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ENTREVISTA

“Chiche” Casazza



Entrevistas » 01/11/2012

“Chiche” comparte con muchos varelenses una característica: su apodo le ganó espacio a su nombre real, que no todos conocen. Estamos hablando de Carlos Alberto Casazza, quien nació en Quilmes el 22 de diciembre de 1936 y se instaló en nuestra ciudad en la década del 50. Aquí, conoció a su recordada esposa, “Chichita” Devincenzi, con quien tuvieron tres hijos: María Marta, Carlos, y María Elena, y seis nietos. Dueño de una extensa carrera en el Banco Provincia, de 32 años, que incluyó una rotación por 15 sucursales, “Chiche” integró la comisión directiva del Centro Cultural Sarmiento, la Cooperadora del Hospital y el Comité de la Unión Cívica Radical local. Al respecto, recuerda que varias reuniones –sobre todo la de los tiempos pre electorales- se hacían en la casa de don Telésforo Muñoz, ex presidente de Defensa y Justicia. También se acuerda de un colectivo “colorado” –así lo define- que iba a Quilmes desde la Estación Varela, en el que viajó, y que era de un tal Rey, un hombre de una larga barba blanca. Con él, dialogamos en su casa de la calle Moreno, de nuestra ciudad.


-Háblenos de su infancia…


- Mi papá y sus hermanos tenían un tambo y reparto de leche en Quilmes. La chacra estaba en la calle Martín Rodríguez. De ahí hasta el lado de Quilmes estaba el pueblo, la ciudad, y de ahí para este lado, las quintas. En donde ahora está el Carrefour había un señor que juntaba la hacienda para trasladarla a Liniers. En el campo teníamos muchos animales. Jugábamos con un petiso, con el que íbamos de acá para allá. Y había cerdos, que se mataban en invierno para hacer facturas.


-¿Cómo eran sus padres?


-Muy buenos… Mi mamá era Francisca Iribarren, hermana de “Panchito”, Segunda y Mercedes. Mi papá murió joven, cuando yo tenía 19 años. Mamá era muy hacendosa, muy de su casa, y tenía una educación muy elevada por haber hecho solo sexto grado. Recuerdo que cuando estábamos en la secundaria, muchas veces nos ayudaba con la tarea de Matemáticas. Siempre nombraba a un maestro que había tenido, Evaristo Iglesias, un maestro de los de antes. Creo que hay una calle con su nombre.


-¿A qué escuela fue?


-A la Escuela 13 de Quilmes, que estaba en 12 de Octubre y Andrés Baranda. Entre mis compañeros estaba Promiscio, que después trabajó conmigo en el Banco, y que a veces viene a la Farmacia Lorenzelli, y con el que también me encuentro cuando voy a ver a Argentino de Quilmes a la cancha… También Alberto Ruffo…


-¿Es hincha de Argentino de Quilmes?


-Desde siempre. En el 45 salió campeón de tercera división y subió a segunda.


-¿Cómo se conectó con Florencio Varela?


-Mi mamá era de acá, como mis tíos y primos. Y veníamos a Varela todas las semanas. Mi abuela materna tenía su casa en la Avenida San Martín, donde ahora están las canchas de Ibiza. Cuando mis padres se iban de veraneo nos dejaban en la casa de ella. Se llamaba Doña Josefa. La familia de mi mamá estaba formada por María, casada con Rosselli, que en realidad se llamaba Josefa, pero como pasaba antes, uno era el nombre que se inscribía en la Iglesia y otro, el que se usaba todos los días… y que era mi madrina, mi mamá, Segunda, casada con Hernández, Mercedes y Francisco, “Pancho”, que vivieron al lado de Mi Ciudad, donde ahora está la Torre Varela I. La casa de mi abuela tenía gallinas y muchos árboles frutales.


-¿Cuál fue su primer trabajo?


