prácticamente inexistente.