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LA CAÍDA

Zisuela se pasó más de 20 años eludiendo a la Justicia. Ahora fue detenido por corrupción de menores



Nota de tapa » 01/01/2019

El fantasma del Caso Penjerek sigue asechando a Florencio Varela. Otra vez, una historia de corrupción, poder y sexo puso a nuestra ciudad en las primeras planas nacionales.
No parece casual que ese estigma se repita una y otra vez en un pueblo que además de aquella nunca resuelta muerte de la década del 60, tampoco esclareció verosímilmente el crimen de Natalia Di Gallo en 2003, ni, más cerca en el tiempo, el asesinato de Denise y Sabrina, en 2017, en la avenida Senzabello. En esos dos casos la sospecha de «responsables ocultos» tal vez muy cercanos al poder siempre ha estado latente, pese a lo cual nada pudo demostrarse todavía al respecto.
El nuevo escándalo ahora llegó de la mano de un conocido político varelense. Y sus derivaciones, aún desconocidas, tienen en vilo a más de un «pez gordo» de la zona.
«Negrita, haceme un favor. Mandame una foto linda, bien sexy. Estoy con una amiga acá que te estoy vendiendo», dice el concejal peronista Daniel Zisuela en uno de los audios que integran las pruebas de la investigación que lo incrimina, y que llevaron a su detención.
«¿Todo bien, muñequita? ¿Cómo andan tus cosas en la escuela? Eso no inhibe hacer otras cosas entre nosotros», dice en otra de las escuchas, mostrando su particular utilización del idioma.
«Dale, preparate mamita que tenés que laburar… Mañana a las tres te paso a buscar por la Curva», se puede oír claramente en otro whatsapp con la voz del conocido político zonal.
Detenido en la suntuosa casaquinta de una hectárea en la que reside en la localidad de Arturo Seguí, partido de La Plata y concejal de Sergio Massa en nuestra ciudad, Daniel Zisuela fue «gerente» de clubes del ascenso y Presidente de Argentino de Quilmes. También, durante años se desempeñó como todopoderoso Secretario General del gremio de Gastronómicos de Florencio Varela, Quilmes y Berazategui (UTHGRA), un sindicato que manejaba a su antojo, con miembros de su familia y sin control alguno. La semana pasada, al mismo tiempo que era fotografiado con esposas y vestido con un pijama muy lejano de los trajes que acostumbra a usar, quedó acusado de «Facilitación y promoción de la prostitución de menores de 18 años de edad y facilitación y promoción de mayores de edad agravada y corrupción de menores agravada».
La investigación, que lleva cerca de cuatro meses, fue llevada adelante por el fiscal Daniel Ichazo y la Jefatura Distrital de Berazategui y asegura que Zisuela se valía de su cargo de concejal para reclutar chicas menores y obligarlas a prostituirse. El precio que pagaban los clientes, cuyos nombres todavía no se conocen públicamente, era de alrededor de 4000 pesos por cada «encuentro».
La causa incluyó la realización de varios allanamientos, entre ellos, a los hoteles utilizados y al propio Concejo Deliberante, donde sorprendió el hallazgo en el despacho de Zisuela de una máquina de contar dinero.
Según fuentes del caso, Zisuela se reunía con las menores en una confitería del Cruce Varela, las alcoholizaba y las llevaba a hoteles alojamiento de la zona para prostituirlas.
Las consecuencias de la difusión mediática de la noticia no se hicieron esperar: el Sindicato de Gastronómicos decidió apartarlo de su cargo, el club Argentino de Quilmes mandó a tapar una tribuna que insólitamente llevaba su nombre, el Frente Renovador lo expulsó del partido y el Concejo Deliberante varelense también lo echó del Cuerpo.
No son buenos tiempos para el multifacético dirigente político. Además de esta causa, que podría mandarlo a la cárcel por más de 20 años, Zisuela está enfrentando un duro proceso por el desfalco del club quilmeño que presidió. Según la abogada Mónica Frade, que interviene en el caso, Zisuela tenía «una caja común entre el gremio y el club, y además, compró un colectivo con fondos del club y lo puso a nombre de una sociedad propia».

 

Negocios de familia

 

A lo largo de estos años, el nombre de Zisuela estuvo ligado tanto a permanentes hechos escandalosos como a un notable crecimiento económico, que le permitió manejar varios restaurantes de la zona, entre ellos el tradicional «El Jagüel».
En 1991, cuando ya se desempeñaba como concejal dentro del peronismo varelense y respondía a Julio Carpinetti y Julio Pereyra, tuvo una estrecha relación con una ignota mutual que explotaba el estacionamiento medido en nuestra ciudad.