-El Banco Provincia, de Quilmes. Entré en 1958, cuando salí de la Conscripción. Entre mis compañeros estaba Basilio, hijo de un gran campeón sudamericano de bochas, Promiscio, Fernández, Valentín Posca… En 1965 me trasladaron a Varela. Pero yo vivía acá desde el 59. Habíamos venido todos, mi hermano Juan Antonio había empezado a trabajar en la Cruz Blanca, y mi hermana Francisca se había puesto de novia con Claudio Dal Vecchio y el Dr. Bengochea le había conseguido trabajo como maestra en Varela. Compramos la casa en la que ahora vive mi hermano, en la calle Newbery, porque mi mamá tenía a toda la familia acá.


-¿Cómo conoció a su señora?


-A Chichita la conocía por haberla visto en la calle, y en un baile del Club Varela Junior estuvimos bailando toda la noche. A los pocos días me la encontré cuando venía del Banco, nos pusimos a conversar, salimos un domingo y nos pusimos de novios. Fuimos a caminar a la calle Florida, pero la de Varela… donde están la Escuela 10 y la Iglesia. Y la salida fue de día, por supuesto. Como ella no tenía papá, tuve que hablar con mi suegra. Ella ya conocía a mi familia, y veía que yo hablaba con la hija en la puerta de la casa, así que no hubo problemas. Estando de novios nos compramos este lote y nos hicimos la casa, y cuando nos casamos, hicimos la fiesta acá. De a poco, y con la llegada de los chicos, la casa se fue agrandando.


-¿Quiénes fueron los primeros amigos en Varela?


-Yo conocía a Richard Figueredo, Jorge Dreyer, Ricardo López, que eran amigos de Titique Rosselli, a Posca… Muchos nos encontrábamos en el Varela Junior. Y uno de los primeros en venir a verme fue Mario Pizzorno, para ver si quería sumarme a CLESA, la cooperativa que vendía artefactos eléctricos y quería instalar una usina en la ciudad. En esa cooperativa estuve seis años, junto a Anastasio Villar, que era el Presidente, José Luis Noziglia, Humberto Pantolini, don Carmelo Prebitera, Julia Rocafull, don Pablo Sosa, el Dr. Ragona… Otros grandes amigos fueron Hermes Montes y Leonildo Aristei. Mis amigos de ahora son Posca, Coco Balado, Maurizi, González, Tito Rodríguez… Y hace poco me encontré en Buenos Aires con el Ñato Aquilano, que ya no vive acá.


-¿Qué recuerda de sus tiempos en el Banco Provincia local?


-Que hubo una época en que se daban muy buenos créditos a los quinteros de La Capilla. Había un hombre, Buján, que era masajista, y tenía cabras que presentaba en la Rural de Palermo. Una de esas cabras fue campeona y él desfiló junto a ella delante del por entonces Presidente Onganía. Cuando pasó frente al palco oficial, le dijo al Presidente: “estos también hacen Patria”, y Onganía se rió… En las quintas, los primeros en comprar las máquinas que se usaban para sembrar lechuga fueron los Santoro y los Marini. En La Capilla había de todo. Una familia japonesa que producía unos duraznos gigantes, de exportación, y hasta un criadero de gusanos de seda.


-¿Quién fue su “personaje inolvidable”?


-Balbín. Era un gran orador, y además sabía modular muy bien la voz. Su imagen, con su piel morocha y su cabellera blanca, siempre me llamó la atención. Y también el Dr. Iriarte, que fue muy amigo de mi papá, y en cuyo comité, en Alsina y Alvear, de Quilmes, empezamos a actuar en Política. En ese lugar también se fundó Argentino de Quilmes, club en el que Iriarte jugó.


-¿Está contento con la vida?


-Sí. Mis hijos y nietos están bien, y yo también. Lástima que extraño mucho a mi señora porque pasé 50 años con ella. Y eso se siente. Fuimos muy compañeros siempre. Pero le agradezco a Dios todo lo que me dio.


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