Se trataba de la hasta entonces desconocida «Mutual de Trabajadores Zona Sur de la provincia de Buenos Aires», que nadie pudo explicar por qué se quedó con un negocio millonario. La Mutual tenía domicilio en Rafael Calzada y su presidente vivía en Lomas de Zamora. Pero lo llamativo estaba en su Secretaría: la ocupaba la empleada municipal Andrea Ghio, por entonces novia de Zisuela, hoy su esposa y ladera en el gremio.
Aquel Concejo Deliberante, que además de Zisuela integraba, también en la bancada peronista, Armando «Lule» Ghio, su cuñado, hacía la vista gorda a la permanente ola de denuncias que se conocían prácticamente a diario contra el accionar de la Mutual. Ni Zisuela ni Ghio dijeron nada cuando, a fines de 1992, se conoció que existían boletas «mellizas» en la calle, ni cuando se certificó que la sede del «servicio» estaba enganchada de la red de energía eléctrica. La frutilla del postre la dio un no muy lúcido y por entonces novel Intendente Julio Pereyra, cuando reconoció que «no sabía» qué organismo comunal era el encargado de controlar a la Mutual y su rendición de cuentas.
La ingerencia del hoy detenido concejal en el mecanismo era tal que a un colega que quería tramitar un permiso para no pagar el «estacionamiento medido» le dijeron que para eso «tenía que hablar con Zisuela».

 

«A los negritos hay que tratarlos así»

 

Pero eso no fue todo. En 1995, el Intendente Julio Pereyra anunció su proyecto para combatir la desocupación local y puso en marcha el emprendimiento «La Voz del Campo». Junto a él, estaba parado Daniel Zisuela. A través de este programa, 200 trabajadores cultivarían tierras en F. Varela a cambio de un subsidio de 200 pesos mensuales y en jornadas laborales de seis horas diarias, teniendo además una participación en la venta de las verduras producidas.
Pero la realidad fue bien distinta: a los obreros, que trabajaron bajo el rayo del sol, sin herramientas, agua ni baños, nunca se les pagó, y sus jornadas llegaron a 16 horas diarias. Tampoco se supo nunca quién se quedó con el dinero recaudado. Ni con un subsidio de 100.000 dólares que el Gobierno Nacional bajó para el programa.
Aunque la causa penal se diluyó con el tiempo –pero nunca se cerró-, las causas laborales llegaron a buen puerto y Zisuela y sus compañeros tuvieron que pagarles lo debido a los obreros que esclavizaron.
Zisuela tuvo un gran protagonismo en «La Voz del Campo». Además de ser uno de los iniciadores del proyecto, fue una especie de «patrón» en el campo La Casona, uno de los predios utilizados, y solía mostrarse, calculadora en mano, sacando cuentas delante de los obreros para ver cuánto se podía recaudar con la venta de los tomates cosechados.
Una de las obreras de «La Voz del Campo», Rosa Rodríguez, dijo que Zisuela le impidió a su hija, que estaba trabajando la tierra pese a estar embarazada, ir al médico, por lo cual la joven perdió un embarazo de tres meses y medio. Rosa no la pasó bien por denunciar a Pereyra y a Zisuela. Sufrió amenazas, le mataron a su perro y hasta le quemaron su casa.
Otro obrero explotado en el emprendimiento, Pellegrini Alberto Montenegro, fue al velorio de su esposa y le descontaron el día de trabajo. «Les pedí unos pesos porque me debían el sueldo, pero no me dieron nada. Gracias a los vecinos que hicieron una colecta pude traer el cuerpo de mi esposa y hacer el sepelio», dijo.
Pero tal vez la anécdota que mejor pinte a Zisuela es la que relató otro de los trabajadores de ese emprendimiento, Leonardo Ramírez, quien en el libro «La gran estafa- Historia de un Intendente K» declara: «yo entraba a las seis de la mañana y a veces llegaba a mi casa a las doce de la noche. Zisuela me había prometido que me iba a dar 300 pesos más sobre lo que cobraba en el municipio, pero nunca me dio nada… Cuando le reclamé por mis compañeros despedidos, Zisuela me contestó: A estos negritos hay que tratarlos así…»..


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